La virtualidad participativa. Razones para oponerse a un debate digital
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En la mayoría de pueblos y ciudades pequeñas, las principales emisoras de radio (Cadena Ser, Onda Cero y Cope) tienen un programa semanal en el que el alcalde contesta las preguntas de los vecinos. En su mayoría, las consultas parten de vecinos indignados porque les han quitado un banco o que piden que se pinte un paso de cebra en una carretera o que arreglen un bache.
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En el caso de los dos aspirantes a la Presidencia del Gobierno, un experimento así no me parece tan deseable. La participación ciudadana ha de ser un instrumento para dar respuesta a una necesidad informativa, no una forma vistosa de satisfacer un nicho electoral.
Ante un debate de esta magnitud, inevitablemente, la participación ciudadana es un mero señuelo con el que ganar audiencia y dinamizar el formato, como sucedió en el debate de demócratas en CNN/Youtube. La idea de un debate completamente abierto al público es absurda, de modo que la participación ciudadana la articulan los periodistas haciendo el mismo trabajo que harían sin la implicación del electorado: jerarquizar temas y seleccionar un número limitado de preguntas. La presencia del ciudadano es mero atrezzo.
Guste o no, un debate entre candidatos se hace en el trazo grueso. A Rajoy y Zapatero se les pide que esbocen proyectos, que describan las líneas maestras de un modelo y, sobre todo, que tengan criterio a la hora de seleccionar a quienes lo llevarán a la práctica. Someterlos a un chequeo ciudadano sin barreras es, además de una crueldad, un procedimiento algo ilusorio.
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Por otra parte, sorprende la facilidad con la que se deduce que el usuario medio de Internet es un perfil representativo de la ciudadanía.
Como dice Juan Varela, Estados Unidos parece tener unos políticos más “participativos”, véase a Bush blogueando o a Zoellick posteando aquí, y una blogosfera menos jibarizada que la española (esto lo digo yo). Pero ni siquiera las redes sociales norteamericanas reflejan las tendencias de su sociedad. De ser así, y hacer caso a Facebook, el abuelo loco de Ron Paul sería el único republicano capaz de hacer frente a Obama en las próximas elecciones, para regocijo de la tropa de True Believers del 11-S.
La participación ciudadana debe dirigirse a las bases de los partidos o implicarse en ideas transversales a ellos (reivindicación de listas abiertas, elecciones primarias, limitación de mandatos…). Propuestas como la del debate digital pueden hacer del programa algo escénicamente vistoso, al estilo “Tengo una pregunta para usted”, pero no nos engañemos, la participación está en el peldaño inferior, que para eso está. Y lo demás es marketing, recreación o puro ilusionismo virtual.



1) La metáfora de la perca como reflejo de la globalización es del todo equivocada. La introducción de la perca del Nilo no fue fruto de un experimento azaroso, sino que se produjo a instancias de la OCDE y sólo contó con la oposición de grupos de extrema derecha. 

