Actualidad, MulticulturalismoJuly 17, 2007 3:04 am

Gunter Wallraff no olvida sus tiempos de periodista gonzo, aquella época en la que se ofrecía como conejillo de indias a empresas farmacéuticas o se prestaba a toda clase de experimentos kamikazes para arrojar luz sobre algún asunto turbio y vivir la marginalidad en carne propia. Uno de sus reportajes más conocidos relata su experiencia como supuesto inmigrante turco en Alemania para denunciar las condiciones en las que vivía esta minoría.

La última idea de Wallraff es leer Los versos satánicos de Salman Rushdie en una mezquita que se está constuyendo en Colonia. La construcción del templo cuenta con la oposición de muchos alemanes. Wallraff no está entre ellos y pretende leer un extracto de la obra de su amigo Rushdie en medio de una congregación de musulmanes para tender puentes entre el Islam moderado y la sociedad alemana. De esta forma demostraría que la comunidad musulmana turca es más tolerante de lo que se tiende a creer y, a la vez, relativizaría el valor de la herejía ante una comunidad de creyentes.

En un momento en el que Ayman al Zawahiri llama al asesinato de Rushdie y de quienes lo han nombrado Sir en Gran Bretaña, pocas pegas se le pueden poner a la iniciativa de Wallraff. Es poco realista, pero si tiene éxito ayudará a marginar las posturas extremistas entre los propios creyentes.

Leo Bassi hizo algo parecido con la plataforma Hazte Oir y no encontró demasiada comprensión de los católicos (aunque alguno sí le confesó haberse tronchado con su reinterpretación del Génesis). Pero el objetivo no es que Leo Bassi o Salman Rushdie prediquen ateísmo desde un púlpito, sino que puedan publicar y actuar con total libertad y que los creyentes sean menos comprensivos con las amenazas de muerte hacia quienes critican sus creencias.

Actualidad, MulticulturalismoJune 20, 2007 4:00 pm

Quienes alertaban de que la victoria de Nicolas Sarkozy supondría la eclosión del neoconservadurismo en Europa no deberían sonreír los recientes nombramientos de personajes ligados a la izquierda como ministros y cargos de alto nivel en Francia.

Muchos quieren ver en estos nombramientos de Sarkozy una rectificación respecto a sus posiciones como el ministro de Interior que llamó escoria a quienes incendiaban coches en los suburbios de París. Pero por muy heterodoxo que sea su Gobierno, los fundamentos de ese supuesto extremismo del que continuamente se alertaba permanecen intactos, así como la lucha contra el relativismo moral.

Sarkozy no es un neocón, pero mantiene un discurso que irrita sobremanera a los defensores del multiculturalismo. Como Ignatieff, cree que lo peor de este modelo es la ilusión epistemológica de que nadie puede encontrarse en su casa ni sentirse comprendido si no es entre sus iguales absolutos. Delirio nacionalista que contrasta con la defensa de la nación como motor férreo e intransigente del universalismo de derechos. Por algo Victor Hugo ya gritaba aquello de adiós pueblo, salud hombre.

A pesar de su admiración por Tony Blair, Sarkozy aborrece la real politik suicida propuesta por el consejero del Gobierno británico Tariq Ramadan (con el que polemizó en un programa de la televisión francesa). En consecuencia, ha dado voz a los fundamentalistas ilustrados, a quienes como Fadela Amara -fundadora de Ni putas ni sumisas- encaran directamente la amenaza  del islamismo sin caer en discursos complacientes y entienden que el islamofascismo es algo más que un truco de Washington, por muy poco que le guste George W. Bush.

P. ¿Qué siente una mujer de izquierda ante ciertos sectores progresistas que aprueban el velo en aras del multiculturalismo?

R. Estoy totalmente en contra del relativismo cultural. Soy hija de inmigrantes y estoy orgullosa de ello. Y Creo que la libertad y la igualdad son valores universales, válidos para el estudiante chino de Tiananmen, para las mujeres de Soweto, para las madres de los desaparecidos en Latinoamérica, pero también para las mujeres de los suburbios franceses. Lo que no acepto es que se redefinan los conceptos de libertad e igualdad en función del color de la piel.

P. El doble rasero de algunos intelectuales europeos.

R. Exactamente. Es el planteamiento del relativismo cultural me encanta tu cuscús y tu caftán, pero voy a cerrar los ojos si te someten a la ablación o si te casan a la fuerza, porque esa es tu tradición. No estoy de acuerdo con el concepto de choque de civilizaciones del que hablan Bush y Bin Laden. Los dos bandos que se enfrentan en el mundo son, por un lado, los que están comprometidos con la libertad de conciencia y la universalidad de los valores, y por otro, los oscurantistas de todo tipo. Y en ambos lados puedes encontrar árabes, blancos…

Del mismo modo que el actual ministro de exteriores Bernard Kouchner (creador de Médicos Sin Fronteras) no pervirtió su humanismo al apoyar la guerra de Irak (¿cómo no iba a hacerlo después de Ruanda?) ni Amara al formar parte de un Gobierno de signo conservador, Sarkozy no se desmarca de sus principios al girar a la izquierda su Gobierno, más bien los consolida. Pero en una época en la que las urgencias del infantilismo político obligan incluso a simplificar las caricaturas, el panorama de la política francesa puede resultar desconcertante.

MulticulturalismoJune 3, 2007 10:50 pm

Un libro está provocando cierto revuelo entre defensores y detractores del multiculturalismo en Reino Unido. El Islamista: Por qué milité en el Islam radical en Gran Bretaña, qué vi dentro y por qué lo dejé cuenta la experiencia de Ed Husain, un inmigrante de segunda generación que militó desde los 16 años en el grupo islamista Hizb ut-Tahrir.

Ed Husain no es Ayaan Hirsi Ali, ya que tras abandonar el fundamentalismo islámico sigue siendo creyente musulmán, pero sus reflexiones acerca de cómo se fraguó el islamismo en su interior van más en la línea del "fundamentalismo ilustrado" de Bruckner y Hirsi Ali, que en la de Garton Ash, Buruma o Tariq Ramadan.
 

El multiculturalismo, eso que Bruckner definió como “etnicismo naive” y que otros defienden como un modelo ejemplar de coexistencia frente al rígido asimilacionismo francés, no fue de gran ayuda para aquietar la furia de Ed Husain. Y es que, a pesar de educarse en una familia de musulmanes moderados que deploraba el extremismo, todo en su cultura (amigos, colegio, mezquita) señalaba en la dirección opuesta.

I was part of a generation of young British Muslim teenagers who were raised in mono-cultural ghettoes, disconnected from mainstream Britain and receptive to the message of separatism preached by Arab political asylum seekers. I was indoctrinated in my cell meetings as I studied the books written by Islamist ideologues such as Taqiuddin al-Nabhani and Syed Qutb, angry men struggling in a post-colonial Middle East to find meaning in a new world.

Por lo que se puede leer en artículos, perfiles, entrevistas o críticas del libro –esta a cargo de Martin Amis-, quizá lo más interesante sea entender por qué un modelo multicultural como el de Gran Bretaña hace aguas y crea guhetos monoculturales, mientras en Estados Unidos el radicalismo está menos extendido entre los musulmanes.
Do you think the radical Muslim experience in Britain is similar to that in America? No. Americans are lucky in that they have a very strong national identity. I have met hundreds of Muslims who are very proud Americans. Here in Britain, native Brits squirm about Britishness, no one can define what it means. When natives can’t define it, for the children of immigrants it becomes extremely difficult to enter into mainstream Britain.
Eso sí, el último informe de Pew Global sobre el Islam en Europa no es tan catastrofista.

 

Actualidad, MulticulturalismoMay 4, 2007 2:28 pm

¿Ha sido secuestrado el Islam por una tribu de trogloditas medievales? ¿Es el terrorismo una práctica avalada por el Corán o una herejía ante la que los creyentes deberían reaccionar?

Irshad Manji es una canadiense de origen ugandés que está adquiriendo cierta notoriedad, gracias a sus libros y a un reciente documental de la PBS (Faith without fear), en los que carga contra quienes, según ella, pervierten el sentido del Corán y lo radicalizan bajo consignas políticas. Manji es una voz libre y su compromiso con los valores democráticos es mucho más claro que el de otros supuestos reformistas (léase Tariq Ramadán aquí y aquí). Suscribió el manifiesto contra el islamismo, apoya a “fundamentalistas ilustrados” como Ayaan Hirsi Ali, es amiga de Salman Rushdie, ha fundado grupos feministas y declara que su lesbianismo es compatible con su fe.

Tras ver el documental de la PBS y leer algunos textos en su web, uno no puede dejar de apreciar el valor de Irshad Manji y lamentarse de que su interpretación aún represente un simple exotismo, poco representativo dentro del mundo musulmán.

Sin embargo, su voluntarismo resulta ingenuo y estéril cuando apela a los creyentes a valorar únicamente aquellas partes del Corán que promueven la tolerancia y despreciar las que inciten a la violencia y la exclusión. Igualmente, muestra cierta ingenuidad cuando habla de Al Andalus (dedica una buena parte del documental a España) como la manifestación de todas las virtudes del Islam (no es la única), así como una gran ignorancia al presentar a Mansur Escudero como una figura moderada.

En cuanto al valor de la obra de Manji de cara a la reforma y modernización del Islam, no parece que vaya a tener demasiada repercusión, pues su propia práctica religiosa revela una concepción del Islam más próxima al new age que a la religión.

El vacío intelectual existente en el reformismo musulmán acrecienta la figura de Manji y las amenazas que soporta prueban su honestidad. Pero por muy sugerente que resulte ver a una mujer musulmana cargar contra la pedagogía del odio que define a muchos religiosos, defender su condición de lesbiana, cargar sin peros contra el islamismo o defender el Estado de Israel, todo parece parte de un espejismo. Quizá su discurso aquiete y tranquilice a ciertos sectores musulmanes, pero dificilmente su creencia selectiva en el Corán constituirá un referente teológico que abra un cisma entre los musulmanes.

MulticulturalismoApril 7, 2007 6:44 pm

La polémica en torno a Ayaan Hirsi Ali no es nueva. Quizá se trate de una disputa cíclica en la que varía el personaje que centra el debate pero en el fondo los discursos permanecen inamovibles.

Echando la vista atrás nos encontramos con otra disputa intelectual parecida a la de estas últimas semanas, la que enfrentó a John Le Carre y Salman Rushdie en The Guardian, en 1997. En el intercambio de cartas, Le Carre llegó a responsabilizar a Rushdie de la fatua que había dictado contra él Irán por mostrar una actitud excesivamente arrogante. Le Carre forma parte de un amplio elenco de intelectuales y personajes públicos que van más allá del posibilismo de Buruma y Ash. Para ellos, el fanatismo islámico es un fenómeno que solo se puede atajar operando sobre sus causas, es decir, desactivando unas condiciones sociales que hacen del terrorismo la única acción posible para acabar con los males de estas sociedades: colonialismo, neoliberalismo…

Si fuese así, cabría preguntarse, como hace Sam Harris, dónde están los suicidas cristiano-palestinos o los kamikazes budistas en el Tibet ocupado:

 

Existe un vínculo directo entre la doctrina del Islam y la violencia musulmana. Admitir esta relación sigue siendo un tabú en los políticos liberales [norteamericanos]. Pese a que los liberales sospechan de los fundamentalismos religiosos en general, imaginan consistentemente que todas las religiones, en su alma, enseñan lo mismo y defienden la igualdad Este es uno de los muchos ilusionismos sostenidos por la corrección política.

El buenismo de algunos intelectuales occidentales los lleva a interpretar el terrorismo como una reacción apasionada e inconsciente de unos parias de la tierra que canalizan su frustración por mal camino. Al olvidar por completo el componente religioso y adoptar una interpretación terriblemente occidentalista (como si el terrorismo islámico surgiese con el 11-S) estos intelectuales trivializan y dulcifican el islamismo. No deja de ser una visión tranquilizadora: nosotros los creamos en el pasado con nuestros errores así que nosotros los podremos reconducir con nuestras virtudes en el futuro.

 

Tawfik Hamid, un antiguo integrista musulmán carga en un artículo del Wall Street Journal contra este tipo de discursos:

La tendencia de muchos occidentales a limitarse a la autocrítica obstruye la reforma del Islam. Los americanos demuestran que están contra la guerra de Irak, pero declinan demostrar estar contra los terroristas que secuestran inocentes y los decapitan. De igual forma, tras los atentados de Madrid, millones de ciudadanos españoles se manifestaron contra ETA. Pero una vez que se dieron cuenta de que eran los musulmanes los que se encontraban detrás de los ataques terroristas, suspendieron sus manifestaciones. Este ejemplo envía un mensaje a los islamistas radicales para continuar sus métodos violentos.

En efecto, la reacción ante el 11-M puso de manifiesto la inmadurez de una gran parte de la sociedad española y la indigencia intelectual que atenaza a una izquierda que, como Rosa Regás (nuestra Hebe de Bonafini), no tiene reparos a la hora de glorificar la insurgencia, especialmente si afecta al enemigo americano. Que un referente de la izquierda comprometida califique de “legítima defensa” el asesinato sistemático de niños y civiles es una aberración, pero describe bien el discurso de esta gente. Misterios de la superioridad moral.

 

MulticulturalismoMarch 28, 2007 11:40 pm

Como decíamos en el anterior post, y antes en otro, Tariq Ramadan provoca reacciones apasionadas en los intelectuales europeos. Recientemente, Ian Buruma le ha dedicado un artículo elogioso en el IHT. Buruma se maravilla de la trayectoria de este exótico pensador musulmán: nieto del fundador de la Hermandad Musulmana, nacido en Suiza, apasionado lector de Nietschze y Dostoievski, consejero de Tony Blair en asuntos de extremismo islámico y referente básico para muchos musulmanes europeos. Con esta trayectoria, ya hay quien lo califica de Lutero del Islam.

Famoso es su “discurso de la dignidad”, destinado a jóvenes inmigrantes de segunda o tercera generación, con el que trataría de canalizar el descontento social y el sentimiento de marginación racial hacia un movimiento de autoafirmación en los principios de un Islam –eso sí- convenientemente matizado. Porque, según Ramadán, el Islam europeo debe buscar su propia tradición, no solo en los textos religiosos de su herencia árabe, sino también a la luz de los valores culturales europeos.

La esperanza de muchos es que este Euroislam propuesto por Ramadán frene la espiral fanática que amenaza el Viejo Continente. Que el choque cultural entre los inmigrantes y la sociedad que los recibe se suavice convenientemente permitiendo a los que llegan participar de un diálogo en el que se puedan cuestionar todos aquellos temas que les inquietan. Ramadán se dirige, pues, a los inmigrantes para que acepten las instituciones europeas y respeten la legalidad vigente, a la vez que insta a los nativos a aceptar el Islam como un elemento europeo más, legitimado para proponer cambios en las leyes.

¿Lutero del Islam o agente doble?

La acusación más común que recibe el intelectual suizo es que mantiene un doble discurso y que sus palabras en los medios poco tienen que ver con el discurso victimista con el que conecta con los jóvenes musulmanes. Ramadán retaba en 2003 a que se probase esta acusación. Lo curioso es que lo hacía en medio de un debate televisado con Nicolas Sarkozy (se puede ver aquí, transcripción aquí y artículo en castellano aquí), en el que proponía una moratoria sobre la lapidación para decidir si apedrear a una mujer estaba avalado por el Islam. El propio articulo de Buruma pone de manifiesto algunos puntos oscuros del discurso de Ramadán:
Nos corresponde a nosotros decidir qué significan [refiriéndose a los valores islámicos]. Yo cumpliré las leyes, pero solo si ellas no me obligan a hacer algo contra mi religión. Un musulmán debería poder ejercer, enseñar y actuar en nombre de su fe. Si una determinada sociedad me arrebata este derecho, yo resistiré y lucharé contra esa sociedad.
En su última respuesta a la polémica sobre Hirsi Ali, Pascal Bruckner alerta del peligro de este tipo de razonamientos de los que se nutre el modelo de sociedad multicultural:
El derecho a la diferencia se transforma rápidamente en la diferencia de derechos, con la cual los creyentes pueden ser resguardados de la contaminación de impías –y por lo tanto impuras- ideas y comportamientos.
Es muy común la idea de que Europa necesita replantearse sus principios a la baja y flexibilizar la vocación humanista de sus instituciones para lograr, si no una convivencia, al menos una coexistencia pacífica y más o menos civilizada con los inmigrantes o nativos musulmanes. Una representante socialdemócrata en un debate del Foro de Davos sostenía que "los derechos humanos son universales pero no absolutos". Bruckner carga contra la insensatez de quienes creen que esta estrategia templará los ánimos de los extremistas. "Después de todo, el régimen oscurantista de Arabia Saudí no impidió el surgimiento de Al Qaeda". Y va más allá:
No basta con condenar el terrorismo. La religión que lo engendra y en la cual se basa, acertadamente o no, debe también reformarse. ¿Podría entenderse la Inquisición, la quema de brujas, las cruzadas y la condenación de herejes sin referirse a los dogmas del catolicismo romano? Ha llegado la hora en que el Islam haga lo mismo que el Catolicismo en el siglo XV: doblegarse a la modernidad y adaptarse a las mentalidades contemporáneas.
Actualidad, MulticulturalismoMarch 23, 2007 2:47 pm
El debate tiene poco eco en España. Aquí los intelectuales no superaron el siglo XX y reviven con una ilusión pasmosa tópicos reserios que hasta a alguien de 23 años le resultan rancios. No obstante, quizá el discreto encuentro celebrado por la Fundación Carlos Casares en Mondariz formó parte del preludio.

Lo cierto es que la polémica a tres bandas entre Ian Buruma, Garton Ash y Pascal Bruckner que comentaba en otro post se ha tornado en un debate en toda regla sobre Europa, el laicismo y los efectos del modelo multicultural en los países receptores de inmigrantes, siempre con la autobiografía de Ayaan Hirsi Ali como telón de fondo.

Por ello, dedicaré una serie de posts a reseñar algunas opiniones que se han cruzado en el debate.

Ayaan Hirsi Ali vs Garton Ash

Calificada por Ash como una fundamentalista ilustrada, Ayaan Hirsi Ali ha sido el blanco de otros muchos intelectuales tras la publicación de su autobiografía. Quizá la acusación más disparatada (pertinentemente recogida por Arcadi Espada) fue la de una periodista española que acusó a Ali de joderle la vida a la gente de su alrededor (vecinos, deiputados, familiares…). ¿Cómo? Siendo amenazada de muerte y paseando por Holanda sus guardaespaldas. “Holanda se le queda pequeña a Ali”, se titulaba la noticia.

En efecto, Ali ha sido encasillada en la categoría de intelectuales tránsfugas, de esos que se hacen de derechas cuando crecen. O peor: una neocón en toda regla al servicio de la islamofobia institucionalizada.

Desde el otro lado del charco, una columnista del Washington Post se sorprende de la reacción de los intelectuales europeos:

 

“Ella continúa provocando a los europeos, a veces sin decir nada. Curiosamente, lo que más parece enfurecer a los europeos es el entusiasmo con el que Hirsi Ali adoptó sus mismos principios seculares y el fervor con el que ha abrazado idénticos valores occidentales que ellos. Aunque estos intelectuales suelen menospreciar al Papa como un dinosaurio irrelevante, el rechazo de Hirsi Ali a la religión parece ponerlos nerviosos”.

 Mientras, Timothy Garton Ash se lamentaba en un artículo -traducido por El País- que se le hayan atribuido “diversas opiniones infames e imprecisas” sobre ella y recordaba un viejo principio de la lucha contra el comunismo solidaridad absoluta en defensa de las personas injustamente perseguidas y libertad total para discrepar de sus opiniones.

Para Garton Ash, es un error dar demasiada importancia al sector laico procedente del Islam. Dado que el laicismo es una posición minoritaria y poco representativa dentro del mundo islámico, sería necesario tender puentes con los sectores religiosos moderados para desactivar la bomba teológica del extremismo. Lo curioso es que, al mismo tiempo que aboga por afianzar una interpretación moderna y democrática del Islam, reconoce que esta hermenéutica es aún minoritaria.

El voluntarismo de Ash con respecto al Islam es indudable, pero también inconsciente y peligroso. Plantear el debate de los derechos humanos a través de un prisma religioso puede ser una real politik efectiva a posteriori, pero el riesgo de alimentar involuntariamente la militancia religiosa es indudable. Más aún cuando este debate afecta a sociedades plenamente democráticas en las que, sin más criterio humanitario que la doctrina religiosa de una minoría, se ponen en cuestión todos sus pilares.

Garthon Ash cree que ayudando al Islam a modernizarse, su credo se amoldará en lo esencial a los principios de Occidente y que aplicando criterios de oportunidad frente al rígido universalismo humanitario se puede desarmar la lógica extremista. Ali, conocedora de la base teórica de la que se nutre el extremismo, considera que la única forma de enfrentar la religión es individualizándola y supeditándola a valores que muchas veces chocan con el sentido de ciertos textos religiosos:

¿Por qué abandonó su religión?
Sentí que me estaba convirtiendo en una apóstata tras el 11-S. Todas las declaraciones que Osama Bin Laden y su gente citaron del Corán para justificar los atentados, las busqué y estaban allí. Bin Laden citaba verdaderamente las aleyas de nuestro texto sagrado. “¡No es posible!”, pensé. Pero lo era, ¡allí estaban! El rechazo fue algo natural.
Recientemente, Ali se ha sumado al manifiesto de St. Petersburg, apoyado por creyentes y escépticos de origen musulmán. Es poco probable que la iniciativa tenga repercusión. Al igual que algunas asociaciones de ex-musulmanes en Europa, romper con el Islam es ponerse en la diana de los fanáticos y exponerse a la cólera del buenismo occidental. Pero al margen de esto, el manifiesto es un soplo de aire fresco que -independientemente de que sean pocos quienes lo sucribirían en ciertas sociedades- era necesario.

 



 
Así pues. Muchos intelectuales occidentales creen que Ali es demasiado radical y maximalista en sus principios y por tanto no puede ser una portavoz válida para aquietar el Islam. ¿Candidatos? Ian Buruma tiene uno y se llama Tariq Ramadan. Volveremos sobre él.