EconomíaJune 12, 2008 9:46 pm
El fantasma de la superpoblación es un temor recurrente que resurge con fuerza en épocas de crisis. Ante el aumento de precio de los alimentos, la tentación de recurrir a “The population Boom”, el best seller maltusiano de Paul Elrich que cumple 40 años, y teorías apocalípticas similares puede resultar tentadora, por lo simple que resulta su diagnóstico. Véase sino el caso de Julio Anguita.
 
En efecto, en los últimos 200 años la población mundial se ha multiplicado por seis. Cuando Kennedy visitaba China, en el mundo había 3.000 millones de personas. Hoy, somos más del doble. En países como Indonesia o Vietnam, la superpoblación es una realidad innegable y en algunas zonas del globo la densidad de población es disparatada (En Singapur: 6138.8 personas por kilómetro cuadrado). Dada la tendencia del crecimiento poblacional (geométrico, según Malthus, frente al crecimiento aritmético de los recursos) la ONU llegó a predecir que, para el año 2000, la población superaría los 10.000 millones. Al amparo de estas estimaciones se realizaron otras proyecciones a más largo plazo (y poco serias, todo sea dicho de paso) que que venían a decir que, con el paso del tiempo, la densidad de población sería tan alta que la tierra cultivable sería prácticamente nula. El propio presentó un que alertaba de consecuencias nefastas para la economía norteamericana a largo plazo, debido al boom demográfico de los países en vías de desarrollo.
 
Así las cosas, no resulta extraño que el multimillonario fundador de HP, David Packard, legase la mayor parte de su fortuna a lo que consideró el mayor problema que enfrentaría la humanidad en los próximos años: la hiperpoblación. O que (incluso hoy) alguna gente considere que tener hijos es un eco-crimen.

Lo que ni Packard ni ninguno de los discípulos de Malthus podía sospechar es que, tan solo unos años más tarde, los problemas demográficos no vendrían dados precisamente por la hiperpoblación, sino todo lo contrario: por el temor al crecimiento cero. De hecho, la misma agencia de la ONU que en los 70 predecía una población de 10.000 millones, rectificó a finales de los 90 y lanzó una nueva previsión para 2040, año en el que, supuestamente, la población mundial registrará por primera vez en siglos un crecimiento nulo.

La causa del alarmismo maltusiano viene dado por un razonamiento muy lógico: si la media de hijos de una mujer surcoreana es de 6,33 (como lo era en 1955), parece razonable que, a largo plazo la superpoblación acabe siendo una realidad que resulte insostenible, debido a que la tierra necesaria para generar recursos disminuirá progresivamente y a que la ley de rendimientos decrecientes entrará en funcionamiento. ¿Qué ignora este razonamiento aparentemente sensato? Dos cosas

  1. La transición poblacional. Los métodos para el control de la natalidad, el acceso de la mujer de la mujer al trabajo, la industrialización y la urbanización mueven a la baja la natalidad. El cambio social no es exclusivo de los países que han vivido un boom económico (como Corea, que hoy tiene la segunda tasa de natalidad más baja del mundo con 1,21 hijos por mujer), sino que es un fenómeno extendido a economías en vías de desarrollo. Contrariamente a lo que en ocasiones se dice, el factor religioso tampoco es un gran obstáculo a la transición demográfica. Recomiendo juguetear un rato con los gráficos de Gapminder para constatar hasta qué punto la transición poblacional es una realidad. Da lugar a descubrimientos sorprendentes, como el de que, hoy en día, el promedio de hijos es menor en las mujeres turcas que en las francesas. 

  2. La revolución verde. Como dice Rafael Pampillón en un post reciente al hilo de un excelente artículo de The Economist (Malthus: el falso profeta):
Hoy, la mayoría de los expertos reconoce que el mundo produce suficientes alimentos para todos. En los últimos 50 años, la producción de alimentos ha superado el crecimiento de la población. Si el incremento de la población mundial no ha supuesto un problema en las últimas 5 décadas, cuando éste registraba tasas de crecimiento entorno al 2%, ahora que dicho crecimiento se ha ralentizado hasta el 1,2% debería preocupar aún menos. Sin embargo, la constante subida de los precios de los alimentos está reavivando las tesis de Malthus y de los maltusianos.
 
Los estudios del Premio Nobel de la Paz Norman E. Borlaug ponen de manifiesto el calado de la revolución verde y de las innovaciones tecnológicas en el aprovechamiento de los recursos naturales.

 
La pregunta que se plantea ahora con la crisis del petróleo y los alimentos no es tan apocalíptica como la que los neomaltusianos pretenden, aunque no deja por ello de ser relevante: ¿Es sostenible la incorporación de 2.400 millones de personas al tren de vida occidental? ¿Puede la mejora en el aprovechamiento de los recursos naturales adaptarse no solo al crecimiento poblacional, sino también a la frenética demanda de los biocombustibles?

(Originalmente publicado aquí.) 

Economía, EducaciónJanuary 10, 2008 1:02 pm
Siempre resulta curioso conocer la percepción inicial que los extranjeros tienen de nuestra cultura europea occidental, pues subrayan características del país que tendemos a olvidar. En tiempos de la URSS, cuando un futbolista de detrás del telón de acero fichaba por el Real Madrid o el FC Barcelona y se le preguntaba qué le parecía la ciudad y qué le había chocado más, el futbolista solía responder lo mismo: los atascos de tráfico.

En el caso de Europa y Estados Unidos el contraste es menor de lo que se tiende a creer (ya se sabe, el narcisismo de la pequeña diferencia) y son más los valores que nos unen que los que nos separan. Sin embargo, en el ámbito económico el choque cultural sigue siendo importante. De poco importa que la UE haya superado a Estados Unidos en PIB. El prestigio del anticapitalismo sigue siendo un valor en alza del que se nutren intelectuales, actores y hasta empresarios marxistas. Toda Universidad que se precie conserva, a modo de museo de las ideas, un núcleo duro de marxistas que clama contra el capital.

 
El antieconomismo europeo es algo que los economistas norteamericanos parecen incapaces de asumir. Se dice que cuando Keynes visitó España durante la Segunda República lo que más le chocó fue el hecho de que en nuestro país ninguna Universidad enseñase todavía Economía como carrera independiente. En 2006, el Premio Nobel de Economía Edmund Phelps visitó España, que “algo” ha mejorado desde los años 30, y parecía igual de sorprendido que Keynes con el odio al éxito económico que existe en España y el resto del continente.

Me refiero a la limitada apreciación del esfuerzo individual que se hace en Europa. Los empresarios son fundamentalmente para la prosperidad económica, y aquí se habla de ellos como de alguien que trata injustamente a los trabajadores.  (…) En Alemania, la gente que tiene dinero prefiere decir que lo ha heredado antes que afirmar que ha hecho esfuerzos extenuantes para conseguirlo. La sociedad estadounidense aprecia el esfuerzo de los emprendedores, y lo agradece.
 

También Sala i Martín comenta a menudo el contraste de actitudes entre sus estudiantes en Columbia y los de la Pompeu Fabra: los americanos sueñan con crear sus propios negocios y triunfar, los españoles con trabajar en un banco el resto de su vida. 


 
Un reciente artículo de la revista Foreign Policy muestra que lo anterior no es una sucesión de anécdotas, sino que es una constante en la educación europea. Aunque se centra en los libros de texto y programas de estudio de alemanes y franceses, España no está demasiado alejada de ese adoctrinamiento pretendidamente social. Cualquiera que haya pisado un aula universitaria sabrá a qué me refiero.

Resulta desesperanzador que, mientras grandes partidos de izquierda (y derecha) han dado pasos hacia el realismo económico, en materia educativa y en ciertos ámbitos culturales la izquierda hardcore goce de gran prestigio e incluso reivindique su superioridad moral con respecto a izquierda y derecha. Con su discurso caduco, dado a  santificar a personajes de la talla de Jose Bove (ese preso político que accidentalmente quemó un McDonalds) como referentes de la resistencia a la globalización, poco más puede esperarse de Europa en materia de innovación. Proteccionismo por 50 años más.

EconomíaDecember 21, 2007 2:57 pm

El idilio entre Esperanza Aguirre y Xavier Sala i Martín es una curiosa y feliz rareza. El economista más importante de España es uno de los referentes del nacionalismo catalán y lleva años defendiendo la viabilidad económica de la independencia de Cataluña. Sin embargo, la comunidad que mejor parece acoger a Sala i Martín es Madrid, presidida por su “política favorita”, que lo ha invitado como orador en varios actos publicos.

La última prueba de esta buena sintonía está en el documental “Las buenas intenciones”, conducido por Sala i Martín y coproducido por Telemadrid, que lo emitió ayer.

Es raro encontrarse un documental sobre economía, y más sobre África, medianamente decente en televisión en el que no aparezca Manu Chao o Eduardo Galeano. El de Sala, aunque en tono panfletario similar a Norberg, es una honrosa excepción, junto al excelente episodio de Redes “¿Por qué funciona la economía?” (se puede ver íntegramente) y la serie Commanding Heights: La batalla ideológica por la economía mundial.

Buenas intenciones, malos resultados

El documental expone lo que Sala viene defendiendo desde hace años: que las buenas intenciones pueden tener consecuencias nefastas si no se mide bien el efecto de las ayudas sobre las economías locales, como se vió en Davos con el arrebato de bondad de Sharon Stone.

El discurso predominante en Occidente con respecto a África, popularizado por Bono, Angelina Jolie y Jeffrey Sachs, reclama ingentes donaciones para sacar de la pobreza a África. Sachs y Jolie también hicieron un documental en África y Bono se llevó de viaje por el continente a Paul Wolfowitz para convencerlo de que sólo con la caridad se puede alcanzar el desarrollo.

Nadie pone en cuestión las buenas intenciones de quienes reivindican un Plan Marshall para el continente africano, aunque la pesadilla andante de Sachs, llamada William Easterly, califica la actitud de los actores y famosos comprometidos con el título de un poema racista de Ruyard Kipling: “la carga del hombre blanco”. De lo que se duda es de la efectividad de las alternativas propuestas para el desarrollo africano.

Comercio justo, ¿el nuevo proyecto del cacahuete?

Antes de plantear grandes soluciones alternativas al comercio tradicional, habría que echar un vistazo a la historia. A mediados de los 50, un funcionario británico se levantó con una idea brillante: cultivar millones de acres de cacahuete en zonas no explotadas de África. Sobre el papel parecía un proyecto viable pero en la práctica, pese a una inversión faraónica, los tractores se quedaron tirados en el desierto y la producción de cacahuete fue anecdótica. El desastre fue de tal calibre que un economista lo ha incorporado entre los 6 proyectos públicos más nefastos en la historia de Gran Bretaña.

El comercio justo, como una marca más, es tan defendible como cualquier otra estrategia comercial, al igual que la agricultura ecológica. Sin embargo, proponer estas experiencias como un patrón de desarrollo es exponer a la economía africana a unos riesgos difíciles de asumir. Y lo que es peor: supone un coste de oportunidad con respecto a lo que otras economías subdesarrolladas están haciendo ya en Asia con mucha más fortuna

“Dejen de ayudarnos”

Así las cosas, no sorprende que algunos economistas africanos se hayan cansado de ver cómo muchos países se emplean como probeta por parte de ONGs y Gobiernos Occidentales, en lugar de economías como cualquier otras en las que practicar una relación económica ortodoxa.

En la última macroconferencia TED, el periodista ugandés Andrew Mwenda hizo una exposición muy similar a la de Sala i Martín, para desesperación de Bono, que iba a la misma conferencia a recoger un premio por su solidaridad.


África es un continente muy diverso y ha conocido experiencias muy diversas, desde la caótica Zimbawe de Mugabe a la sorprendentemente exitosa Bostwana. En muchos casos, la ayuda exterior es la única forma de garantizar la vida y es necesario que en esos casos, Occidente no cierre la manguera. Pero cuando se trata de ir más allá de la supervivencia, cuando se trata de generar desarrollo y riqueza, la actitud bienintencionada de actores y famosas debería quedarse en un segundo plano.

Además, está el peligro de que la causa se convierta en una secta:

You might think that a Good Cause would rub off its goodness on every aspect of the people associated with it - that the Cause’s followers would also be less susceptible to status games, ingroup-outgroup bias, affective spirals, leader-gods. But believing one true idea won’t switch off the halo effect. A noble cause won’t make its adherents something other than human. There are plenty of bad ideas that can do plenty of damage - but that’s not necessarily what’s going on.

Every group of people with an unusual goal - good, bad, or silly - will trend toward the cult attractor unless they make a constant effort to resist it. You can keep your house cooler than the outdoors, but you have to run the air conditioner constantly, and as soon as you turn off the electricity - give up the fight against entropy - things will go back to “normal”.

Claro que esto también sería aplicable a quienes emplean la liberalización como un fin en si mismo y no un instrumento económico más para generar riqueza.

PS: Vía Chris Blattman, me entero de que Mwenda ha lanzado un nuevo periódico.

Actualidad, EconomíaNovember 22, 2007 12:43 pm

Antes de decidirse a empezar este corriente y moliente blog, servidor inició una primera (y frustrada)  bitácora con la única intención de dar a conocer noticias, datos e historias referidos a un solo país: Ruanda. Tras leer libros como Queremos informarle de que mañana seremos asesinados…, los relatos del general Romeo Dallaire o el magistral relato periodístico de Una temporada de machetes, así como documentales del estilo de Ghosts of Rwanda, uno no puede más que intentar profundizar en esta tragedia.

El genocidio ruandés tiene la nada menor particularidad, frente a todos los demás del siglo XX, de que fue perpetrado principalmente por civiles. Fanatizados por un discurso político tribal y excluyente, y ante la pasividad de la ONU (Kofi Annan y Bill Clinton mediante), algunos hutus formaron tropas de interahambwe que, a golpe de machete, acabaron con la vida de 800.000 tutsis. Todo ello en sólo cien días, lo que convierte a este genocidio en la matanza más salvaje del convulso siglo XX.

Episodios como el de la iglesia de Nyarabuye describen como pocos aquello que Arendt llamó la banalidad del mal.

 (…)

Hoy leo una noticia que hace recobrar la esperanza. Las reformas económicas del Gobierno de Paul Kagame parecen empezar a dar sus frutos. En contraste con sus predecesores, el actual Gobierno ruandés ha iniciado una cierta liberalización del cultivo de café que permite a los campesinos negociar directamente con compañías extranjeras, sin pasar por ningún monopolio estatal, de modo que éstos han visto crecer notablemente sus ingresos.

Hasta aquí, nada raro. Lo sorprendente es que, según se dice en la noticia, gracias a esta explosión comercial, hutus y tutsis colaboran ahora en distintas plantaciones y empiezan a derribar los muros del aislamiento y el recelo de los últimos trece años.

La metáfora de la mano invisible del mercado, propuesta por Adam Smith, cobra en Ruanda toda su dimensión. Frente a los apocalípticos que predicen catástrofes culturales de toda clase a causa del capitalismo global (uniformización, mcdonalización y ramonetiadas varias), este caso muestra una cara del comercio que resulta evidente en Occidente, pero no tanto en países en vías de desarrollo: un igualitarismo primario, básico.

(Mientras los ruandeses se queden en el liberalismo sensato y la sección patria del ancap canibalista se quede en casa, no hay motivo de preocupación.)

Actualidad, EconomíaSeptember 29, 2007 9:10 pm
Cuenta la leyenda que durante las operaciones de salvamento en Nueva Orleans tras el paso de Katrina, Sean Penn quiso echar una mano con su propia lancha motorizada y salió al rescate de todo lo que se movía. Una auténtica proeza, pero Sean tuvo mala suerte: acabó naufragando antes de salvar a nadie y tuvo que reclamar la ayuda de otros voluntarios con menos glamour, pero más efectivos en su trabajo.
 
Otro caso, que lamentablemente no forma parte de una leyenda urbana, como parece que es lo de Sean Penn, es el arrebato de solidaridad que sufrió Sharon Stone en una conferencia de Davos. Xavier Sala i Martin lo relataba en este artículo. El mediático acto de generosidad de Stone tuvo el mismo efecto que el de Seann Penn, pero de forma magnificada. Sharon Stone comprometió millones de dólares, desviándolos incluso de otros proyectos, en una empresa disparatada que nunca se llevó a cabo.
 
En los últimos días, varios actores y estrellas televisivas parecen empeñados en erigirse en estadistas mundiales. Kevin Spacey y Sean Penn son recibidos con honores de Estado en Venezuela y Cuba, Tim Robbins promociona el nuevo libro de Naomi Klein, mientras que John Stewart convierte a Evo Morales en el nuevo mesías americano. Y, como no, Anglenia Jolie se reúne con Javier Solana para solucionar el mundo en la última conferencia de la ONU. El guión empieza a parecerse sospechosamente al de Team America.
 
 
(…) 
 
Los actores envueltos en causas sociales suelen apelar al poder de convocatoria de su imagen para justificarse. Se suele decir que no hay nada más efectivo que una estrella ponga cara a una causa para llamar la atención sobre conflictos y guerras olvidadas. A efectos prácticos puede ser cierto, pero sólo en casos claros y evidentes.
 
En el caso de África y la pobreza, las propuestas de Angelina Jolie y actores secundarios (como el economista fetiche de las estrellas: Sachs), responden a una actitud que Easterly ha acuñado con el título de un poema racista de Rudyard Kipling: "La carga del hombre blanco". Kipling decía que esa carga era civilizar las colonias del Imperio, algo que parecen suscribir muchos actores que, con toda la buena intención del mundo (y desconocimiento) publicitan grandes soluciones para este continente. Lo que proponen son alternativas comerciales que jamás aceptaríamos en Occidente y cuyo éxito no se ha comprobadopero que parecen moralmente más dignas que la explotación capitalista. Por lo tanto, alternativas destinadas únicamente a satisfacer los caprichos caritativos.
 
África es el destino preferido de los ingenieros sociales. En los años 40, a un funcionario del Imperio Británico se le ocurrió plantar grandes extensiones de cacahuete en varios países africanos, con un resultado catastrófico. El proyecto fue designado recientemente por un enonomista como uno de los seis mayores fracasos económicos de la historia del Reino Unido (una inversión superior a 1.000 millones de libras que no tuvo beneficio real). Hoy, otros ingenieros apoyan el "comercio justo" como gran solución a la pobreza de África. Creen que, en lugar del frío y deshumanizado capitalismo tradicional, los africanos merecen una alternativa más civilizadora, acorde a las exigencias morales de Bono y Angelina Jolie. Si funciona o no… Eso ya son tecnicismos. Las estrellas están hechas para cosas más grandes.
  
(…)
 
Todo esto viene a cuento de un sensato artículo de Soledad Gallego Díaz pubicado en El País:
 
De nada vale que España destine 10,3 millones de euros a Mauritania como ayuda oficial al desarrollo, si luego se limitan sus exportaciones a la Unión Europea (534 millones de euros).
Periodismo, Actualidad, EconomíaSeptember 10, 2007 11:08 pm

La vagueza editorial de algunos medios de este país alcanza cotas insuperables en estas fechas. En su regreso a las pantallas, Iñaki Gabilondo se despachó a gusto (video) contra Pedro Solbes por tratarse de un "político tristón" que "actúa como un contable", cuando debería ser un ministro que "ilusionase a la gente". Todo porque el cenizo de Solbes echó atrás la propuesta de la Junta de Andalucía sobre vivienda.

Al señor Gabilondo le alegrará saber que Europa se ha llenado de políticos tristones de un tiempo a esta parte. Y es que, hace sólo unos años en un país como Dinamarca el generoso Estado de bienestar pagaba el alquiler o la hipoteca a cualquier persona que quedase desempleada. La medida, vista desde el populismo desmadrado de Gabilondo, sería el culmen de la política social y aplaudiría con las orejas al primer iluminado que la implantase en España.

Pero sucede que algún político tristón y grisáceo, quizá contagiado ya por Solbes en Europa, se dio cuenta de que una medida como esta podría arruinar al país en un eventual repunte del paro. Los grisáceos europeos tuvieron que elegir entre un Estado Papá con muchos derechos incapaces de cumplir o una reducción del Estado a cuestiones básicas (eucación, salud…) que sí está habilitado para desarrollar sin restar dinamismo a la economía.

La actitud de Gabilondo da alas a un populismo muy en voga hoy en día en ciertas comunidades, redes y foros en torno a la materia de vivienda, pero que obvia dos cuestiones básicas:

1. A pesar de la retórica electoralista de todos los partidos, el Gobierno no es omnipotente. Carece de muchos instrumentos para fijar una solución total a los precios de la vivienda y, aún teniéndolos, un intervencionismo desmedido podría tener más repercusiones negativas que positivas. Por lo tanto, bien está que el responsable de Economía no actúe como un político de pueblo o dictadura bananera y vaya más allá del electoralismo rancio de Zapatero. A un político se le pide que haga proyectos viables, no que avale una medida disparatada por el mero hecho de ser "ilusionante".

2. Una medida bienintencionada y garantista puede tener repercusiones más nefastas que cualquier otra. Chaves es un experto en esta materia y está capacitado para dar simposios sobre pueblos andaluces hundidos en la mediocridad por obra y gracia de generosos subsidios agrarios.

Curiosamente, el mismo día que Gabilondo cargaba contra Solbes, El País publicaba un sensato editorial  en defensa del (aún) Ministro de Economía.

Resulta confuso justificar el proyecto de la junta como mera aplicación de un mandato constitucional. El derecho a la vivienda figura en la Constitución entre los "principios rectores" de la política social: es una aspiración que debe inspirar la legislación sobre esa cuestión, no un derecho directamente invocable ante los tribunales. También es dudosa la viabilidad práctica del proyecto. (…)
Es un síntoma de los tiempos que en vísperas electorales se dé más importancia a lo que se promete que al aval de lo que se ha conseguido. Un punto de conexión entre ambas cosas debería ser la exigencia de memoria económica (cómo va a ser financiado) de todo proyecto que se presente, y darlo por no presentado si carece de ese requisito.
Actualidad, Economía, GlobalizaciónJuly 23, 2007 11:06 pm
La única forma de evitar que esta reducción de la soberanía nacional se convierta en un creciente descontento con la globalización es establecer instituciones supranacionales democráticas y legítimas para ordenar el proceso de integración y reducir sus efectos adversos (Rodrik, 2000; Steinberg, 2007). Problemas globales como la persistencia de la pobreza y el subdesarrollo, el aumento de la desigualdad (tanto entre países como dentro de los países), el deterioro del medio ambiente, el aumento de la volatilidad y la mayor tendencia a las crisis financieras a la que da lugar la integración de los mercados o las reglas comerciales carentes de legitimidad requieren respuestas globales. Ello exige que los países acepten ceder soberanía a instituciones supranacionales porque consideren que estas son legítimas y que les permitirán recuperar parte de la soberanía en política económica que han perdido con la globalización.
 
La cita es de Federeico Steinberg, otra vez desde el RIE, en un artículo interesante pero lleno de boquetes. Steinberg expone los problemas de una Europa desunida ante la explosión de China, India y Brasil, y apela a la creación de organismos supranacionales como respuesta a los desafíos de la globalización. Un ejemplo en la buena dirección sería la Eurozona.
 
Con un euro en máximos históricos puede parecer que su ejemplo es el más pertinente, pero incluso la exitosa Unión Económica Monetaria resulta dudosa a la luz de una paradoja que se da en todos los niveles de la UE y que tiene difícil solución. Con o sin vocación política.
 
1. La política monetaria la fija el Banco Central Europeo, ajena a cualquier directriz externa. Suena bien y está por escrito, pero en la realidad Alemania y Francia se han sorteado su presidencia para garantizarse un mínimo de comprensión. Ahora, Francia (con el presidente más liberal de su historia) pretende ir más allá y sugerir directrices a Trichet. Así pues, aún con un euro en máximos históricos frente al dólar, el modelo norteamericano se muestra menos errático que el europeo. Bloomberg publicaba hoy un interesante artículo comparando las decisiones de Trichet y Bernanke. Creo que ilustra bien la gravedad de la situación en Europa y la falta de independencia del presidente del BCE.
 
2. Ante esta (y cualquier otra) situación, la respuesta de Steinberg y de casi todos los europeístas, sería la de siempre: más desnacionalización. Una propuesta lógica y bienintencionada pero que puede acabar de precipitar la crisis de representatividad que atenaza a la mayoría de organismos comunitarios. Al fin y al cabo, la Comisión Europea no se elige por sufragio universal y el Parlamento tiene poco más que valor consultivo. Los europeístas tienden a subestimar estos problemas, como si fuesen formalismos ajenos al ciudadano común. Pero, hoy por hoy, lo único en la arquitectura comunitaria acorde a nuestras costumbres democráticas es el caduco Estado-Nación. Se puede discutir y tratar de aligerar su toma de decisiones, pero pretender desnacionalizar Bruselas es hacer política ficción. Aunque la música del discurso suene bien.
 
El gráfico, cortesía de Financial Times, tampoco es esperanzador. Poco margen de maniobra tiene la UE para semejante filigrana.
 
 
Actualidad, EconomíaJuly 17, 2007 12:32 am

Cuando Hillary Clinton presentó oficialmente su candidatura a las elecciones primarias demócratas, algún columnista quiso ver en ello un síntoma evidente de continuismo de la política norteamericana en los últimos 20 años. Al fin y al cabo, si la senadora por Nueva York gana las primarias y luego las generales, los Clinton y los Bush habrán copado el poder durante dos décadas.

Puede que en muchos sentidos sea cierto, pero en lo que atañe a la política económica, Hillary Clinton rema en la dirección opuesta a su marido. En particular, acusa a los tratados de libre comercio (los mismos fervientemente defendidos por Bill Clinton, como elo Nafta) de abrir una grieta entre la clase media y la alta. Quizá se trate de una estrategia para ganarse por la izquierda los votos que se le escapan de los descontentos con Irak, pero a tenor de lo que se comenta en este artículo parece que las diferencias con su marido en economía son más que anecdóticas.

En cualquier caso, no está sola. NYTimes publicaba hoy un artículo sobre el creciente populismo económico de los candidatos demócratas. Parece que la mayoría pretende venderse como el presidente que protegerá a la población ante los excesos del mal globalizador.

El aislacionismo no es un vicio limitado a los demócratas, pero resulta poco esperanzador que estos ni siquiera tomen nota de los propios think thanks de izquierda norteamericanos, como Third Way. En concreto, este informe (PDF) sobre los mitos del impacto de la globalización en la economía norteamericana sería de recomendable lectura para los candidatos demócratas. 

Barak Obama también podría echar un vistazo a los artículos de su nuevo e incondicional seguidor.

EconomíaJuly 6, 2007 12:14 am

El de la democracia.

Visto en American.

Economía, EducaciónMay 21, 2007 6:03 pm
En un artículo titulado “Borriquitos con chándal”, Rafael Sánchez Ferlosio hacía una defensa acérrima del concepto de educación pública, que no admitiría más distinción que la gratuita y la de pago, pues la "educación privada" sería para él una contradicción en los términos. Frente a la intromisión de lo privado en lo público, Ferlosio apostaba aquí por recuperar la idea de una educación ajena a opiniones y decisiones de los padres. La educación pública fomentaría así la toma de conciencia del niño respecto al espacio exterior y a su papel como estudiante.  

En el artículo, parte de "La hija de la guerra y la madre de la patria", identifica dos formas de privatizar la educación, ambas relacionadas con el dirigismo de dos agentes muy activos en el mundo educativo:

1) La onfaloscopia del sector público. Comenta Ferlosio, y es una realidad que muchos hemos padecido, que desde las 17 Comunidades Autónomas se ejerce un culto desaforado al accidente regional. En virtud de promocionar su identidad, cultura y tradición, se prima la enseñanza de literatura o geografía regional a la literatura o la geografía en sí mismas.

2) El narcisismo al que conduce la privatización a través de una educación a la carta. En este modelo, el niño estudia únicamente para complacer a unos padres vigilantes de que su formación responda a sus principios y objetivos.

Más allá de lo que comenta Ferlosio, la creación de una educación a la carta crea monstruos en sociedades democráticas. Dawkins mostraba alguno de ellos en el documental The root of all evil: la premisa liberal del derecho del padre a elegir la formación de su hijo ha fomentado escuelas cuasi-coránicas en los modelos multiculturales europeos, al igual que centros en los que se instruye creacionismo como teoría científica.

Por otra parte, puede resultar contraproducente la idea de focalizar en el niño todas las atenciones de la educación Un artículo reciente del Wall Street Journal alertaba de que una generación formada en el culto a la persona empieza a tener problemas de cara al mundo laboral. Se trata de jóvenes a los que siempre se les trató como "especiales" (en el buen sentido) y realmente creyeron serlo. ¿Resultado? Según el autor, ahora son inseguros y necesitan constantemente recibir cumplidos. Según otro escritor de la revista Reason, que se ocupa del artículo del WSJ aquí, la otra cara de la moneda del "soy especial" es una generación de jóvenes más responsables: menos drogas, menos tabaco, menos embarazos no deseados y menos delincuencia.

Así pues, ¿Ferlosio o Friedman?