El último artículo de Suso de Toro que trae El País (Oraciones de supervivientes) nos hace evocar las palabras de Petronio a Nerón, según Quo Vadis:
"Quema Roma, asesina a tu madre, acuéstate con tu hermana, haz lo que quieras… ¡pero no odas!"
El último artículo de Suso de Toro que trae El País (Oraciones de supervivientes) nos hace evocar las palabras de Petronio a Nerón, según Quo Vadis:
"Quema Roma, asesina a tu madre, acuéstate con tu hermana, haz lo que quieras… ¡pero no odas!"
El acelerado cambio religioso que han vivido ciertos países, que en pocos años han pasado de poseer sociedades firmemente cohesionadas en lo religioso a ser eminentemente seculares, no ha venido acompañado de un cambio similar en la dimensión política. Las instituciones religiosas conservan un poder de influencia sobre el dominio público similar al que disponían cuando su creencia era la dominante. En países como España o Irlanda el secularismo ha avanzado a pasos agigantados en los últimos 20 años a nivel social, pero el peso de los altos cargos de la Iglesia no se ha resentido.
Se tiende a considerar que esta tendencia es consecuencia del conservadurismo de la derecha y de la inercia continuista de una izquierda heterodoxa, que ha renunciado al maximalismo laicista de antaño. Esto podría explicar cuestiones como las que hoy se han publicado en la prensa:
El Congreso de los Diputados ha rechazado hoy la eliminación de símbolos religiosos como el crucifijo o la Biblia de los actos de toma de posesión de los cargos públicos. La oposición declarada de los grupos mayoritarios, PSOE y PP, ha impedido la aprobación de la iniciativa, registrada por IU e ICV Sin embargo, no explicaría la rapidez con la que las religiones minoritarias han alcanzado derechos, privilegios e incluso exenciones a ciertas obligaciones.
Sin embargo, no explica por qué otros credos minoritarios acceden a tratos de favor con cierta facilidad.
Las religiones no son partidos políticos y su peso en la sociedad no se decide en las urnas o en función de su apoyo popular. En realidad, el funcionamiento de las religiones en relación con el poder público se acerca más al de los lobbys. La lógica de la acción colectiva, expuesta por Mancur Olson, es la clave de por qué el laicismo, por mayoritario que sea en una sociedad, siempre tendrá más difícil su adopción entre los políticos. Olson define cómo la probabilidad de que un grupo alcance un consenso colectivo y llegue a influir a nivel político es proporcional a su cohesión. En cambio, cuanto más grande y hetereogéneo, menor capacidad de decisión sobre las acciones que se deben seguir y, por lo tanto, de influencia sobre el Gobierno. Por ello, no solo la religión mayoritaria recibe un trato de favor del poder, sino también las menos relevantes, como muestra el caso que denunciaba hace meses Arcadi Espada:
(…) Los poderes públicos españoles exhiben una tolerancia creciente ante las demandas, cada vez más barrocas, de la creencia. La creencia exige que no se le sirva carne de cerdo o que no haya cabeza destocada. Y los poderes transigen. No sólo transigen: se llenan la boca y se dan enérgicas palmadas de reafirmación celebrando el respeto que manifiestan ante todas las creencias. (…)
La lógica de la excepción religiosa es sencilla y no hace falta recurrir a Olsen para entenderla. Un ganadero gallego la captó perfectamente cuando, de forma algo bizarra, anunciaba que la asociación que preside estaba debatiendo transformarse en religión para recibir un trato similar al de los musulmanes a la hora de matar el cerdo de forma tradicional.
Estamos pensando crear unha relixión, un deus para que nos deixen sacrificar o porco na casa co coitelo, como se fixo sempre.
Ahora que la Unión Europea pretende que el funcionamiento de los lobbys en Bruselas sea más transparente y se atenga a todos los cauces legales, sería bueno que se aprovechase para reflexionar sobre el papel que el lobby más antiguo del mundo debe jugar en la esfera pública.
Nota: Léase lobby como simple grupo de presión. La mitología que existe en torno a los lobbys y algunos casos sucios han llenado de connotaciones negativas un término que, como tal, debiera ser neutro.
Resulta un tanto arriesgado prometer algo así cuando cada año se publican varios rankings de las mejores universidades del mundo y la primera universidad española casi nunca aparece entre las 200 primeras. Pero tampoco parece probable que se le vaya a pedir cuentas por ello.
Citoyen recoge en un post un fiel diagnóstico del sistema educativo superior en España. Cualquiera que haya pisado un aula universitaria tendrá una idea similar a la suya: un órgano autista, lleno de burócratas y reacio a regirse por resultados. En algunos casos, las miembros de las facultades españolas parecen regirse por la Ley de Parkinson:
1º. "El trabajo crece hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización".
2º. "Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos".
3º. "El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia".
Como dice Citoyen, el proceso de Bolonia es un paso en la buena dirección, pero España lleva años caminando en la dirección equivocado.
En Estados Unidos, la competitividad es el máximo objetivo de las universidades tanto privadas como públicas. El culto al resultado y al mérito, lejos de reproducir esa implacable lógica neoliberal de la universidad como coto privado de ricos, de la que siempre advierten sindicatos estudiantiles varios en España al mínimo atisbo de reforma, lo que hace es generar un sistema más justo de acceso (con chinos e indios por doquier), más eficiente en la gestión del dinero (público o no) y mucho más efectivo en cuanto a investigación.
Además, la excelencia educativa también fortalece los vínculos del estudiante con la Universidad, de modo que es muy común que antiguos estudiantes se acuerden de sus tiempos mozos una vez que tienen éxito y están dispuestos a invertir dinero en su antigua universidad.
Pero lo último en el sistema universitario norteamericano no es la feroz competencia por cazar al último ingeniero de Bangalore, como exponía Thomas Friedman en La Tierra es Plana. Ahora, se ha empezado a poner de moda la creación de centros universitarios adscritos en países con un sistema educativo aún deficiente, como Qatar o China. Si las universidades americanas utilizan estos centros con el mismo criterio que los localizados en Estados Unidos, esta creación de franquicias podría ser esperanzadora para muchos países. Quizás podría ser el arma secreta de Zapatero para hacer de su promesa algo más realizable.
El compromiso de los actores (y el de las misses)
Sin entrar en el eterno debate sobre el compromiso, el deber moral y demás eufemismos (todos ellos cargados de la épica epatante de una Miss en plena comunión con la humanidad) empleados por los actores y personajes conocidos para exporesar públicamente sus preferencias políticas, es necesario que algunos actores midan un tanto el calado de sus reflexiones.
Siguiendo la estela de Sharon Stone, que ya se olía que lo del 11-S fue un chanchullo de Bush, la recientemente premiada con un Oscar, Marion Cotillard nos ha sorprendido con una nueva teoría con relación al 11-S cuando declaró a una revista francesa (vía El Mundo) que el atentado fue en realidad una operación inmobiliaria encubierta (WTF!). Cotillard pone como máxima evidencia el hecho de que las Torres Gemelas se vinieron abajo, mientras que el edificio Windsor (igualmente pasto de las teorías conspiratorias, pero que la francesa desconoce), se mantuvo en pie a pesar del incendio.
Sirva la chorrada de la bella Cotillard, que n aturalmente tampoco cree que el hombre haya llegado a la luna, para rescatar un artículo de Umberto Eco en el que sintetiza bien lo que muchos torpemente tratamos de explicar en toneladas de posts. Todo es tan sencillo como preguntar: ¿Dónde está el Garganta Profunda del 11-S?
Podemos usar, por ejemplo, la prueba del silencio contra los que insinúan que el desembarco norteamericano en la Luna es una falsificación televisiva. Si el vehículo espacial norteamericano no hubiera llegado a la Luna, había alguien que tenía la capacidad de controlarlo y tenía todo el interés en decirlo y eran los soviéticos; si, por lo tanto, los soviéticos se callaron, ahí tenemos la prueba de que los norteamericanos llegaron de verdad a la Luna. Punto redondo. Por lo que atañe a conspiraciones y secretos, la experiencia (también histórica) nos dice que:
1) si hay un secreto, aunque lo conozca una sola persona, esa persona, quizá en la cama con su amante, antes o después lo revelará (sólo los masones ingenuos y los adeptos de algún rito templario creen que hay un secreto que permanece inviolado);
2) si hay un secreto, habrá siempre una suma adecuada por la que alguien estará dispuesto a revelarlo. Ahora bien, para organizar un falso atentado contra las dos torres (para minarlas, para avisar a las fuerzas aéreas de que no intervinieran, para esconder pruebas embarazosas, etc, etc), habría hecho falta la colaboración, si no de miles, por lo menos de cientos de personas. Las personas empleadas para estos menesteres no suelen ser caballeros, y es imposible que al menos uno de ellos no haya cantado por una suma adecuada. En fin, que en esta historia falta un Garganta Profunda.

¿Quiere Europa ser Papúa Nueva Guinea?

La virtualidad participativa. Razones para oponerse a un debate digital
(…)
En la mayoría de pueblos y ciudades pequeñas, las principales emisoras de radio (Cadena Ser, Onda Cero y Cope) tienen un programa semanal en el que el alcalde contesta las preguntas de los vecinos. En su mayoría, las consultas parten de vecinos indignados porque les han quitado un banco o que piden que se pinte un paso de cebra en una carretera o que arreglen un bache.
(…)
En el caso de los dos aspirantes a la Presidencia del Gobierno, un experimento así no me parece tan deseable. La participación ciudadana ha de ser un instrumento para dar respuesta a una necesidad informativa, no una forma vistosa de satisfacer un nicho electoral.
Ante un debate de esta magnitud, inevitablemente, la participación ciudadana es un mero señuelo con el que ganar audiencia y dinamizar el formato, como sucedió en el debate de demócratas en CNN/Youtube. La idea de un debate completamente abierto al público es absurda, de modo que la participación ciudadana la articulan los periodistas haciendo el mismo trabajo que harían sin la implicación del electorado: jerarquizar temas y seleccionar un número limitado de preguntas. La presencia del ciudadano es mero atrezzo.
Guste o no, un debate entre candidatos se hace en el trazo grueso. A Rajoy y Zapatero se les pide que esbocen proyectos, que describan las líneas maestras de un modelo y, sobre todo, que tengan criterio a la hora de seleccionar a quienes lo llevarán a la práctica. Someterlos a un chequeo ciudadano sin barreras es, además de una crueldad, un procedimiento algo ilusorio.
(…)
Por otra parte, sorprende la facilidad con la que se deduce que el usuario medio de Internet es un perfil representativo de la ciudadanía.
Como dice Juan Varela, Estados Unidos parece tener unos políticos más “participativos”, véase a Bush blogueando o a Zoellick posteando aquí, y una blogosfera menos jibarizada que la española (esto lo digo yo). Pero ni siquiera las redes sociales norteamericanas reflejan las tendencias de su sociedad. De ser así, y hacer caso a Facebook, el abuelo loco de Ron Paul sería el único republicano capaz de hacer frente a Obama en las próximas elecciones, para regocijo de la tropa de True Believers del 11-S.
La participación ciudadana debe dirigirse a las bases de los partidos o implicarse en ideas transversales a ellos (reivindicación de listas abiertas, elecciones primarias, limitación de mandatos…). Propuestas como la del debate digital pueden hacer del programa algo escénicamente vistoso, al estilo “Tengo una pregunta para usted”, pero no nos engañemos, la participación está en el peldaño inferior, que para eso está. Y lo demás es marketing, recreación o puro ilusionismo virtual.
El calentamiento global no será televisado
Al margen de toda la discusión que mantienen los científicos, el calentamiento global se ha convertido en un tema que le puede estallar en las manos a la prensa más militante. Durante los últimos años, y animados por un afán de concienciación, se nos han presentado huracanes, temporales y sequías como la prueba más evidente de las consecuencias del calentamiento global. Casi como un principio de acción-reacción al comportamiento humano, cuando no un castigo de la diosa naturaleza a nuestras despiadadas acciones.
Si a esto sumamos el catastrofismo que se estila en ciertas ONG, que difunden infografías a todo color sobre cómo se va a quedar la costa española en los próximos años si no dejamos de portarnos mal, el atractivo mediático del calentamiento global difícilmente se puede mejorar. Y así, se entiende que cualquier referencia que pueda no negar, sino simplemente matizar la perspectiva, se tacha casi de negacionismo militante.
¿Pero qué pasa cuando las circunstancias previamente establecidas como termómetro de la tierra no ayudan a concienciar sobre el global warming?
Desde el Katrina, el hemisferio norte ha vivido la temporada más baja en huracanes de las tres últimas décadas. A pesar de las imágenes de deshielo en el Ártico, el Antártico vive un proceso contrario y, mientras hace un par de años se nos mostraban imágenes de olas de calor insospechadas, hoy vemos imágenes de nieve en Buenos Aires o Bagdad.
Planteado en términos de catastrofismo mediático por sus defensores, el calentamiento global variará su atractivo en función de la actualidad y será un mito que ayude a fagocitar la actualidad, un elemento de raccord para unir las noticias en televisión, pero dudosamente será ciencia.
¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!
Para muchos científicos defensores de la teoría del calentamiento global, los huracanes, las olas de calor y el deshielo del Ártico nunca han sido prueba de nada. En todo caso, el deshielo del Ártico ha sido presentado por la Nasa como la consecuencia a un cambio de corrientes oceánicas y, según Nature, los huracanes nunca tendrán nada que ver con el calentamiento global, por muy severo que éste llegase a ser.
Todo esto lo explicaba el 1 de Enero en el New York Times un científico que no parece ser precisamente de la escuela de Bjorn Lomborg, sino un defensor de la teoría del calentamiento global que está hasta las narices de la simplificación y el drama apocalíptico con el que este proceso se presenta en los medios y del daño que el gurú Al Gore está provocando a su causa.
¿Qué tienen en común el canon digital y una guardería israelí?
El debate sobre el canon digital parece haberse convertido casi en un eje central de la política española, justo ahora que termina la legislatura. Hasta tal punto es así que el PP ha renovado su web e incorporado un contador contrarreloj que mide el tiempo que falta para que ellos los eliminen, una vez ganadas las elecciones.
Particularmente, me resulta sorprendente la dosis de demagogia con la que ambas partes se emplean en el debate. Unos apelan a las leyes anglosajonas como modelo, ya que no penalizan los soportes, sin decir que compensan esta "debilidad" con unas penalizaciones mucho más duras contra quienes descargan contenidos protegidos. Los del otro lado se empeñan en emplear una doble argumentación. Por un lado se dice que el canon únicamente estipula el derecho de hacer copias privadas de obras originales que uno ya posee, pero en la práctica aplican una tasa para suplir las pérdidas generadas por el intercambio de ficheros por internet, y no por la de las copias privadas que se hacen.
Lo único que está claro es que, en la práctica, el canon será contraproducente para aquellos que lo defienden.
Los autores de Freakonomics comentan cómo los dueños de una guardería israelí, hartos de que los padres llegasen tarde a recoger a los niños, impusieron multas para tratar de imponer cierta disciplina. El resultado fue el contrario al deseado: los padres no tomaban la multa como un castigo sino como la compra de un derecho y, en lugar de apresurarse a recoger a sus hijos, se rezagaban aún más, sabedores de que pagar un dinero extra les permitía tener a los niños más tiempo en la guardería.
Ante la aplicación del canon, justa o injustamente, los usuarios se verán legitimados para comportarse como los descuidados padres de la escuela israelí.