Sin entrar en el eterno debate sobre el compromiso, el deber moral y demás eufemismos (todos ellos cargados de la épica epatante de una Miss en plena comunión con la humanidad) empleados por los actores y personajes conocidos para exporesar públicamente sus preferencias políticas, es necesario que algunos actores midan un tanto el calado de sus reflexiones.

Siguiendo la estela de Sharon Stone, que ya se olía que lo del 11-S fue un chanchullo de Bush, la recientemente premiada con un Oscar, Marion Cotillard nos ha sorprendido con una nueva teoría con relación al 11-S cuando declaró a una revista francesa (vía El Mundo) que el atentado fue en realidad una operación inmobiliaria encubierta (WTF!). Cotillard pone como máxima evidencia el hecho de que las Torres Gemelas se vinieron abajo, mientras que el edificio Windsor (igualmente pasto de las teorías conspiratorias, pero que la francesa desconoce), se mantuvo en pie a pesar del incendio.

Sirva la chorrada de la bella Cotillard, que n aturalmente tampoco cree que el hombre haya llegado a la luna, para rescatar un artículo de Umberto Eco en el que sintetiza bien lo que muchos torpemente tratamos de explicar en toneladas de posts. Todo es tan sencillo como preguntar: ¿Dónde está el Garganta Profunda del 11-S?

Podemos usar, por ejemplo, la prueba del silencio contra los que insinúan que el desembarco norteamericano en la Luna es una falsificación televisiva. Si el vehículo espacial norteamericano no hubiera llegado a la Luna, había alguien que tenía la capacidad de controlarlo y tenía todo el interés en decirlo y eran los soviéticos; si, por lo tanto, los soviéticos se callaron, ahí tenemos la prueba de que los norteamericanos llegaron de verdad a la Luna. Punto redondo. Por lo que atañe a conspiraciones y secretos, la experiencia (también histórica) nos dice que:
1) si hay un secreto, aunque lo conozca una sola persona, esa persona, quizá en la cama con su amante, antes o después lo revelará (sólo los masones ingenuos y los adeptos de algún rito templario creen que hay un secreto que permanece inviolado);
2) si hay un secreto, habrá siempre una suma adecuada por la que alguien estará dispuesto a revelarlo. Ahora bien, para organizar un falso atentado contra las dos torres (para minarlas, para avisar a las fuerzas aéreas de que no intervinieran, para esconder pruebas embarazosas, etc, etc), habría hecho falta la colaboración, si no de miles, por lo menos de cientos de personas. Las personas empleadas para estos menesteres no suelen ser caballeros, y es imposible que al menos uno de ellos no haya cantado por una suma adecuada. En fin, que en esta historia falta un Garganta Profunda.

 Marion Cotillard, belleza y estupidez tête a tête