Actualidad, EducaciónMarch 16, 2008 2:59 am
Una de las promesas más sorprendentes que realizó Zapatero en uno de los debates electorales fue la de que, en cuatro años, el sistema universitario español se situará entre los diez primeros del mundo.

Resulta un tanto arriesgado prometer algo así cuando cada año se publican varios rankings de las mejores universidades del mundo y la primera universidad española casi nunca aparece entre las 200 primeras. Pero tampoco parece probable que se le vaya a pedir cuentas por ello.

Citoyen recoge en un post un fiel diagnóstico del sistema educativo superior en España. Cualquiera que haya pisado un aula universitaria tendrá una idea similar a la suya: un órgano autista, lleno de burócratas y reacio a regirse por resultados. En algunos casos, las miembros de las facultades españolas parecen regirse por la Ley de Parkinson:

1º. "El trabajo crece hasta llenar el tiempo de que se dispone para su realización".

2º. "Los gastos aumentan hasta cubrir todos los ingresos".

3º. "El tiempo dedicado a cualquier tema de la agenda es inversamente proporcional a su importancia".

Como dice Citoyen, el proceso de Bolonia es un paso en la buena dirección, pero España lleva años caminando en la dirección equivocado.

En Estados Unidos, la competitividad es el máximo objetivo de las universidades tanto  privadas como públicas. El culto al resultado y al mérito, lejos de reproducir esa implacable lógica neoliberal de la universidad como coto privado de ricos, de la que siempre advierten sindicatos estudiantiles varios en España al mínimo atisbo de reforma, lo que hace es generar un sistema más justo de acceso (con chinos e indios por doquier), más eficiente en la gestión del dinero (público o no) y mucho más efectivo en cuanto a investigación.

Además, la excelencia educativa también fortalece los vínculos del estudiante con la Universidad, de modo que es muy común que antiguos estudiantes se acuerden de sus tiempos mozos una vez que tienen éxito y están dispuestos a invertir dinero en su antigua universidad.

Pero lo último en el sistema universitario norteamericano no es la feroz competencia por cazar al último ingeniero de Bangalore, como exponía Thomas Friedman en La Tierra es Plana. Ahora, se ha empezado a poner de moda la creación de centros universitarios adscritos en países con un sistema educativo aún deficiente, como Qatar o China. Si las universidades americanas utilizan estos centros con el mismo criterio que los localizados en Estados Unidos, esta creación de franquicias podría ser esperanzadora para muchos países. Quizás podría ser el arma secreta de Zapatero para hacer de su promesa algo más realizable.

Actualidad, ConspiracionesMarch 11, 2008 9:30 pm
La espiral del discurso maximalista de cierta izquierda y derecha se encuentra con serios problemas ante los resultados de las elecciones. A quienes durante cuatro años han ahondado en teorías conspiratorias para explicar la victoria del Psoe en 2004 sólo les queda emprender una huída hacia adelante y considerar que el asesinato de un ex concejal socialista responde a la misma lógica.
 
Su discurso parece calcado al de la extrema izquierda, con el típico alegato sobre mass media idiotizadores y una extensa gama de supuestas manipulaciones cuya sutilidad sólo es captada por mentes suficientemente envenenadas con ideología dura, ya que el resto estamos abducidos por la MTV y la Fox.
 
Es conocida la anécdota de un escritor británico que en un libro furiosamente antitatcheriano concluía su soflama contra la guerra de las Malvinas con un "right or wrong, my country". La democracia española no ha llegado al punto en el que incluso un polemista furibundo se atreva a decir algo así. En España, el patriotismo funciona como parachoques, como metralla política para desgastar al de la otra trinchera, pero nunca de forma afirmativa. En cuanto el color del Gobierno no responde al gusto personal, toca recurrir a grandes causas (conspiraciones terroristas) y grandes consecuencias (el exilio, al que algún ministro dice que recurrió en la época de Aznar). Cualquier cosa antes que reconocer a un país en toda su simpleza. 
Actualidad, ConspiracionesMarch 3, 2008 9:45 pm

Sin entrar en el eterno debate sobre el compromiso, el deber moral y demás eufemismos (todos ellos cargados de la épica epatante de una Miss en plena comunión con la humanidad) empleados por los actores y personajes conocidos para exporesar públicamente sus preferencias políticas, es necesario que algunos actores midan un tanto el calado de sus reflexiones.

Siguiendo la estela de Sharon Stone, que ya se olía que lo del 11-S fue un chanchullo de Bush, la recientemente premiada con un Oscar, Marion Cotillard nos ha sorprendido con una nueva teoría con relación al 11-S cuando declaró a una revista francesa (vía El Mundo) que el atentado fue en realidad una operación inmobiliaria encubierta (WTF!). Cotillard pone como máxima evidencia el hecho de que las Torres Gemelas se vinieron abajo, mientras que el edificio Windsor (igualmente pasto de las teorías conspiratorias, pero que la francesa desconoce), se mantuvo en pie a pesar del incendio.

Sirva la chorrada de la bella Cotillard, que n aturalmente tampoco cree que el hombre haya llegado a la luna, para rescatar un artículo de Umberto Eco en el que sintetiza bien lo que muchos torpemente tratamos de explicar en toneladas de posts. Todo es tan sencillo como preguntar: ¿Dónde está el Garganta Profunda del 11-S?

Podemos usar, por ejemplo, la prueba del silencio contra los que insinúan que el desembarco norteamericano en la Luna es una falsificación televisiva. Si el vehículo espacial norteamericano no hubiera llegado a la Luna, había alguien que tenía la capacidad de controlarlo y tenía todo el interés en decirlo y eran los soviéticos; si, por lo tanto, los soviéticos se callaron, ahí tenemos la prueba de que los norteamericanos llegaron de verdad a la Luna. Punto redondo. Por lo que atañe a conspiraciones y secretos, la experiencia (también histórica) nos dice que:
1) si hay un secreto, aunque lo conozca una sola persona, esa persona, quizá en la cama con su amante, antes o después lo revelará (sólo los masones ingenuos y los adeptos de algún rito templario creen que hay un secreto que permanece inviolado);
2) si hay un secreto, habrá siempre una suma adecuada por la que alguien estará dispuesto a revelarlo. Ahora bien, para organizar un falso atentado contra las dos torres (para minarlas, para avisar a las fuerzas aéreas de que no intervinieran, para esconder pruebas embarazosas, etc, etc), habría hecho falta la colaboración, si no de miles, por lo menos de cientos de personas. Las personas empleadas para estos menesteres no suelen ser caballeros, y es imposible que al menos uno de ellos no haya cantado por una suma adecuada. En fin, que en esta historia falta un Garganta Profunda.

 Marion Cotillard, belleza y estupidez tête a tête