Un grupo de intelectuales europeos ha sacado un documento en favor de la pluralidad lingüística en Europa titulado Un reto provechoso [PDF]. El avance del inglés como lengua común en el viejo continente parece preocupar a estos académicos (ninguno del Instituto Cervantes, por fortuna) que, sin caer en el disparate de renegar de una lengua internacional de comunicación, sí quieren poner freno a su avance en las relaciones bilaterales entre Estados y evitar la marginación de lenguas minoritarias.
 
Siguiendo sus indicaciones, en el futuro, además de su lengua materna y otra de comunicación internacional, cada ciudadano europeo tendría una lengua personal de libre elección, que elegiría siguiendo sus gustos e intereses y que sería casi una segunda lengua materna. Tendría posibilidad de estudiarla en cualquier sitio y podría ser cualquiera de la UE, con lo que, según los firmantes, las lenguas minoritarias alcanzarían una difusión inimaginable hoy en día.
 
Para alguien que nunca ha entendido el idealismo con el que se vende la pluralidad lingüísica en el mundo y que firmaría la disolución de todas las lenguas si eso asegurase un idioma universal, resulta difícil entender qué alcance práctico pueden tener las medidas que proponen. Incluso aquellas más realistas presentan serios problemas si los llevamos a un extremo. Es el caso de las relaciones bilaterales entre países como forma de implementar los idiomas ¿Qué pasa con aquellos países con más de una lengua oficial? ¿Y con aquellos que tienen más de 10? ¿Y con aquellos que tienen la "fortuna" de contar con más de 800, como Indonesia o Papúa Nueva Guinea? Si partimos de que una lengua es un tesoro, una herencia incalculable, bla bla bla, el Estado debería implementarlas en igualdad de condiciones, incluso primando aquellas que corren riesgo de desaparición.
 
Lo curioso es que, tras leer el documento, uno tiene la sensación de que la idea es realizable en la medida en que exista una lengua universalmente conocida. Cuando todo el mundo sepa hablar inglés, es posible que un padre no se enfade si a su hijo lo obligan a aprender maltés en lugar de alemán o francés como segunda lengua extranjera. Pero hasta entonces queda un largo camino en el que alguien debería de preocuparse en decir cosas intelectualmente poco rentables pero más prácticas.
 
 (Mapa de lenguas: el tamaño del país es acorde al número de idiomas que posee)