¿Qué tienen en común el canon digital y una guardería israelí?
El debate sobre el canon digital parece haberse convertido casi en un eje central de la política española, justo ahora que termina la legislatura. Hasta tal punto es así que el PP ha renovado su web e incorporado un contador contrarreloj que mide el tiempo que falta para que ellos los eliminen, una vez ganadas las elecciones.
Particularmente, me resulta sorprendente la dosis de demagogia con la que ambas partes se emplean en el debate. Unos apelan a las leyes anglosajonas como modelo, ya que no penalizan los soportes, sin decir que compensan esta "debilidad" con unas penalizaciones mucho más duras contra quienes descargan contenidos protegidos. Los del otro lado se empeñan en emplear una doble argumentación. Por un lado se dice que el canon únicamente estipula el derecho de hacer copias privadas de obras originales que uno ya posee, pero en la práctica aplican una tasa para suplir las pérdidas generadas por el intercambio de ficheros por internet, y no por la de las copias privadas que se hacen.
Lo único que está claro es que, en la práctica, el canon será contraproducente para aquellos que lo defienden.
Los autores de Freakonomics comentan cómo los dueños de una guardería israelí, hartos de que los padres llegasen tarde a recoger a los niños, impusieron multas para tratar de imponer cierta disciplina. El resultado fue el contrario al deseado: los padres no tomaban la multa como un castigo sino como la compra de un derecho y, en lugar de apresurarse a recoger a sus hijos, se rezagaban aún más, sabedores de que pagar un dinero extra les permitía tener a los niños más tiempo en la guardería.
Ante la aplicación del canon, justa o injustamente, los usuarios se verán legitimados para comportarse como los descuidados padres de la escuela israelí.

