Y a quien quiera hacer un regalo original, aquí tiene unos estupendos comics editados por la Reserva Federal de NY.
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Las buenas intenciones (y sus malas consecuencias)
El idilio entre Esperanza Aguirre y Xavier Sala i Martín es una curiosa y feliz rareza. El economista más importante de España es uno de los referentes del nacionalismo catalán y lleva años defendiendo la viabilidad económica de la independencia de Cataluña. Sin embargo, la comunidad que mejor parece acoger a Sala i Martín es Madrid, presidida por su “política favorita”, que lo ha invitado como orador en varios actos publicos.
La última prueba de esta buena sintonía está en el documental “Las buenas intenciones”, conducido por Sala i Martín y coproducido por Telemadrid, que lo emitió ayer.
Es raro encontrarse un documental sobre economía, y más sobre África, medianamente decente en televisión en el que no aparezca Manu Chao o Eduardo Galeano. El de Sala, aunque en tono panfletario similar a Norberg, es una honrosa excepción, junto al excelente episodio de Redes “¿Por qué funciona la economía?” (se puede ver íntegramente) y la serie Commanding Heights: La batalla ideológica por la economía mundial.
El documental expone lo que Sala viene defendiendo desde hace años: que las buenas intenciones pueden tener consecuencias nefastas si no se mide bien el efecto de las ayudas sobre las economías locales, como se vió en Davos con el arrebato de bondad de Sharon Stone.
El discurso predominante en Occidente con respecto a África, popularizado por Bono, Angelina Jolie y Jeffrey Sachs, reclama ingentes donaciones para sacar de la pobreza a África. Sachs y Jolie también hicieron un documental en África y Bono se llevó de viaje por el continente a Paul Wolfowitz para convencerlo de que sólo con la caridad se puede alcanzar el desarrollo.
Nadie pone en cuestión las buenas intenciones de quienes reivindican un Plan Marshall para el continente africano, aunque la pesadilla andante de Sachs, llamada William Easterly, califica la actitud de los actores y famosos comprometidos con el título de un poema racista de Ruyard Kipling: “la carga del hombre blanco”. De lo que se duda es de la efectividad de las alternativas propuestas para el desarrollo africano.
Antes de plantear grandes soluciones alternativas al comercio tradicional, habría que echar un vistazo a la historia. A mediados de los 50, un funcionario británico se levantó con una idea brillante: cultivar millones de acres de cacahuete en zonas no explotadas de África. Sobre el papel parecía un proyecto viable pero en la práctica, pese a una inversión faraónica, los tractores se quedaron tirados en el desierto y la producción de cacahuete fue anecdótica. El desastre fue de tal calibre que un economista lo ha incorporado entre los 6 proyectos públicos más nefastos en la historia de Gran Bretaña.
El comercio justo, como una marca más, es tan defendible como cualquier otra estrategia comercial, al igual que la agricultura ecológica. Sin embargo, proponer estas experiencias como un patrón de desarrollo es exponer a la economía africana a unos riesgos difíciles de asumir. Y lo que es peor: supone un coste de oportunidad con respecto a lo que otras economías subdesarrolladas están haciendo ya en Asia con mucha más fortuna
“Dejen de ayudarnos”
Así las cosas, no sorprende que algunos economistas africanos se hayan cansado de ver cómo muchos países se emplean como probeta por parte de ONGs y Gobiernos Occidentales, en lugar de economías como cualquier otras en las que practicar una relación económica ortodoxa.
En la última macroconferencia TED, el periodista ugandés Andrew Mwenda hizo una exposición muy similar a la de Sala i Martín, para desesperación de Bono, que iba a la misma conferencia a recoger un premio por su solidaridad.
África es un continente muy diverso y ha conocido experiencias muy diversas, desde la caótica Zimbawe de Mugabe a la sorprendentemente exitosa Bostwana. En muchos casos, la ayuda exterior es la única forma de garantizar la vida y es necesario que en esos casos, Occidente no cierre la manguera. Pero cuando se trata de ir más allá de la supervivencia, cuando se trata de generar desarrollo y riqueza, la actitud bienintencionada de actores y famosas debería quedarse en un segundo plano.
Además, está el peligro de que la causa se convierta en una secta:
You might think that a Good Cause would rub off its goodness on every aspect of the people associated with it - that the Cause’s followers would also be less susceptible to status games, ingroup-outgroup bias, affective spirals, leader-gods. But believing one true idea won’t switch off the halo effect. A noble cause won’t make its adherents something other than human. There are plenty of bad ideas that can do plenty of damage - but that’s not necessarily what’s going on.
Every group of people with an unusual goal - good, bad, or silly - will trend toward the cult attractor unless they make a constant effort to resist it. You can keep your house cooler than the outdoors, but you have to run the air conditioner constantly, and as soon as you turn off the electricity - give up the fight against entropy - things will go back to “normal”.
Claro que esto también sería aplicable a quienes emplean la liberalización como un fin en si mismo y no un instrumento económico más para generar riqueza.
PS: Vía Chris Blattman, me entero de que Mwenda ha lanzado un nuevo periódico.
¿Qué tienen en común el canon digital y una guardería israelí?
El debate sobre el canon digital parece haberse convertido casi en un eje central de la política española, justo ahora que termina la legislatura. Hasta tal punto es así que el PP ha renovado su web e incorporado un contador contrarreloj que mide el tiempo que falta para que ellos los eliminen, una vez ganadas las elecciones.
Particularmente, me resulta sorprendente la dosis de demagogia con la que ambas partes se emplean en el debate. Unos apelan a las leyes anglosajonas como modelo, ya que no penalizan los soportes, sin decir que compensan esta "debilidad" con unas penalizaciones mucho más duras contra quienes descargan contenidos protegidos. Los del otro lado se empeñan en emplear una doble argumentación. Por un lado se dice que el canon únicamente estipula el derecho de hacer copias privadas de obras originales que uno ya posee, pero en la práctica aplican una tasa para suplir las pérdidas generadas por el intercambio de ficheros por internet, y no por la de las copias privadas que se hacen.
Lo único que está claro es que, en la práctica, el canon será contraproducente para aquellos que lo defienden.
Los autores de Freakonomics comentan cómo los dueños de una guardería israelí, hartos de que los padres llegasen tarde a recoger a los niños, impusieron multas para tratar de imponer cierta disciplina. El resultado fue el contrario al deseado: los padres no tomaban la multa como un castigo sino como la compra de un derecho y, en lugar de apresurarse a recoger a sus hijos, se rezagaban aún más, sabedores de que pagar un dinero extra les permitía tener a los niños más tiempo en la guardería.
Ante la aplicación del canon, justa o injustamente, los usuarios se verán legitimados para comportarse como los descuidados padres de la escuela israelí.
Think tanks: ese conspirador gobierno invisible
Los think tank son el nuevo Satán de la izquierda hardcore. A raíz de un informe del Real Instituto Elcano sobre la opinión de los españoles sobre asuntos exteriores, me encuentro varios ataques a este organismo. En concreto, Pascual Serrano e Ignacio Escolar están enfurecidos (como Jorge Vestringe) ante el hecho de que se gaste dinero público en una encuesta que muestra que el líder latinoamericano peor valorado por los españoles es Hugo Chávez. (Habrá que preguntar a Escolar si prefiere que ese dinero se gaste en subvenciones a la prensa o se destine a congresos de gurús del blog.)
Y es que el reconocido fracaso de Chávez ante las urnas parece haber embalsamado a este curioso dirigente ante ciertos hooligans del periodismo y blindado toda posibilidad de crítica a sus prácticas caudillistas (ejercidas en una debilitada democracia). Ante el simplismo de quienes califican a Chávez de un dictador puro y duro, los Escolares de turno replican con el mismo pensamiento simple en dirección contraria.
Si en lugar de leer Rebelión y Gees predominase la lectura de los excelentes informes del RIE, el simplismo con el que se enfoca la cuestión de Chávez daría lugar a menos pensamiento zombi de izquierda y derecha. En el caso del referéndum, el RIE hizo un estupendo análisis que no dio mucho que hablar en la prensa.
(…)
En España hay pocos organismos públicos que se abstraigan de la confrontación electoral. El caso del RIE, como el del INE, es una saludable excepción que habría que luchar por mantener. Por mucho que su sesgo sea inevitablemente institucional y ligeramente progubernamental, el RIE es un excelente centro de estudios que, sin embargo, todavía no alcanza una envergadura suficiente para dar respuesta a las necesidades de estudios y análisis internacionales.
Aún hoy en día, buena parte de la reflexión sobre América Latina surge de organismos británicos y franceses, razón por la que varios investigadores españoles pidieron ya hace un año la creación de un think tank
La ligereza con la que algunos disparan contra el RIE no puede ser de ayuda a la hora de dar relevancia pública a sus estudios, aunque quizá sean un buen síntoma de su independencia.
(…)
También resulta curioso el mito de que El País fue uno de los máximos defensores del golpe contra Chávez, cuando quien redactó el editorial tras la caída de Chávez fue uno de los periodistas más afines al bolivariano: Miguel Ángel Bastenier. En cualquier caso, todavía no se ha visto a ningún alto dirigente de Prisa componiendo la feliz hagiografía de un tirano, al estilo de Jaume Roures en el infame documental Comandante.