Resulta curioso (y esperanzador) que, sin embargo, no se emplee la misma fórmula para juzgar el papel de las fuerzas armadas españolas en el exterior. Sirva de muestra el escaso eco que ha recibido una encuesta del CIS y del Ministerio de Defensa que muestra una creciente oposición a la presencia española en Afganistán y Líbano.
Valoración de la presencia de tropas españolas en Afganistán

¿Qué hacer con el contingente español en Líbano?”
Toda política exterior tiene algo de interior, aunque solo sea por su efecto electoral, pero en España se excede el límite de lo razonable. No parece casual que el presidente Rodríguez persista en emplear como baza electoral la retirada de Irak y explicar con ello las tibias relaciones que hoy nuestro país mantiene con EE.UU. Es una forma hábil de encarar un desencuentro que, creo, ha sido completamente simplificado de cara a la galería.
Lo relevante de la retirada de las tropas españolas de Irak no es que se produjese como consecuencia de una promesa electoral o de la "decisión soberana" de un país, como repite insistentemente el Gobierno. Lo verdaderamente importante es cómo se produjo. A diferencia de la retirada de tropas de Italia, la española se hizo con una premura que obedecía más a razones de cosmética interior que de táctica militar.
Se ha dicho que una de las razones por las que hoy no tenemos un español dirigiendo la OTAN es porque el Gobierno decidió salirse de Irak. Si esto es así, que es mucho suponer, ¿cómo se explica que el cargo haya ido a parar a un almirante italiano?

