Mientras los Ignacio Ramonet o Michael Onfray persisten en la caricaturización de Sarkozy como un diablo fascista, Levy parece reconocer lo obvio del éxito del presidente francés, pero plantea algunas sombras sobre su política. Al menos eso parece, a juzgar por un debate con Alain Finkielkraut (traducción aproximada):
(…)Su política en materia de inmigración, por ejemplo… Ese asunto del ADN es indigno. Al igual que esa forma de incitar a los policías a “hacer cifras”, o las llamadas cuotas geográficas, que son en realidad cuotas étnicas que violan un principio constitucional fundamental. Por lo demás, hay buenas cosas, por supuesto. Pero tomemos, por ejemplo, la liberación de las enfermeras búlgaras. ¿Era necesario pagarla tan cara? ¿Hacía falta ir con tanta pompa a ver a Gadhafi? ¿Hacía falta hacerle los regalos que él hizo? ¿Y por Ingrid Betancourt, que es una magnífica heroína, se va a contentar de recibir a Hugo Chávez o le va a ofrecer, también a él, su pequeña central nuclear? (…)
Pero la moderación no parece un buen señuelo para reorganizar un ala política donde la melancolía revolucionaria todavía tiene buena prensa, mientras que el neoprogresismo es un rara avis. Así, a pesar de todo el camino andado por la izquierda continental, las utopías de los intelectuales de extrema izquierda gozan de más prestigio y reconocimiento que la mesura y precisión de la izquierda light.
Otro izquierdista moderado, el filósofo Peter Sloterdijk, hacía una reflexión que puede explicar, en parte, la razón de la recurrente “superioridad moral” de la izquierda radical:
(…)No es el comunismo lo que me enfurece, sino el increíble fraude que ha recorrido la segunda mitad del siglo XX y que consistió en hacernos creer que el antifascismo solucionaba los problemas de la izquierda. Hitler se convirtió en el salvador de la buena conciencia de todos aquellos que habían apoyado a Stalin. Comprometidos en esta noble causa que era el antifascismo, ellos se negaron a entender que habían defendido otro fascismo. Para mí, que nunca he dudado de mi pertenencia a una izquierda moderada, era urgente arreglar cuentas con esa malsana tradición. (…)


Leo hoy que el PSOE ha contratado a varios premios Nobel e intelectuales de prestigio para participar en la elaboración de su programa. Algunos previsibles, como Lakoff, Stiglitz y Pettit -un verdadero cero a la izquierda-, y alguna cosa estrafalaria como la Wangari Maathai. También a Stern, el del informe encargado por Blair sobre el cambio climático.
Comment by J — November 13, 2007 @ 5:53 pm
Lo he visto y, de los que conozco, me parecen bastante previsibles… De todas formas, creo que el Psoe está menos anclado en quimeras utópicas que otros partidos de izquierda europeos. Al menos en temas económicos, creo. Aquí se retrasa por lo bajini la edad de jubilación 3 ó 4 años y no pasa nada.
A propósito, Suso de Toro ha escrito una biografía de Zapatero. Por una entrevista que he escuchado (con Suso en actitud de colegiala enamorada), parece que será tan ecuánime como la de Ramonet sobre Fidel Castro.
Comment by Whitard — November 13, 2007 @ 8:27 pm
Una alegría lo de vorverte a leer.
Me has dejado de piedra con lo del libro de Suso, no porque me sorprenda, es conocida su amistad fraternal, más bien por la premura en hacerlo. Supongo que será un librillo de cien páginas…un regalo ideal para el inminente solsticio invernal.
Un abrazo.
Comment by opuesto — November 19, 2007 @ 1:54 pm
Benditos los ojos, opuesto.
Échale un vistazo a los últimos posts de Arcadi y verás algún anticipo de la sutil prosa de este “periodista que incomoda al poder”. Aunque para anticipo la entrevista que le hizo la Nierga.
En fin, y a este señor le tuve que soportar alguna que otra conferencia en la que se quejaba del españolismo de Prisa. Vive Dios…
Comment by Whitard — November 20, 2007 @ 12:22 am