Dentro de las teorías de la conspiración, los dibujos animados son una fuente de mitos de toda clase; desde que los Teletubies promocionan la homosexualidad, hasta que las Tortugas Ninja esconden mensajes satánicos. Pero han sido dos personajes de Disney, en concreto el esquizofrénico Pato Donald y el melifluo afeminado de Mickey Mouse, quienes se han ganado más enemigos en el ala socialista.

 

En el año 1971, Ariel Dorfman y Armand Mattelart publicaron un libro que aún es una referencia básica (y esto, lamentablemente, ya no es broma) en algunas facultades de Ciencias de la Información. Se trataba de "Para leer al Pato Donald comunicación de masa y colonialismo", que se puede leer aquí en el que los autores interpretaban las verdaderas intenciones de estos dibujos animados. Quizá alertados por lo que estas eminencias de la comunicación afirmaban en su libro, años después los palestinos decidieron adaptar sui generis los personajes de Disney. De tal forma que, en lugar de castigar a los niños con el discurso neoliberal capitalista del propagandista Mickey, los chavales palestinos pueden disfrutar de una versión menos cargada de ideología y mucho más multicultural en la que Mickey Mouse muestra su cara más amable al defender las bondades de la yihad.

 


Pero a Hugo Chávez no le va la real politik y pretende cortar de raíz los símbolos del colonialismo norteamericano. De tal modo que en la última reforma de la Constitución Bolivariana de Venezuela ha incluído un artículo que le pondrá las cosas difíciles a estos agentes del neoliberalismo imperialista asesino y malo.

“Se prohíbe el uso de imágenes y artículos de influencia transculturizadora imperialista en todas las entidades públicas, tales como Santa Claus, Mickey Mouse, etc.”

 

Chávez debería aprender de su amigo Kim Jong Il, que ha hecho de Corea del Norte uno de los centros neurálgicos en la producción de dibujos animados. Todos ellos profundamente antiimperialistas, por supuesto.