Cuenta la leyenda que durante las operaciones de salvamento en Nueva Orleans tras el paso de Katrina, Sean Penn quiso echar una mano con su propia lancha motorizada y salió al rescate de todo lo que se movía. Una auténtica proeza, pero Sean tuvo mala suerte: acabó naufragando antes de salvar a nadie y tuvo que reclamar la ayuda de otros voluntarios con menos glamour, pero más efectivos en su trabajo.
 
Otro caso, que lamentablemente no forma parte de una leyenda urbana, como parece que es lo de Sean Penn, es el arrebato de solidaridad que sufrió Sharon Stone en una conferencia de Davos. Xavier Sala i Martin lo relataba en este artículo. El mediático acto de generosidad de Stone tuvo el mismo efecto que el de Seann Penn, pero de forma magnificada. Sharon Stone comprometió millones de dólares, desviándolos incluso de otros proyectos, en una empresa disparatada que nunca se llevó a cabo.
 
En los últimos días, varios actores y estrellas televisivas parecen empeñados en erigirse en estadistas mundiales. Kevin Spacey y Sean Penn son recibidos con honores de Estado en Venezuela y Cuba, Tim Robbins promociona el nuevo libro de Naomi Klein, mientras que John Stewart convierte a Evo Morales en el nuevo mesías americano. Y, como no, Anglenia Jolie se reúne con Javier Solana para solucionar el mundo en la última conferencia de la ONU. El guión empieza a parecerse sospechosamente al de Team America.
 
 
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Los actores envueltos en causas sociales suelen apelar al poder de convocatoria de su imagen para justificarse. Se suele decir que no hay nada más efectivo que una estrella ponga cara a una causa para llamar la atención sobre conflictos y guerras olvidadas. A efectos prácticos puede ser cierto, pero sólo en casos claros y evidentes.
 
En el caso de África y la pobreza, las propuestas de Angelina Jolie y actores secundarios (como el economista fetiche de las estrellas: Sachs), responden a una actitud que Easterly ha acuñado con el título de un poema racista de Rudyard Kipling: "La carga del hombre blanco". Kipling decía que esa carga era civilizar las colonias del Imperio, algo que parecen suscribir muchos actores que, con toda la buena intención del mundo (y desconocimiento) publicitan grandes soluciones para este continente. Lo que proponen son alternativas comerciales que jamás aceptaríamos en Occidente y cuyo éxito no se ha comprobadopero que parecen moralmente más dignas que la explotación capitalista. Por lo tanto, alternativas destinadas únicamente a satisfacer los caprichos caritativos.
 
África es el destino preferido de los ingenieros sociales. En los años 40, a un funcionario del Imperio Británico se le ocurrió plantar grandes extensiones de cacahuete en varios países africanos, con un resultado catastrófico. El proyecto fue designado recientemente por un enonomista como uno de los seis mayores fracasos económicos de la historia del Reino Unido (una inversión superior a 1.000 millones de libras que no tuvo beneficio real). Hoy, otros ingenieros apoyan el "comercio justo" como gran solución a la pobreza de África. Creen que, en lugar del frío y deshumanizado capitalismo tradicional, los africanos merecen una alternativa más civilizadora, acorde a las exigencias morales de Bono y Angelina Jolie. Si funciona o no… Eso ya son tecnicismos. Las estrellas están hechas para cosas más grandes.
  
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Todo esto viene a cuento de un sensato artículo de Soledad Gallego Díaz pubicado en El País:
 
De nada vale que España destine 10,3 millones de euros a Mauritania como ayuda oficial al desarrollo, si luego se limitan sus exportaciones a la Unión Europea (534 millones de euros).