Seis años después del 11S, la plaga de teorías conspirativas en torno a los atentados en el Pentágono y las Torres Gemelas sigue viva en Internet (este blog es testigo). De hecho, el éxito de documentales como Loose Change ha facilitado el acceso de sus directores a entrevistas y tertulias en medios tradicionales, abriendo un absurdo debate público en torno a la “verdadera” autoría de los atentados. Aunque sea para hacer el ridículo en un debate como el organizado por Democracy Now, estos “investigadores” han alcanzado más notoriedad que nunca.

El último hit documental es Zeitgeist, un mix poco original que contiene todos los elementos de sus predecesores. En lo formal: música inquietante, imágenes impactantes y una constante apelación al sentido común del espectador. En el fondo: una antología de hoax, desinformaciones (como la del “suicida vivo”) y acusaciones sin más fundamento que el deseo que falsear la conciencia crítica del espectador.


La mayoría de quienes apoyan estas “teorías sin teoría” (la mayoría de ellos dicen no afirmar nada, solo hacer “preguntas razonables”) se encuentran ligados o bien al nacionalsocialismo (los amigos alemanes de Thierry Meyssan) o a la izquierda más irracional.

Pero no toda la izquierda crítica con la política exterior norteamericana se ha abonado a la irracionalidad de la conspiranoia. Alexander Cockburn, creador de Counterpunch y periodista nada complaciente con la Administración republicana ofrece -precisamente por tratarse de un afamado speaker anti Bush- un testimonio valioso de cómo la irracionalidad del conspiracionismo ha penetrado en los grupos contrarios a la política norteamericana en Irak. En este artículo retrata al grupo de conspiracionistas como una tropa de irracionales que han apuntalado pseudoteorías a partir de una premisa racista: la de que un grupo de musulmanes extranjeros están incapacitados para provocar el mayor atentado en la historia de Estados Unidos. Idea que conecta con la que B.L. Keeley empleaba para explicar el éxito de algunas teorías conspirativas:

…Resulta difícil aceptar que acontecimientos con un impacto emocional tan grande como el que tuvieron en EEUU el asesinato de Kennedy o el atentado de Oklahoma City (el mayor antes del 11-S) puedan haber sido obra de individuos insignificantes.

También en Counterpunch, un físico desmonta una de las supuestas evidencias de que la caída del WTC se debió a una explosión controlada: la de que la torre 7 se derrumbó sin que impactase contra ella ningún avión. Aunque para una explicación técnica, cabe destacar el reportaje de Popular Mechanics.

Y, por último, el documental que el canal Arte realizó hace varios años sobre Thierry Meyssan y la sección de conspiranoicos europeos:
http://video.jeuxvideopc.com/video/iLyROoaftrZm.html

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