La vagueza editorial de algunos medios de este país alcanza cotas insuperables en estas fechas. En su regreso a las pantallas, Iñaki Gabilondo se despachó a gusto (video) contra Pedro Solbes por tratarse de un "político tristón" que "actúa como un contable", cuando debería ser un ministro que "ilusionase a la gente". Todo porque el cenizo de Solbes echó atrás la propuesta de la Junta de Andalucía sobre vivienda.
Al señor Gabilondo le alegrará saber que Europa se ha llenado de políticos tristones de un tiempo a esta parte. Y es que, hace sólo unos años en un país como Dinamarca el generoso Estado de bienestar pagaba el alquiler o la hipoteca a cualquier persona que quedase desempleada. La medida, vista desde el populismo desmadrado de Gabilondo, sería el culmen de la política social y aplaudiría con las orejas al primer iluminado que la implantase en España.
Pero sucede que algún político tristón y grisáceo, quizá contagiado ya por Solbes en Europa, se dio cuenta de que una medida como esta podría arruinar al país en un eventual repunte del paro. Los grisáceos europeos tuvieron que elegir entre un Estado Papá con muchos derechos incapaces de cumplir o una reducción del Estado a cuestiones básicas (eucación, salud…) que sí está habilitado para desarrollar sin restar dinamismo a la economía.
La actitud de Gabilondo da alas a un populismo muy en voga hoy en día en ciertas comunidades, redes y foros en torno a la materia de vivienda, pero que obvia dos cuestiones básicas:
1. A pesar de la retórica electoralista de todos los partidos, el Gobierno no es omnipotente. Carece de muchos instrumentos para fijar una solución total a los precios de la vivienda y, aún teniéndolos, un intervencionismo desmedido podría tener más repercusiones negativas que positivas. Por lo tanto, bien está que el responsable de Economía no actúe como un político de pueblo o dictadura bananera y vaya más allá del electoralismo rancio de Zapatero. A un político se le pide que haga proyectos viables, no que avale una medida disparatada por el mero hecho de ser "ilusionante".
2. Una medida bienintencionada y garantista puede tener repercusiones más nefastas que cualquier otra. Chaves es un experto en esta materia y está capacitado para dar simposios sobre pueblos andaluces hundidos en la mediocridad por obra y gracia de generosos subsidios agrarios.
Curiosamente, el mismo día que Gabilondo cargaba contra Solbes, El País publicaba un sensato editorial en defensa del (aún) Ministro de Economía.
Resulta confuso justificar el proyecto de la junta como mera aplicación de un mandato constitucional. El derecho a la vivienda figura en la Constitución entre los "principios rectores" de la política social: es una aspiración que debe inspirar la legislación sobre esa cuestión, no un derecho directamente invocable ante los tribunales. También es dudosa la viabilidad práctica del proyecto. (…)Es un síntoma de los tiempos que en vísperas electorales se dé más importancia a lo que se promete que al aval de lo que se ha conseguido. Un punto de conexión entre ambas cosas debería ser la exigencia de memoria económica (cómo va a ser financiado) de todo proyecto que se presente, y darlo por no presentado si carece de ese requisito.


Qué espectáculo. Qué verguenza. Ahora resulta (la forma de empezar la frase es mera retórica) que la función del buen político es vendernos un buen perfume, en lugar de gobernar de modo responsable.
Efectivamente, prometer algo a sabiendas de que no se puede cumplir, prometer utópicamente, es indecente.
Y no tiene mayor importancia, porque estos periodistas son medio analfabetos, pero el desprecio de Solbes como “contable tristón” tiene como antecedente inesperado el desprecio que el propio Lenin dispensaba a la economía y la contabilidad, un problema propio del capitalismo burgués que el socialismo solucionaría sin mayores inconvenientes.
Comment by Eduardo — September 11, 2007 @ 12:23 am
Bueno, supongo que lo que Gabilondo entiende por “políticos ilusionantes” son más bien gente del tenor Haniya o Al-Assad. De hecho, él parecía mucho más ilusionado entrevistándolos. O “Arnaldo”, vaya usted a saber.
Pero lo que casi debería preocuparnos más -y, si no lo hace, la culpa es de la costumbre- es que su hermano, con ideas no mucho mejores, sea rector de la supuesta primera universidad de Madrid.
Comment by J — September 11, 2007 @ 2:38 am
Y Gabilondo no esconde ni disfraza eso que dices. No sé si es hilar muy fino, pero llega a decir que Solbes “nos ha estropeado una noticia”. ¿Qué más da que la medida fuese disparatada? Lo importante es atajar el problema, aunque sea simbólicamente.
En cualquier caso, es curioso que los dos últimos ministros de Economía de este país abandonen la política, hartos de las trifulcas en sus respectivos partidos.
¿Hay algún rector con cabeza en este país? En mi ex-facultad nombraron Honoris Causa a Ignacio Ramonet…
Comment by Whitard — September 11, 2007 @ 4:23 am
Es lo de siempre en este gobierno donde Gabilondo es parte esencial de su sistema de márketing: las formas y la estética de las cosas por encima del fondo de la cuestión. Lo importante no es que algo sea un disparate, sino que por culpa de un ministro soso no se ha podido engañar al personal. Y encima va el tío y lo expone sin tapujos…
Comment by batanero — September 15, 2007 @ 11:16 am
¿Hay algún rector con cabeza en este país? En mi ex-facultad nombraron Honoris Causa a Ignacio Ramonet…
En la mía, si no me equivoco, nombraron a Hugo Chavez hace un par de años. Échale…
Comment by Andrés H. — September 25, 2007 @ 2:15 am