Decía Lenin que la mentira es un arma revolucionaria. Rosa Regás, la jíbara, lo ha aprendido bien, como muestra en una antológica entrevista (cortesía de Daniel Tercero). La aún presidenta de la Biblioteca Nacional, la institución cultural más importante de España, según ella (porque el Instituto Cervantes debe estar para adornar las calles de medio mundo), afirma que el consumo de medio está bajando y que se alegra de ello porque…

Los grandes logros sociales de este Gobierno se venden mal porque la prensa no es del Gobierno. Todos van a favor de la oposición. Afortunadamente, cada vez se venden menos periódicos. (…) Hace dos meses que no leo la prensa, ni veo la tele, ni escucho la radio. Porque me inquieta tanto la crispación que no me deja trabajar.

Nada que ver con aquellos adánicos medios en los la señora Regás participaba (tertulias de la Cadena Ser), permitiéndose licencias poéticas como llamar genocida al entonces presidente, pero en un tono nada crispado y siempre constructivo.

Ante este apocalipsis mediático, a Rosa Regás siempre le queda la opción de ponerse los pompones y exiliarse a Bielorrusia como fiel cheerleader roja de Alexander Lukashenko, un hombre que sabe distinguir la libertad y el libertinaje:

Es hora de detener la anarquía en Internet. No podemos permitir que este gran avance tecnológico del hombre se convierta en un basurero de información. Es un enorme altavoz , no sólo de la oposición, sino de voces hostiles a nosotros, de estados hostiles (…) Hay más que suficiente libertad en Bielorrusia hoy, y no menos que en otros países. Si hay límites a las libertades en algún sitio, no vienen de las autoridades, sino del pueblo.

(Vía Enrique Dans.)