La única forma de evitar que esta reducción de la soberanía nacional se convierta en un creciente descontento con la globalización es establecer instituciones supranacionales democráticas y legítimas para ordenar el proceso de integración y reducir sus efectos adversos (Rodrik, 2000; Steinberg, 2007). Problemas globales como la persistencia de la pobreza y el subdesarrollo, el aumento de la desigualdad (tanto entre países como dentro de los países), el deterioro del medio ambiente, el aumento de la volatilidad y la mayor tendencia a las crisis financieras a la que da lugar la integración de los mercados o las reglas comerciales carentes de legitimidad requieren respuestas globales. Ello exige que los países acepten ceder soberanía a instituciones supranacionales porque consideren que estas son legítimas y que les permitirán recuperar parte de la soberanía en política económica que han perdido con la globalización.
 
La cita es de Federeico Steinberg, otra vez desde el RIE, en un artículo interesante pero lleno de boquetes. Steinberg expone los problemas de una Europa desunida ante la explosión de China, India y Brasil, y apela a la creación de organismos supranacionales como respuesta a los desafíos de la globalización. Un ejemplo en la buena dirección sería la Eurozona.
 
Con un euro en máximos históricos puede parecer que su ejemplo es el más pertinente, pero incluso la exitosa Unión Económica Monetaria resulta dudosa a la luz de una paradoja que se da en todos los niveles de la UE y que tiene difícil solución. Con o sin vocación política.
 
1. La política monetaria la fija el Banco Central Europeo, ajena a cualquier directriz externa. Suena bien y está por escrito, pero en la realidad Alemania y Francia se han sorteado su presidencia para garantizarse un mínimo de comprensión. Ahora, Francia (con el presidente más liberal de su historia) pretende ir más allá y sugerir directrices a Trichet. Así pues, aún con un euro en máximos históricos frente al dólar, el modelo norteamericano se muestra menos errático que el europeo. Bloomberg publicaba hoy un interesante artículo comparando las decisiones de Trichet y Bernanke. Creo que ilustra bien la gravedad de la situación en Europa y la falta de independencia del presidente del BCE.
 
2. Ante esta (y cualquier otra) situación, la respuesta de Steinberg y de casi todos los europeístas, sería la de siempre: más desnacionalización. Una propuesta lógica y bienintencionada pero que puede acabar de precipitar la crisis de representatividad que atenaza a la mayoría de organismos comunitarios. Al fin y al cabo, la Comisión Europea no se elige por sufragio universal y el Parlamento tiene poco más que valor consultivo. Los europeístas tienden a subestimar estos problemas, como si fuesen formalismos ajenos al ciudadano común. Pero, hoy por hoy, lo único en la arquitectura comunitaria acorde a nuestras costumbres democráticas es el caduco Estado-Nación. Se puede discutir y tratar de aligerar su toma de decisiones, pero pretender desnacionalizar Bruselas es hacer política ficción. Aunque la música del discurso suene bien.
 
El gráfico, cortesía de Financial Times, tampoco es esperanzador. Poco margen de maniobra tiene la UE para semejante filigrana.