El Real Instituto Elcano ha publicado estos días un estudio sobre las teorías de la conspiración aplicadas al 11-S y al 11-M. El informe, a cargo de Juan Avilés Farré, describe de forma sintética y a grandes rasgos la lógica con la que opera la teoría conspiranoica en ambos atentados. En el caso del 11-M, se echa en falta una referencia a la otra teoría de la conspiración surgida a tenor del 11-M (la del golpe de estado popular), pero eso no desmerece el documento. Avilés Ferré se apoya en un texto de cita un texto de B. L. Keeley para identificar las "versiones alternativas" del 11-M como un caso más de la larga serie de teorías de la conspiración que se producen tras un gran acontecimiento.
 
A menudo, añade Kelley, el atractivo de las teorías de la conspiración injustificadas se basa en que permiten dar una explicación sencilla y completa de grandes acontecimientos. Para mucha gente es difícil aceptar que el mundo se rige por la interacción de múltiples agentes que persiguen diferentes objetivos, sin que nadie pueda controlar los resultados. En particular, resulta difícil aceptar que acontecimientos con un impacto emocional tan grande como el que tuvieron en EEUU el asesinato de Kennedy o el atentado de Oklahoma City (el mayor antes del 11-S) puedan haber sido obra de individuos insignificantes.
La insignificancia de los autores del atentado lleva a pensar que estos son simples cabezas de turco, al servicio de un interés mucho mayor de lo que podamos imaginar. Los descerebrados Thierry Meyssan o Bruno Cardeñosa llevan años viviendo de esta sugerente idea y la saben explotar como pocos.
 
Pero ciñéndonos al caso del 11-S y el 11-M, la pervivencia de la conspiración muestra algo más que la miopía o mala fe de ciertas asociaciones que dicen querer esclarecer la verdad. El hecho de que estas teorías hayan calado en la sociedad puede deberse a cuestiones partidistas, como dice el autor, pero sería impensable que gozasen de tanta popularidad de no ser por una trivialización del terrorismo internacional. Mientras se siga enfocando el fenómeno islamista como una cuestión bizarra y ajena a nuestros problemas, será difícil despejar los fantasmas de la conspiración.
 
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Puestos a plantear teorías de la conspiración, ¿por qué no apoyar la que presentaba South Park en su capitulo "El misterio del urinario"? Al fin y al cabo, quizá la teoría de la conspiración del 11-S sea una hábil estrategia de George W. Bush para hacer creer al mundo que su Gobierno es todopoderoso. Y los peones negros del 11-M, después de todo, quizá estén al servicio de un ZP dispuesto a romper con su imagen de bambi.
 
El capítulo entero, a continuación: