Gunter Wallraff no olvida sus tiempos de periodista gonzo, aquella época en la que se ofrecía como conejillo de indias a empresas farmacéuticas o se prestaba a toda clase de experimentos kamikazes para arrojar luz sobre algún asunto turbio y vivir la marginalidad en carne propia. Uno de sus reportajes más conocidos relata su experiencia como supuesto inmigrante turco en Alemania para denunciar las condiciones en las que vivía esta minoría.

La última idea de Wallraff es leer Los versos satánicos de Salman Rushdie en una mezquita que se está constuyendo en Colonia. La construcción del templo cuenta con la oposición de muchos alemanes. Wallraff no está entre ellos y pretende leer un extracto de la obra de su amigo Rushdie en medio de una congregación de musulmanes para tender puentes entre el Islam moderado y la sociedad alemana. De esta forma demostraría que la comunidad musulmana turca es más tolerante de lo que se tiende a creer y, a la vez, relativizaría el valor de la herejía ante una comunidad de creyentes.

En un momento en el que Ayman al Zawahiri llama al asesinato de Rushdie y de quienes lo han nombrado Sir en Gran Bretaña, pocas pegas se le pueden poner a la iniciativa de Wallraff. Es poco realista, pero si tiene éxito ayudará a marginar las posturas extremistas entre los propios creyentes.

Leo Bassi hizo algo parecido con la plataforma Hazte Oir y no encontró demasiada comprensión de los católicos (aunque alguno sí le confesó haberse tronchado con su reinterpretación del Génesis). Pero el objetivo no es que Leo Bassi o Salman Rushdie prediquen ateísmo desde un púlpito, sino que puedan publicar y actuar con total libertad y que los creyentes sean menos comprensivos con las amenazas de muerte hacia quienes critican sus creencias.