Cuando Hillary Clinton presentó oficialmente su candidatura a las elecciones primarias demócratas, algún columnista quiso ver en ello un síntoma evidente de continuismo de la política norteamericana en los últimos 20 años. Al fin y al cabo, si la senadora por Nueva York gana las primarias y luego las generales, los Clinton y los Bush habrán copado el poder durante dos décadas.

Puede que en muchos sentidos sea cierto, pero en lo que atañe a la política económica, Hillary Clinton rema en la dirección opuesta a su marido. En particular, acusa a los tratados de libre comercio (los mismos fervientemente defendidos por Bill Clinton, como elo Nafta) de abrir una grieta entre la clase media y la alta. Quizá se trate de una estrategia para ganarse por la izquierda los votos que se le escapan de los descontentos con Irak, pero a tenor de lo que se comenta en este artículo parece que las diferencias con su marido en economía son más que anecdóticas.

En cualquier caso, no está sola. NYTimes publicaba hoy un artículo sobre el creciente populismo económico de los candidatos demócratas. Parece que la mayoría pretende venderse como el presidente que protegerá a la población ante los excesos del mal globalizador.

El aislacionismo no es un vicio limitado a los demócratas, pero resulta poco esperanzador que estos ni siquiera tomen nota de los propios think thanks de izquierda norteamericanos, como Third Way. En concreto, este informe (PDF) sobre los mitos del impacto de la globalización en la economía norteamericana sería de recomendable lectura para los candidatos demócratas. 

Barak Obama también podría echar un vistazo a los artículos de su nuevo e incondicional seguidor.