Actualidad, MulticulturalismoJuly 17, 2007 3:04 am

Gunter Wallraff no olvida sus tiempos de periodista gonzo, aquella época en la que se ofrecía como conejillo de indias a empresas farmacéuticas o se prestaba a toda clase de experimentos kamikazes para arrojar luz sobre algún asunto turbio y vivir la marginalidad en carne propia. Uno de sus reportajes más conocidos relata su experiencia como supuesto inmigrante turco en Alemania para denunciar las condiciones en las que vivía esta minoría.

La última idea de Wallraff es leer Los versos satánicos de Salman Rushdie en una mezquita que se está constuyendo en Colonia. La construcción del templo cuenta con la oposición de muchos alemanes. Wallraff no está entre ellos y pretende leer un extracto de la obra de su amigo Rushdie en medio de una congregación de musulmanes para tender puentes entre el Islam moderado y la sociedad alemana. De esta forma demostraría que la comunidad musulmana turca es más tolerante de lo que se tiende a creer y, a la vez, relativizaría el valor de la herejía ante una comunidad de creyentes.

En un momento en el que Ayman al Zawahiri llama al asesinato de Rushdie y de quienes lo han nombrado Sir en Gran Bretaña, pocas pegas se le pueden poner a la iniciativa de Wallraff. Es poco realista, pero si tiene éxito ayudará a marginar las posturas extremistas entre los propios creyentes.

Leo Bassi hizo algo parecido con la plataforma Hazte Oir y no encontró demasiada comprensión de los católicos (aunque alguno sí le confesó haberse tronchado con su reinterpretación del Génesis). Pero el objetivo no es que Leo Bassi o Salman Rushdie prediquen ateísmo desde un púlpito, sino que puedan publicar y actuar con total libertad y que los creyentes sean menos comprensivos con las amenazas de muerte hacia quienes critican sus creencias.

Actualidad, Economía 12:32 am

Cuando Hillary Clinton presentó oficialmente su candidatura a las elecciones primarias demócratas, algún columnista quiso ver en ello un síntoma evidente de continuismo de la política norteamericana en los últimos 20 años. Al fin y al cabo, si la senadora por Nueva York gana las primarias y luego las generales, los Clinton y los Bush habrán copado el poder durante dos décadas.

Puede que en muchos sentidos sea cierto, pero en lo que atañe a la política económica, Hillary Clinton rema en la dirección opuesta a su marido. En particular, acusa a los tratados de libre comercio (los mismos fervientemente defendidos por Bill Clinton, como elo Nafta) de abrir una grieta entre la clase media y la alta. Quizá se trate de una estrategia para ganarse por la izquierda los votos que se le escapan de los descontentos con Irak, pero a tenor de lo que se comenta en este artículo parece que las diferencias con su marido en economía son más que anecdóticas.

En cualquier caso, no está sola. NYTimes publicaba hoy un artículo sobre el creciente populismo económico de los candidatos demócratas. Parece que la mayoría pretende venderse como el presidente que protegerá a la población ante los excesos del mal globalizador.

El aislacionismo no es un vicio limitado a los demócratas, pero resulta poco esperanzador que estos ni siquiera tomen nota de los propios think thanks de izquierda norteamericanos, como Third Way. En concreto, este informe (PDF) sobre los mitos del impacto de la globalización en la economía norteamericana sería de recomendable lectura para los candidatos demócratas. 

Barak Obama también podría echar un vistazo a los artículos de su nuevo e incondicional seguidor.