Cuando en 2002, el régimen cubano encarceló a 60 disidentes políticos, Ignacio Ramonet editó un número de Le Monde Diplomatique que recogía varios artículos supuestamente relacionados con este asunto. Todos ellos se encuadraron en un especial llamado: “Ataque a Cuba”, que planteaba la cuestión como una operación de propaganda anticubana destinada a debilitar el régimen y mover ficha en un plan imperial de EEUU para anexionarse la isla.

Cinco años después, la estrategia defensiva se repite. En esta ocasión es Venezuela la que preocupa a Ramonet, y no precisamente porque vea amenazada la libertad de expresión por los decretos presidenciales de Chávez y el cierre de cadenas televisivas. Lo que preocupa al hagiógrafo de Castro es que Estados Unidos y Europa critiquen estas decisiones que para él resultan lógicas.

Ramonet es un autor de referencia en las facultades de Ciencias de la Comunicación (en la que he estudiado incluso lo nombraron honoris causa). En general, sus libros más críticos con la televisión y el info-timent caen bien entre profesores y alumnos, que tienden a considerarlo un teórico de prestigio, capaz de desenmarañar toda la red de conspiraciones mediáticas creada entre grandes corporaciones y la forma en que estas dominan nuestro pensamiento.

Lo sorprendente de la figura de Ramonet no es que gane apoyos en base a sus libros críticos con CNN y otros, sino que los conserve pese a practicar un tipo de periodismo más sectario, partidista y militante que el que critica. Sirva de ejemplo su biografía de Fidel Castro, en la que fue víctima (y verdugo) del autoplagio del dictador, evidenciando el pobre papel que como periodista ejerció en la redacción. Si como periodista su tarea de mediación se reduce a mero copista de Castro, ¿cabe esperar que como teórico de la comunicación recobre la lucidez y escriba con total independencia?
 
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Pero Ramonet no es el único perfecto idiota entre los intelectuales europeos. The Guardian publicaba recientemente un manifiesto a favor de la decisión de Chavez de cerrar la cadena CRTV. Entre los firmantes encontramos a Tariq Ali y al mismísimo Nobel Harold Pinter.

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Vaclav Havel en el dentista: La mayoría actuaba como si yo no estuviese allí.