Quienes alertaban de que la victoria de Nicolas Sarkozy supondría la eclosión del neoconservadurismo en Europa no deberían sonreír los recientes nombramientos de personajes ligados a la izquierda como ministros y cargos de alto nivel en Francia.
Muchos quieren ver en estos nombramientos de Sarkozy una rectificación respecto a sus posiciones como el ministro de Interior que llamó escoria a quienes incendiaban coches en los suburbios de París. Pero por muy heterodoxo que sea su Gobierno, los fundamentos de ese supuesto extremismo del que continuamente se alertaba permanecen intactos, así como la lucha contra el relativismo moral.
Sarkozy no es un neocón, pero mantiene un discurso que irrita sobremanera a los defensores del multiculturalismo. Como Ignatieff, cree que lo peor de este modelo es la ilusión epistemológica de que nadie puede encontrarse en su casa ni sentirse comprendido si no es entre sus iguales absolutos. Delirio nacionalista que contrasta con la defensa de la nación como motor férreo e intransigente del universalismo de derechos. Por algo Victor Hugo ya gritaba aquello de adiós pueblo, salud hombre.
A pesar de su admiración por Tony Blair, Sarkozy aborrece la real politik suicida propuesta por el consejero del Gobierno británico Tariq Ramadan (con el que polemizó en un programa de la televisión francesa). En consecuencia, ha dado voz a los fundamentalistas ilustrados, a quienes como Fadela Amara -fundadora de Ni putas ni sumisas- encaran directamente la amenaza del islamismo sin caer en discursos complacientes y entienden que el islamofascismo es algo más que un truco de Washington, por muy poco que le guste George W. Bush.
P. ¿Qué siente una mujer de izquierda ante ciertos sectores progresistas que aprueban el velo en aras del multiculturalismo?
R. Estoy totalmente en contra del relativismo cultural. Soy hija de inmigrantes y estoy orgullosa de ello. Y Creo que la libertad y la igualdad son valores universales, válidos para el estudiante chino de Tiananmen, para las mujeres de Soweto, para las madres de los desaparecidos en Latinoamérica, pero también para las mujeres de los suburbios franceses. Lo que no acepto es que se redefinan los conceptos de libertad e igualdad en función del color de la piel.
P. El doble rasero de algunos intelectuales europeos.
R. Exactamente. Es el planteamiento del relativismo cultural me encanta tu cuscús y tu caftán, pero voy a cerrar los ojos si te someten a la ablación o si te casan a la fuerza, porque esa es tu tradición. No estoy de acuerdo con el concepto de choque de civilizaciones del que hablan Bush y Bin Laden. Los dos bandos que se enfrentan en el mundo son, por un lado, los que están comprometidos con la libertad de conciencia y la universalidad de los valores, y por otro, los oscurantistas de todo tipo. Y en ambos lados puedes encontrar árabes, blancos…
Del mismo modo que el actual ministro de exteriores Bernard Kouchner (creador de Médicos Sin Fronteras) no pervirtió su humanismo al apoyar la guerra de Irak (¿cómo no iba a hacerlo después de Ruanda?) ni Amara al formar parte de un Gobierno de signo conservador, Sarkozy no se desmarca de sus principios al girar a la izquierda su Gobierno, más bien los consolida. Pero en una época en la que las urgencias del infantilismo político obligan incluso a simplificar las caricaturas, el panorama de la política francesa puede resultar desconcertante.

