Suena disparatado (y lo es), pero la propuesta de Buchanan (o atribuída a él) de conceder derecho a voto a los niños tiene cierto sentido. Vaya por delante que no se sostiene que el niño pueda votar libremente, sino que tenga derecho a ello pero que sea su padre quien lo ejerza en su lugar mientras sea menor. Se trata de una suerte de despotismo ilustrado porque al fin y al cabo sería el padre quien administraría el voto a su gusto.
Según Buchanan, esta medida ayudaría a acabar con uno de los vicios más frecuentes de los Gobiernos: la insolidaridad generacional, que tiene su manifestación más clara en los endeudamientos a largo plazo. Esta deuda ofrece un beneficio inmediato a los ciudadanos contemporáneos pero condiciona el desarrollo de futuras generaciones, que tendrán que hacerse cargo de un pago muy importante sin verse beneficiados en nada.
Al conceder a un padre el derecho de voto de sus hijos, éste tendería a actuar de forma más responsable y valoraría críticamente aquellas propuestas que prometan beneficios inmediatos a costa de hipotecar a la generación de sus hijos. Sin embargo, es poco probable que, en la práctica, un padre haga ese razonamiento y emplee los votos de sus hijos de una manera distinta al suyo particular.
EconomíaMay 17, 2007 3:11 pm
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Creo que la medida le encantaría a Platón, de tolerar el sistema democrático. En Las leyes establecía que debían imponerse restricciones legales contra los solteros.
Otro problema, que no sé si Buchanan contempla, es que esta medida podría encarnizar aún más las relaciones entre generaciones, sobre todo al estimular el conflicto de los hijos adolescentes.
Comment by Eduardo — May 17, 2007 @ 7:19 pm
Parece descabellada, pero no deja de tener su punto de lógica y razón si se sigue el siguiente razonamiento: los padres son mayores de edad y por tanto tienen el derecho y la obligación de escoger lo mejor para sus hijos -que aunque menores de edad son ciudadanos-. Como tales se ven condicionados por el marco legal en que se desenvuelven y por tanto deberían poder tener algún poder de decisión. Contraejemplo: 2 parejas sin descendencia(4 personas, grupo A) frente a una pareja con 3 hijos (5, grupo B). Tienen que votar para escoger entre más plazas guarderías -la opción preferida de B- frente a cualquier otro destino del presupuesto público -que resulta ser la opción de todos los A’s. Se vota: opción A gana, pero la sociedad en su conjunto pierde (5 sobre 9 ciudadanos).
La idea, no obstante, es peligrosa, ya que causaría serias distorsiones, para mí difíciles de imaginar. No sería extraño que surgiera una nueva generación de proletarios (etimológicamente los que viven de la prole) que vendieran los votos de sus retoños al mejor postor. O que un hijo demandara a su padre llegada la mayoría de edad, basándose en que las opcines escogidas por el padre le han causado algún prejuicio.
Comment by Andrés — May 21, 2007 @ 9:07 pm
Tu ejemplo parece convincente, Andrés, pero creo que los padres no harían un razonamiento tan elaborado de cara a sus hijos. Creo que pensarían: “si es bueno para mí, también lo será para mi hijo”.
Dejando al margen el caso de las guarderías, si a unos padres se les promete una subida de sus pensiones a costa de subirle los impuestos a sus hijos cuando trabajen, ¿crees que no votarían a favor?
Comment by Whitard — May 22, 2007 @ 12:43 am
Como tú creo que en el caso de las subidas de pensiones, la gran mayoría de los padres votarían a favor, sobre todo si no se les presenta la disyuntiva de manera tan clara, si no más bien algo así como “¿estaría dispuesto a mejorar el estado del bienestar mediante una redistribución de la riqueza?” -en este caso riqueza futura-. Dejar en manos ajenas las decisiones propias es siempre muy peligroso. Por eso siempre me ha gustado una frase de Stuart Mill que decía que la decisión de uno mismo es la mejor, no por que sea la mejor en terminos de máximización de beneficios, si no por que es de la que uno se tiene que hacer responsable.
Comment by Andrés — May 28, 2007 @ 10:04 pm