Entre la crispación y el pensamiento zombi
Malos tiempos para la política. El trazo grueso y la ley del "y-tú-más" son el pan nuestro de cada día en el lodazal informativo. Hoy, ante el panorama de tertulias, blogs y medios varios que comentan la actualidad política, pasa por moderado quien mejor administre la bilis y el insulto. Sin embargo, la tan manida crispación (y es un juicio particular) no es más que el efecto de un mal mayor que persistiría aún en el caso de que los analistas y políticos más relevantes mantuviesen cierta educación en las formas y moderación en el fondo de su discurso.
Vicente Verdú lo exponía así en su recomendable columna “La desgana del pensamiento”:
La desgana se alza como el alma central del saber contemporáneo que administran especialmente los políticos. (…)¿Energía nuclear? "No, gracias". El esfuerzo de la discusión se zanja con su eslogan puesto que el pensamiento no posee el deseo de pensar (…) Se llama "pensamiento zombi" o stock knowledge a la batería de conceptos que en una época planean como muertos vivientes sobre una realidad que ya no comprenden. Sobrevuelan como una horda de lugares comunes que tras haber perdido pertinencia se sostienen en manos del poder en cuyo ámbito el esfuerzo de revisión se les presenta tan peligroso como para acabar con ellos mismos en el eventual intento de ponerse al día.
¿Resultado? No hay reflexión crítica. Una capa de ideas mostrencas cubre el cutis del cerebro público, desde la vieja derecha a la vieja izquierda, desde el ministro del ramo al boletín oficial, desde las declaraciones del portavoz a la voz del presidente. No hay, de otra parte, otras versiones que contrapesen realmente esta situación porque, a su vez, los mejores intelectuales han ido disecando su médula en los plantes y trasplantes con el mismo poder.
El 11-M marcó el punto de inflexión. Desde entonces, parece innecesario razonar para elaborar un discurso político. Basta con acumular tópicos y escupirlos compulsivamente para desacreditar la gestión del partido rival, sin necesidad de una exposición elaborada. Y así se entiende que lleguemos al despropósito más absurdo de todos: concebir el ejercicio del gobierno como la oposición a la oposición.
No tenemos nada que ofrecerle en política internacional (ver editorial de El País), no podemos explicarle por qué el vicepresidente de la CNMV se salta la ley de incompatibilidades y sigue en el cargo ni definir con claridad cómo hacer frente a la corrupción urbanística o a lo riesgos de un posible boom inmobiliario. Pero… ¿recuerdan la foto de las Azores y los hilillos de plastilina?
(…)
De cara a las próximas elecciones de 2008, un grupo de norteamericanos interesados en la política (y de diferentes ideologías) han elaborado un blog/medio informativo con espíritu independiente: Oval Office. A la espera de que conozcamos una iniciativa similar en España, tendremos que calmar los nervios con el nuevo diario progresista, dirigido por la personificación de la independencia periodística.


Hola, ¿me puedes escribir a davidballota(arroba)yahoo.es? Es para una cosilla de www.generacionred.net
Un saludo!
Comment by David Ballota — May 13, 2007 @ 4:42 pm
La cosa empezó en el 11s. A medida que aumentaba el desconcierto, los medios se han radicalizado y especializado. Antes de 2001 la mayoría de los medios presumían de “neutralidad”; ahora esto ya carece de sentido, salvo como una estrategia comercial (por ejemplo: captar a los “moderados”) entre otras.
Comment by Eduardo — May 13, 2007 @ 7:07 pm