(…)La petición del voto, la participación en las urnas, la elección libre, componen una constelación de elementos bañados por el aura sagrada de lo democrático. La veneración del derecho a votar, la metáfora de la urna en cuanto sagrario donde comulgamos todos, el horrendo pecado de abstenerse, el gozo de la libertad por el ensalmo de la papeleta, etcétera, confieren un aire seudorreligioso que los políticos cultivan.El elegido será un representante legítimo y mucho más que un ciudadano más: corrupto o no corrupto, su condición queda aforada, amparada para facilitarle el bien o el mal. La política ha perdido casi toda ideología, pero también categoría. Compensatoriamente, sin embargo, ha sostenido el tinglado litúrgico para concederse un rango mediático o presencial. (…) Vicente Verdú
En el artículo, parte de "La hija de la guerra y la madre de la patria", identifica dos formas de privatizar la educación, ambas relacionadas con el dirigismo de dos agentes muy activos en el mundo educativo:
1) La onfaloscopia del sector público. Comenta Ferlosio, y es una realidad que muchos hemos padecido, que desde las 17 Comunidades Autónomas se ejerce un culto desaforado al accidente regional. En virtud de promocionar su identidad, cultura y tradición, se prima la enseñanza de literatura o geografía regional a la literatura o la geografía en sí mismas.
2) El narcisismo al que conduce la privatización a través de una educación a la carta. En este modelo, el niño estudia únicamente para complacer a unos padres vigilantes de que su formación responda a sus principios y objetivos.
Más allá de lo que comenta Ferlosio, la creación de una educación a la carta crea monstruos en sociedades democráticas. Dawkins mostraba alguno de ellos en el documental The root of all evil: la premisa liberal del derecho del padre a elegir la formación de su hijo ha fomentado escuelas cuasi-coránicas en los modelos multiculturales europeos, al igual que centros en los que se instruye creacionismo como teoría científica.
Por otra parte, puede resultar contraproducente la idea de focalizar en el niño todas las atenciones de la educación Un artículo reciente del Wall Street Journal alertaba de que una generación formada en el culto a la persona empieza a tener problemas de cara al mundo laboral. Se trata de jóvenes a los que siempre se les trató como "especiales" (en el buen sentido) y realmente creyeron serlo. ¿Resultado? Según el autor, ahora son inseguros y necesitan constantemente recibir cumplidos. Según otro escritor de la revista Reason, que se ocupa del artículo del WSJ aquí, la otra cara de la moneda del "soy especial" es una generación de jóvenes más responsables: menos drogas, menos tabaco, menos embarazos no deseados y menos delincuencia.
Así pues, ¿Ferlosio o Friedman?
“Generalissimo Francisco Franco is still dead”

Suena disparatado (y lo es), pero la propuesta de Buchanan (o atribuída a él) de conceder derecho a voto a los niños tiene cierto sentido. Vaya por delante que no se sostiene que el niño pueda votar libremente, sino que tenga derecho a ello pero que sea su padre quien lo ejerza en su lugar mientras sea menor. Se trata de una suerte de despotismo ilustrado porque al fin y al cabo sería el padre quien administraría el voto a su gusto.
Según Buchanan, esta medida ayudaría a acabar con uno de los vicios más frecuentes de los Gobiernos: la insolidaridad generacional, que tiene su manifestación más clara en los endeudamientos a largo plazo. Esta deuda ofrece un beneficio inmediato a los ciudadanos contemporáneos pero condiciona el desarrollo de futuras generaciones, que tendrán que hacerse cargo de un pago muy importante sin verse beneficiados en nada.
Al conceder a un padre el derecho de voto de sus hijos, éste tendería a actuar de forma más responsable y valoraría críticamente aquellas propuestas que prometan beneficios inmediatos a costa de hipotecar a la generación de sus hijos. Sin embargo, es poco probable que, en la práctica, un padre haga ese razonamiento y emplee los votos de sus hijos de una manera distinta al suyo particular.
Entre la crispación y el pensamiento zombi
Malos tiempos para la política. El trazo grueso y la ley del "y-tú-más" son el pan nuestro de cada día en el lodazal informativo. Hoy, ante el panorama de tertulias, blogs y medios varios que comentan la actualidad política, pasa por moderado quien mejor administre la bilis y el insulto. Sin embargo, la tan manida crispación (y es un juicio particular) no es más que el efecto de un mal mayor que persistiría aún en el caso de que los analistas y políticos más relevantes mantuviesen cierta educación en las formas y moderación en el fondo de su discurso.
Vicente Verdú lo exponía así en su recomendable columna “La desgana del pensamiento”:
La desgana se alza como el alma central del saber contemporáneo que administran especialmente los políticos. (…)¿Energía nuclear? "No, gracias". El esfuerzo de la discusión se zanja con su eslogan puesto que el pensamiento no posee el deseo de pensar (…) Se llama "pensamiento zombi" o stock knowledge a la batería de conceptos que en una época planean como muertos vivientes sobre una realidad que ya no comprenden. Sobrevuelan como una horda de lugares comunes que tras haber perdido pertinencia se sostienen en manos del poder en cuyo ámbito el esfuerzo de revisión se les presenta tan peligroso como para acabar con ellos mismos en el eventual intento de ponerse al día.
¿Resultado? No hay reflexión crítica. Una capa de ideas mostrencas cubre el cutis del cerebro público, desde la vieja derecha a la vieja izquierda, desde el ministro del ramo al boletín oficial, desde las declaraciones del portavoz a la voz del presidente. No hay, de otra parte, otras versiones que contrapesen realmente esta situación porque, a su vez, los mejores intelectuales han ido disecando su médula en los plantes y trasplantes con el mismo poder.
El 11-M marcó el punto de inflexión. Desde entonces, parece innecesario razonar para elaborar un discurso político. Basta con acumular tópicos y escupirlos compulsivamente para desacreditar la gestión del partido rival, sin necesidad de una exposición elaborada. Y así se entiende que lleguemos al despropósito más absurdo de todos: concebir el ejercicio del gobierno como la oposición a la oposición.
No tenemos nada que ofrecerle en política internacional (ver editorial de El País), no podemos explicarle por qué el vicepresidente de la CNMV se salta la ley de incompatibilidades y sigue en el cargo ni definir con claridad cómo hacer frente a la corrupción urbanística o a lo riesgos de un posible boom inmobiliario. Pero… ¿recuerdan la foto de las Azores y los hilillos de plastilina?
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De cara a las próximas elecciones de 2008, un grupo de norteamericanos interesados en la política (y de diferentes ideologías) han elaborado un blog/medio informativo con espíritu independiente: Oval Office. A la espera de que conozcamos una iniciativa similar en España, tendremos que calmar los nervios con el nuevo diario progresista, dirigido por la personificación de la independencia periodística.(La otra campaña) Sarkozy vs IKEA
Los de Sarkozy no se arrugaron e hicieron suya la estética Ikea para reclamar el cambio en las urnas:
Finalmente, Ikea daba la bienvenida al presidente con este anuncio a toda página (lo he visto en Le Monde):
Curioso experimento el de Ikea, que dificilmente podrá trasladar a España en futuros comicios.
¡Queremos Saber! (11-S y la torre 7 del World Trade Center)
En efecto, la información relativa a todos los atentados y acontecimientos históricos dejan zonas oscuras: dudas, incoherencias y contradicciones que no siempre se aclaran. Es encomiable que mucha gente trate de esclarecer esos puntos, pues sólo arrojando luz sobre ellos se puede profundizar en el análisis y prevenir casos similares en el futuro. Y al fin y al cabo, ¿qué hay de malo en querer saber?
El problema surge cuando la pregunta está más destinada a saciar las apetencias ideológicas o políticas que las puramente informativas. Es entonces cuando la duda concreta y perfectamente racional se integra en una ecuación mucho más discutible.
Naturalmente, los conspiranoicos dicen no afirmar nada y, por lo tanto, no se ven obligados a ofrecer pruebas. Simplemente formulan preguntas y quien se ofenda por ello será porque tiene algo que esconder. Así funciona su lógica blindada. (Igualmente, quien se ofenda ante la “opinión” de que el holocausto fue una invención judía, será porque es un sionista recalcitrante.) En el caso del 11-S, la idea de que la administración Bush sea la culpable del mayor atentado sufrido por Estados Unidos es tan sugerente que ha ganado un considerable número de adeptos dentro y fuera del país.
El pensamiento oligofrénico, revestido de un halo de criticismo hard core, es de gran ayuda. Ya no es necesario superar las aduanas del periodismo (siempre en manos de corporaciones con intereses ocultos) para informarse: la verosimilitud es más relevante que la veracidad y la navaja de Occam para perdedores y conformistas. Por su parte, el debate científico le es innecesario, ¿para qué entrar a debatir con grises ingenieros cuando se puede lograr el efecto de la credibilidad apelando al "sentido crítico" del lector/espectador?
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El lector M también me invita a comentar el caso de la torre 7 del WTC, que se derrumbó el 11-S, sin que se estrellara ningún avión contra ella. Curiosamente, hace algunas semanas un famoso programa de la ABC tocó este tema. Rossie O’Donnell, cual Luis del Pino a la americana, afirmó (video aquí) que el 11-S era la primera vez en la historia que el acero se derritió, sugiriendo (sin afirmar nada, claro) que había gato encerrado en la caída de la torre 7 y dando alas a la teoría conspirativa.
Aunque el informe del NIST sobre este caso aún no ha salido a la luz (se espera que lo haga pronto), Popular Mechanics, revista especializada en tecnología, responde a O’Donnell y a quienes, como ella, ven en la torre 7 la evidencia máxima de la teoría de la demolición controlada a través de un artículo que forma parte del especial Debunking Myths.
El informe del NIST será crucial para quienes tengan inquietud en conocer los pormenores del atentado. Han contado con la participación de más de 200 ingenieros, monitorizado más de 7.000 piezas audiovisuales, entrevistado a 1.000 personas y analizado 236 piezas de acero, durante tres años. Quizá este ejército de ingenieros no cuente con la sabiduría enciclopédica de Rosie O’Donnell y el acné de la verdad de los chavales de Loose Change, pero los informes preeliminares echan por tierra los mitos de la demolición. Quien tenga interés en conocer las respuestas científicas de este grupo de expertos puede acceder a esta página en la que se responden muy sintéticamente las dudas más frecuentes sobre el WTC. Para un análisis más técnico, PDF aquí.
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En el apartado HSAPMST (hiperconspiraciones solo aptas para mentes supercríticas y topeabiertas):
- La versión oficial del sistema capitalista-sionista sostiene que Don Imus fue despedido por la NBC por emitir comentarios racistas. Sin embargo, prestigiosos críticos especializados en todo afirman que alguien quiso tapar la boca a Imus: podía revelar saecretos gubernamentales del 11-S. Y si lo dice el Pravda, va a misa.
¿Ha sido secuestrado el Islam por una tribu de trogloditas medievales? ¿Es el terrorismo una práctica avalada por el Corán o una herejía ante la que los creyentes deberían reaccionar?
Irshad Manji es una canadiense de origen ugandés que está adquiriendo cierta notoriedad, gracias a sus libros y a un reciente documental de la PBS (Faith without fear), en los que carga contra quienes, según ella, pervierten el sentido del Corán y lo radicalizan bajo consignas políticas. Manji es una voz libre y su compromiso con los valores democráticos es mucho más claro que el de otros supuestos reformistas (léase Tariq Ramadán aquí y aquí). Suscribió el manifiesto contra el islamismo, apoya a “fundamentalistas ilustrados” como Ayaan Hirsi Ali, es amiga de Salman Rushdie, ha fundado grupos feministas y declara que su lesbianismo es compatible con su fe.
Tras ver el documental de la PBS y leer algunos textos en su web, uno no puede dejar de apreciar el valor de Irshad Manji y lamentarse de que su interpretación aún represente un simple exotismo, poco representativo dentro del mundo musulmán.
Sin embargo, su voluntarismo resulta ingenuo y estéril cuando apela a los creyentes a valorar únicamente aquellas partes del Corán que promueven la tolerancia y despreciar las que inciten a la violencia y la exclusión. Igualmente, muestra cierta ingenuidad cuando habla de Al Andalus (dedica una buena parte del documental a España) como la manifestación de todas las virtudes del Islam (no es la única), así como una gran ignorancia al presentar a Mansur Escudero como una figura moderada.
En cuanto al valor de la obra de Manji de cara a la reforma y modernización del Islam, no parece que vaya a tener demasiada repercusión, pues su propia práctica religiosa revela una concepción del Islam más próxima al new age que a la religión.
El vacío intelectual existente en el reformismo musulmán acrecienta la figura de Manji y las amenazas que soporta prueban su honestidad. Pero por muy sugerente que resulte ver a una mujer musulmana cargar contra la pedagogía del odio que define a muchos religiosos, defender su condición de lesbiana, cargar sin peros contra el islamismo o defender el Estado de Israel, todo parece parte de un espejismo. Quizá su discurso aquiete y tranquilice a ciertos sectores musulmanes, pero dificilmente su creencia selectiva en el Corán constituirá un referente teológico que abra un cisma entre los musulmanes.
George W. Bush inició su carrera en la Casa Blanca en el año 2000 con gestos de acercamiento a América Latina insólitos hasta entonces para un dirigente norteamericano, tales como iniciar en Mexico su ronda de visitas al exterior. Ocho años después, es probable que se despida con unas relaciones totalmente estancadas con los Gobiernos amigos de la zona.
Si bien el 11-S originó un cambio de estrategia y concentró el interés de la política exterior norteamericana en otra zona del globo, no se puede achacar a esta situación toda la culpa del desinterés por América Latina. No en vano, varios tratados de Libre Comercio –que hoy peligran- se firmaron en fechas posteriores a los atentados y al cambio de rumbo exterior. A partir de entonces, Washington respondió con indiferencia a los continuos ataques verbales de Chavez y amigos, mientras que ha sabido fraguar buenas relaciones con los nuevos Gobiernos de Brasil, Chile o Uruguay, centrando la atención en la estabilidad democrática más que en la afinidad ideológica.
Sin embargo, la última gira de Bush por el continente americano muestra el agotamiento de esta vía. Las promesas meramente verbales con Colombia y Uruguay y la alianza del etanol con Brasil sin apertura de fronteras muestran a Bush como un presidente con las manos atadas por un Congreso dominado por demócratas.
El 30 de junio expira el plazo para que el Congreso renueve los Tratados de Libre Comercio con Colombia, Peru y Costa Rica. Andrés Oppenheimer ha hecho cálculos y no encuentra motivos para el optimismo. El discurso populista del aislacionismo ha ganado adeptos tanto en las filas demócratas como en las republicanas y es probable que los TLC no se prolonguen.
Resulta de lo más disparatado ver a la primera potencia mundial enfrascada en un proceso de atrincheramiento contra la globalización. La recurrente apelación a la destrucción de empleos locales ante la amenaza de la eclosión económica de América Latina forma parte de un discurso demagógico, irresponsable e irracional, como prueba el informe de Third Way The new rules economy, pero muy efectivo si se plantea en los términos apocalípticos de la escuela de los antiglobalización.

Pero al margen de las consecuencias económicas que la no renovación de los tratados de libre comercio pueden tener en América Latina, el Congreso norteamericano debe escoger qué modelo de presidente prefiere alimentar con su política exterior: Lula o Chavez, Bachellet o Morales.

