Últimamente, es muy común dar con comentarios de expertos, tertulianos o bloggers que, con una actitud bienintencionada, proponen actuar de forma preventiva ante cualquier desafío actual. Un claro ejemplo sería el calentamiento global, ante el que muchos aceptan las discrepancias científicas, pero proponen adoptar medidas tajantes como si la peor previsión se fuese a cumplir. Al fin y al cabo, ¿qué podríamos perder? (el Consenso de Copenaghe responde: mucho). ¿Otro ejemplo? El DDT. Aplicado al mundo de la solidaridad con el tercer mundo, el efecto de esta filosofía es brutal.

 

El diagnóstico de muchas Ong a la pobreza de África culpa a la globalización, el dogma neoliberal y el expolio mercantil como factores desencadenantes de la miseria. Así pues, dado que las normas inflexibles de la economía promovidas por Occidente no dan un

respiro a los más pobres, muchas Ong han diseñado un paraguas moral, catalogado como comercio justo para liberar a los africanos de las leyes del mercado y acceder al desarrollo.

El riesgo de una ingeniería económica que atiende a supuestos criterios morales más que a diagnósticos concretos se desprecia con demasiada facilidad. Un comercio no basado en las leyes de oferta y demanda podrá parecer ético a muchas personas occidentales, pero distorsiona y provoca espejismos. Inflar artificialmente el precio del café porque nos parece “poco justo” puede ser un acto bondadoso para con el productor, pero probablemente inducirá a otras personas, que esperan vender por el mismo precio, a cultivar café. ¿Qué pasará si no hay suficiente demanda de “comercio justo” y el productor debe acudir al mercado real, este sí, basado en la ley de la oferta y la demanda?

El espejismo de los precios inflados no solo provoca el empobrecimiento de algunos productores, sino que también origina un importante coste de oportunidad que se traduce en la ralentizanción de la integración de África en el mercado mundial.

 

Xavier Sala i Martín suele prodigarse en anécdotas vividas en Davos. Además del antológico episodio de Sharon Stone y sus mosquiteras para Tanzania (digno del guión de Team América), en un premiado artículo titulado “La esperanza de África” comenta algo que ilustra bien la empanada de moralina y economía de algunos solidarios occidentales:

 

Un dirigente de la ONG Intermon Oxfam le preguntó en voz baja al presidente de Senegal, Abdoulaye Wade, que cómo pensaba aliviar los males que la globalización estaba causando en su país. Su sorpresa fue mayúscula cuando Wade contestó: “¿qué globalización?, ¿qué mercados? ¡La globalización todavía no ha llegado a Africa y mi gobierno está haciendo todo lo posible para que llegue pronto y  podamos beneficiarnos de ella. […] No queremos limosnas, queremos que nos dejen trabajar y competir en condiciones justas”