ActualidadApril 29, 2007 11:49 pm
Europa ha dado la espalda a Paul Wolfowitz en el Banco Mundial. El escándalo que protagonizó al ascender de puesto a su novia en esta institución ha dado pie a que muchos dirigentes europeos pidan su destitución, liberando al mundo de tan pesada carga.

A nadie se le escapa la antipatía que este lúgrube neocón suscita en el viejo continente. Aquí, el retrato de Wolfowitz combina trazos oscuros, “el artífice de la guerra en Irak”, con rasgos caricaturescos, “el de los calcetines rotos”. Sin embargo, sorprende que su gestión del BM sea completamente obviada en sus grandes líneas y que la perspectiva de aquellos países en los que este organismo desarrolla sus principales programas no se tenga en cuenta.

 
En el pulso político entre Europa y Estados Unidos por designar un candidato acorde a su perfil, no hay lugar para África, pero lo cierto es que la mayoría de los países en los que el BM desarrolla sus programas se ha puesto de la parte del ogro neocón.

I would say that Wolfowitz’s performance over the last several years and his leadership on African issues should certainly feature prominently in the discussions . . . . In the Liberian case and the case of many forgotten post-conflict fragile countries, he has been a visionary. He has been absolutely supportive, responsive, there for us . . . . We think that he has done a lot to bring Africa in general . . . into the limelight and has certainly championed our cause over the last two years of his leadership, and we look forward to it continuing.

Antoinette Sayeh, ministra de Finanzas de Liberia. 

La insistencia de Wolfowitz en las políticas de transparencia y anticorrupción de los Estados en vías de desarrollo será motivo de chascarrillos para quienes conciben el análisis político como una tarea de recopilación de disparates de Washington. Y se quedará en eso, como mera muestra de hipocresía del neoconservador de los calcetines rotos, y no como uno de los ejes de desarrollo básicos para los Estados fallidos, porque satisfacer el antojo político y la grandheur europea importa más que la gestión de la institución.

Quizá tenga razón Berkowitz en WSJ cuando dice que el verdadero escándalo del Banco Mundial es que los enemigos del señor Wolfowitz no se preocupan por África.

(También en Doce doce)

Periodismo, Actualidad, ConspiracionesApril 14, 2007 5:03 pm
Existen señales evidentes de que los patrones climáticos de la tierra han empezado a cambiar dramáticamente y que esos cambios pueden presagiar un decaimiento drástico en la producción de comida.
 
Así empezaba un reportaje de Newsweek en 1975 que, visto desde la actualidad, podría entenderse como una previsión en la linea de la interpretación que se suele hacer del último panel del IPCC. La revista ya alertaba de una drástica reducción en la producción de comida, la inminente escasez de recursos naturales y de zonas que, en un corto plazo de tiempo, se harían inhabitables. Un panorama similar al que hoy se nos presenta, salvo por un detalle: el reportaje se titulaba The cooling World.
 
 
El año pasado, la misma revista publicó un artículo retractándose de la teoría del enfriamiento global y confirmando, 31 años después, que la amenaza no era cierta. Pero Newsweek no fue la única revista que se lanzó a la piscina del catastrofismo con la teoría del enfriamiento. El New York Times, Christian Sciencie Monitor, The Times o incluso Science crearon un estado de opinión catastrofista en torno a un futuro gélido en el hemisferio norte, por no hablar de libros conspiranoicos como "The Weather Conspiracy: The comming of the new Ice Age" que citaban supuestos informes de la CIA en los que se confirmarían las peores previsiones.
 
El enfriamiento global engrosa la lista de grandes profecías fallidas sobre el futuro de la Tierra, aunque aún hay científicos que sostienen que pronto viviremos una edad de hielo y otros alertan de los efectos del global dimming (especialmente, después de que la BBC emitiese este documental). En cualquier caso, los científicos y expertos que afirman la existencia del calentamiento global consideran insultante equiparar el sensacionalismo climático de los 70 con la situación actual.
 
Independientemente de la base científica de la teoría del cambio climático, que corresponde juzgar a los expertos, su divulgación a través de algunos medios sí se asemeja a las profecías apocalípticas del enfriamiento global, tanto que resulta muy poco creible. Además de obviar el debate científico sobre las causas o la controversia entre escépticos y defensores de la teoría, se manipula el propio informe del IPCC y se dibuja de forma constante un inminente escenario catastrófico. Como estrategia de venta, esta dinámica puede ser efectiva, pero a la postre será contraproducente para la causa que defienden. Ponerle fecha al fin del mundo no sale gratis; cambiarla cada 20 años, todavía menos. Que se lo pregunten a los testigos de Jehova.
 
 
 
Ante la manipulación de los medios, el racionalismo político:
 
Las naves alienígenas habrían viajado enormes distancias para alcanzar la Tierra antes de estrellarse. Por tanto deben estar equipadas con avanzados sistemas de propulsión y combustibles excepcionales y no contaminantes. Esas tecnologías alienígenas son una alternativa que la humanidad tiene para evitar su dependencia de los combustibles fósiles.
Paul Hallys, ex-ministro canadiense (vía Valdeperrillos).
EconomíaApril 9, 2007 10:16 pm
Últimamente, es muy común dar con comentarios de expertos, tertulianos o bloggers que, con una actitud bienintencionada, proponen actuar de forma preventiva ante cualquier desafío actual. Un claro ejemplo sería el calentamiento global, ante el que muchos aceptan las discrepancias científicas, pero proponen adoptar medidas tajantes como si la peor previsión se fuese a cumplir. Al fin y al cabo, ¿qué podríamos perder? (el Consenso de Copenaghe responde: mucho). ¿Otro ejemplo? El DDT. Aplicado al mundo de la solidaridad con el tercer mundo, el efecto de esta filosofía es brutal.

 

El diagnóstico de muchas Ong a la pobreza de África culpa a la globalización, el dogma neoliberal y el expolio mercantil como factores desencadenantes de la miseria. Así pues, dado que las normas inflexibles de la economía promovidas por Occidente no dan un

respiro a los más pobres, muchas Ong han diseñado un paraguas moral, catalogado como comercio justo para liberar a los africanos de las leyes del mercado y acceder al desarrollo.

El riesgo de una ingeniería económica que atiende a supuestos criterios morales más que a diagnósticos concretos se desprecia con demasiada facilidad. Un comercio no basado en las leyes de oferta y demanda podrá parecer ético a muchas personas occidentales, pero distorsiona y provoca espejismos. Inflar artificialmente el precio del café porque nos parece “poco justo” puede ser un acto bondadoso para con el productor, pero probablemente inducirá a otras personas, que esperan vender por el mismo precio, a cultivar café. ¿Qué pasará si no hay suficiente demanda de “comercio justo” y el productor debe acudir al mercado real, este sí, basado en la ley de la oferta y la demanda?

El espejismo de los precios inflados no solo provoca el empobrecimiento de algunos productores, sino que también origina un importante coste de oportunidad que se traduce en la ralentizanción de la integración de África en el mercado mundial.

 

Xavier Sala i Martín suele prodigarse en anécdotas vividas en Davos. Además del antológico episodio de Sharon Stone y sus mosquiteras para Tanzania (digno del guión de Team América), en un premiado artículo titulado “La esperanza de África” comenta algo que ilustra bien la empanada de moralina y economía de algunos solidarios occidentales:

 

Un dirigente de la ONG Intermon Oxfam le preguntó en voz baja al presidente de Senegal, Abdoulaye Wade, que cómo pensaba aliviar los males que la globalización estaba causando en su país. Su sorpresa fue mayúscula cuando Wade contestó: “¿qué globalización?, ¿qué mercados? ¡La globalización todavía no ha llegado a Africa y mi gobierno está haciendo todo lo posible para que llegue pronto y  podamos beneficiarnos de ella. […] No queremos limosnas, queremos que nos dejen trabajar y competir en condiciones justas”

MulticulturalismoApril 7, 2007 6:44 pm

La polémica en torno a Ayaan Hirsi Ali no es nueva. Quizá se trate de una disputa cíclica en la que varía el personaje que centra el debate pero en el fondo los discursos permanecen inamovibles.

Echando la vista atrás nos encontramos con otra disputa intelectual parecida a la de estas últimas semanas, la que enfrentó a John Le Carre y Salman Rushdie en The Guardian, en 1997. En el intercambio de cartas, Le Carre llegó a responsabilizar a Rushdie de la fatua que había dictado contra él Irán por mostrar una actitud excesivamente arrogante. Le Carre forma parte de un amplio elenco de intelectuales y personajes públicos que van más allá del posibilismo de Buruma y Ash. Para ellos, el fanatismo islámico es un fenómeno que solo se puede atajar operando sobre sus causas, es decir, desactivando unas condiciones sociales que hacen del terrorismo la única acción posible para acabar con los males de estas sociedades: colonialismo, neoliberalismo…

Si fuese así, cabría preguntarse, como hace Sam Harris, dónde están los suicidas cristiano-palestinos o los kamikazes budistas en el Tibet ocupado:

 

Existe un vínculo directo entre la doctrina del Islam y la violencia musulmana. Admitir esta relación sigue siendo un tabú en los políticos liberales [norteamericanos]. Pese a que los liberales sospechan de los fundamentalismos religiosos en general, imaginan consistentemente que todas las religiones, en su alma, enseñan lo mismo y defienden la igualdad Este es uno de los muchos ilusionismos sostenidos por la corrección política.

El buenismo de algunos intelectuales occidentales los lleva a interpretar el terrorismo como una reacción apasionada e inconsciente de unos parias de la tierra que canalizan su frustración por mal camino. Al olvidar por completo el componente religioso y adoptar una interpretación terriblemente occidentalista (como si el terrorismo islámico surgiese con el 11-S) estos intelectuales trivializan y dulcifican el islamismo. No deja de ser una visión tranquilizadora: nosotros los creamos en el pasado con nuestros errores así que nosotros los podremos reconducir con nuestras virtudes en el futuro.

 

Tawfik Hamid, un antiguo integrista musulmán carga en un artículo del Wall Street Journal contra este tipo de discursos:

La tendencia de muchos occidentales a limitarse a la autocrítica obstruye la reforma del Islam. Los americanos demuestran que están contra la guerra de Irak, pero declinan demostrar estar contra los terroristas que secuestran inocentes y los decapitan. De igual forma, tras los atentados de Madrid, millones de ciudadanos españoles se manifestaron contra ETA. Pero una vez que se dieron cuenta de que eran los musulmanes los que se encontraban detrás de los ataques terroristas, suspendieron sus manifestaciones. Este ejemplo envía un mensaje a los islamistas radicales para continuar sus métodos violentos.

En efecto, la reacción ante el 11-M puso de manifiesto la inmadurez de una gran parte de la sociedad española y la indigencia intelectual que atenaza a una izquierda que, como Rosa Regás (nuestra Hebe de Bonafini), no tiene reparos a la hora de glorificar la insurgencia, especialmente si afecta al enemigo americano. Que un referente de la izquierda comprometida califique de “legítima defensa” el asesinato sistemático de niños y civiles es una aberración, pero describe bien el discurso de esta gente. Misterios de la superioridad moral.