MulticulturalismoMarch 28, 2007 11:40 pm

Como decíamos en el anterior post, y antes en otro, Tariq Ramadan provoca reacciones apasionadas en los intelectuales europeos. Recientemente, Ian Buruma le ha dedicado un artículo elogioso en el IHT. Buruma se maravilla de la trayectoria de este exótico pensador musulmán: nieto del fundador de la Hermandad Musulmana, nacido en Suiza, apasionado lector de Nietschze y Dostoievski, consejero de Tony Blair en asuntos de extremismo islámico y referente básico para muchos musulmanes europeos. Con esta trayectoria, ya hay quien lo califica de Lutero del Islam.

Famoso es su “discurso de la dignidad”, destinado a jóvenes inmigrantes de segunda o tercera generación, con el que trataría de canalizar el descontento social y el sentimiento de marginación racial hacia un movimiento de autoafirmación en los principios de un Islam –eso sí- convenientemente matizado. Porque, según Ramadán, el Islam europeo debe buscar su propia tradición, no solo en los textos religiosos de su herencia árabe, sino también a la luz de los valores culturales europeos.

La esperanza de muchos es que este Euroislam propuesto por Ramadán frene la espiral fanática que amenaza el Viejo Continente. Que el choque cultural entre los inmigrantes y la sociedad que los recibe se suavice convenientemente permitiendo a los que llegan participar de un diálogo en el que se puedan cuestionar todos aquellos temas que les inquietan. Ramadán se dirige, pues, a los inmigrantes para que acepten las instituciones europeas y respeten la legalidad vigente, a la vez que insta a los nativos a aceptar el Islam como un elemento europeo más, legitimado para proponer cambios en las leyes.

¿Lutero del Islam o agente doble?

La acusación más común que recibe el intelectual suizo es que mantiene un doble discurso y que sus palabras en los medios poco tienen que ver con el discurso victimista con el que conecta con los jóvenes musulmanes. Ramadán retaba en 2003 a que se probase esta acusación. Lo curioso es que lo hacía en medio de un debate televisado con Nicolas Sarkozy (se puede ver aquí, transcripción aquí y artículo en castellano aquí), en el que proponía una moratoria sobre la lapidación para decidir si apedrear a una mujer estaba avalado por el Islam. El propio articulo de Buruma pone de manifiesto algunos puntos oscuros del discurso de Ramadán:
Nos corresponde a nosotros decidir qué significan [refiriéndose a los valores islámicos]. Yo cumpliré las leyes, pero solo si ellas no me obligan a hacer algo contra mi religión. Un musulmán debería poder ejercer, enseñar y actuar en nombre de su fe. Si una determinada sociedad me arrebata este derecho, yo resistiré y lucharé contra esa sociedad.
En su última respuesta a la polémica sobre Hirsi Ali, Pascal Bruckner alerta del peligro de este tipo de razonamientos de los que se nutre el modelo de sociedad multicultural:
El derecho a la diferencia se transforma rápidamente en la diferencia de derechos, con la cual los creyentes pueden ser resguardados de la contaminación de impías –y por lo tanto impuras- ideas y comportamientos.
Es muy común la idea de que Europa necesita replantearse sus principios a la baja y flexibilizar la vocación humanista de sus instituciones para lograr, si no una convivencia, al menos una coexistencia pacífica y más o menos civilizada con los inmigrantes o nativos musulmanes. Una representante socialdemócrata en un debate del Foro de Davos sostenía que "los derechos humanos son universales pero no absolutos". Bruckner carga contra la insensatez de quienes creen que esta estrategia templará los ánimos de los extremistas. "Después de todo, el régimen oscurantista de Arabia Saudí no impidió el surgimiento de Al Qaeda". Y va más allá:
No basta con condenar el terrorismo. La religión que lo engendra y en la cual se basa, acertadamente o no, debe también reformarse. ¿Podría entenderse la Inquisición, la quema de brujas, las cruzadas y la condenación de herejes sin referirse a los dogmas del catolicismo romano? Ha llegado la hora en que el Islam haga lo mismo que el Catolicismo en el siglo XV: doblegarse a la modernidad y adaptarse a las mentalidades contemporáneas.
Actualidad, MulticulturalismoMarch 23, 2007 2:47 pm
El debate tiene poco eco en España. Aquí los intelectuales no superaron el siglo XX y reviven con una ilusión pasmosa tópicos reserios que hasta a alguien de 23 años le resultan rancios. No obstante, quizá el discreto encuentro celebrado por la Fundación Carlos Casares en Mondariz formó parte del preludio.

Lo cierto es que la polémica a tres bandas entre Ian Buruma, Garton Ash y Pascal Bruckner que comentaba en otro post se ha tornado en un debate en toda regla sobre Europa, el laicismo y los efectos del modelo multicultural en los países receptores de inmigrantes, siempre con la autobiografía de Ayaan Hirsi Ali como telón de fondo.

Por ello, dedicaré una serie de posts a reseñar algunas opiniones que se han cruzado en el debate.

Ayaan Hirsi Ali vs Garton Ash

Calificada por Ash como una fundamentalista ilustrada, Ayaan Hirsi Ali ha sido el blanco de otros muchos intelectuales tras la publicación de su autobiografía. Quizá la acusación más disparatada (pertinentemente recogida por Arcadi Espada) fue la de una periodista española que acusó a Ali de joderle la vida a la gente de su alrededor (vecinos, deiputados, familiares…). ¿Cómo? Siendo amenazada de muerte y paseando por Holanda sus guardaespaldas. “Holanda se le queda pequeña a Ali”, se titulaba la noticia.

En efecto, Ali ha sido encasillada en la categoría de intelectuales tránsfugas, de esos que se hacen de derechas cuando crecen. O peor: una neocón en toda regla al servicio de la islamofobia institucionalizada.

Desde el otro lado del charco, una columnista del Washington Post se sorprende de la reacción de los intelectuales europeos:

 

“Ella continúa provocando a los europeos, a veces sin decir nada. Curiosamente, lo que más parece enfurecer a los europeos es el entusiasmo con el que Hirsi Ali adoptó sus mismos principios seculares y el fervor con el que ha abrazado idénticos valores occidentales que ellos. Aunque estos intelectuales suelen menospreciar al Papa como un dinosaurio irrelevante, el rechazo de Hirsi Ali a la religión parece ponerlos nerviosos”.

 Mientras, Timothy Garton Ash se lamentaba en un artículo -traducido por El País- que se le hayan atribuido “diversas opiniones infames e imprecisas” sobre ella y recordaba un viejo principio de la lucha contra el comunismo solidaridad absoluta en defensa de las personas injustamente perseguidas y libertad total para discrepar de sus opiniones.

Para Garton Ash, es un error dar demasiada importancia al sector laico procedente del Islam. Dado que el laicismo es una posición minoritaria y poco representativa dentro del mundo islámico, sería necesario tender puentes con los sectores religiosos moderados para desactivar la bomba teológica del extremismo. Lo curioso es que, al mismo tiempo que aboga por afianzar una interpretación moderna y democrática del Islam, reconoce que esta hermenéutica es aún minoritaria.

El voluntarismo de Ash con respecto al Islam es indudable, pero también inconsciente y peligroso. Plantear el debate de los derechos humanos a través de un prisma religioso puede ser una real politik efectiva a posteriori, pero el riesgo de alimentar involuntariamente la militancia religiosa es indudable. Más aún cuando este debate afecta a sociedades plenamente democráticas en las que, sin más criterio humanitario que la doctrina religiosa de una minoría, se ponen en cuestión todos sus pilares.

Garthon Ash cree que ayudando al Islam a modernizarse, su credo se amoldará en lo esencial a los principios de Occidente y que aplicando criterios de oportunidad frente al rígido universalismo humanitario se puede desarmar la lógica extremista. Ali, conocedora de la base teórica de la que se nutre el extremismo, considera que la única forma de enfrentar la religión es individualizándola y supeditándola a valores que muchas veces chocan con el sentido de ciertos textos religiosos:

¿Por qué abandonó su religión?
Sentí que me estaba convirtiendo en una apóstata tras el 11-S. Todas las declaraciones que Osama Bin Laden y su gente citaron del Corán para justificar los atentados, las busqué y estaban allí. Bin Laden citaba verdaderamente las aleyas de nuestro texto sagrado. “¡No es posible!”, pensé. Pero lo era, ¡allí estaban! El rechazo fue algo natural.
Recientemente, Ali se ha sumado al manifiesto de St. Petersburg, apoyado por creyentes y escépticos de origen musulmán. Es poco probable que la iniciativa tenga repercusión. Al igual que algunas asociaciones de ex-musulmanes en Europa, romper con el Islam es ponerse en la diana de los fanáticos y exponerse a la cólera del buenismo occidental. Pero al margen de esto, el manifiesto es un soplo de aire fresco que -independientemente de que sean pocos quienes lo sucribirían en ciertas sociedades- era necesario.

 



 
Así pues. Muchos intelectuales occidentales creen que Ali es demasiado radical y maximalista en sus principios y por tanto no puede ser una portavoz válida para aquietar el Islam. ¿Candidatos? Ian Buruma tiene uno y se llama Tariq Ramadan. Volveremos sobre él.
EgoblogMarch 22, 2007 12:15 am
Por cuestiones ajenas a la voluntad del abajo firmante (i.e. analfabetismo blogger, desconexión y cierta desgana), Trampa 22 ha permanecido algunas semanas bajo régimen de low-posting. Dada la controversia que esta decisión ha suscitado en foros internacionales, las drásticas caídas de las bolsas y las millones de solicitudes y huelgas de hambre que exigían retomar el blog, el consejo editorial ha decidido continuar la empresa. No se descarta que mañana se cambie de opinión.
 
 
 
 (Foto vía Babes with books)
ActualidadMarch 21, 2007 10:54 pm

Ni Gustavo de Arístegui, ni Carlos Malamud, ni siquiera Ignasi Guardans. El elegido por Casa de América para acompañar al ministro de Exteriores español en el debate sobre "Derechos Humanos, seguridad jurídica y desarrollo económico en Iberoamérica" fue el Premio Nobel de la Paz (según Baltasar Garzón, moderador del encuentro) José Saramago. Poco puede decirse de la antología de disparates que profirió este simpático intelectual para todo, pues resulta tan previsible, buenista e hipócrita como las palabras de su mujer en la manifestación del sabado ("Madrid es el centro moral del mundo"… "Somos los mejores"). Aunque si alguien tiene interés puede ver el encuentro aquí.

Lo que sí sorprende es que un foro prestigioso, como el de la Casa de América que pretende abordar con seriedad algunos asuntos importantes de la actualidad cometa el disparate (y no es el único) de invitar a Saramago, como si de un analista con capacidad para debatir la política exterior española se tratase. La miopía no estriba en el hecho de invitar a alguien con una perspectiva política que nos gusta más o menos, moderada o extremista, sino en que se trate de una personalidad sin más criterio de análisis que el que le dicta su antojo político, eso sí, avalado por su áurea de escritor pretendidamente lúcido e intelectual "de referencia". Necesario, que se suele decir.

 

El exceso de intelectuales, escritores y periodistas no especializados en debates de política exterior -más allá de su militancia partidista, aunque siempre suele ser parecida- es un síntoma claro de inmadurez política. Aunque España es ya la octava potencia económica del mundo, el marcado carácter antieconómico de muchos intelectuales y ciertos medios, así como las pocas luces de una Universidad ajena al ritmo del mundo, han impedido poner en marcha iniciativas necesarias en el ámbito del pensamiento y la política.

Hace unos meses, El País recogía un artículo-manifiesto de Emilio Ontiveros, Mauro Guillén y Javier Santiso en el que defendían la creación de un think-tank español con el foco puesto en América Latina:

España carece de un gran centro de excelencia cognitivo, de un think-tank puntero sobre los mercados emergentes latinoamericanos y los emergentes en general. No deja ser una paradoja que el país donde se concentra la mayor capacidad analítica universitaria de Europa sobre América Latina esté en Inglaterra, con el Latin American Centre de la Universidad de Oxford como punta de lanza, un país que ni de cerca ha volcado los miles de millones invertidos por las empresas españolas en la región. Sin embargo, nada comparable en España, a pesar de algunas islas de gran calidad como en la Universidad de Salamanca o en la Ortega y Gasset. Tampoco instituciones públicas como el ICO, mediante su Fundación, o el ICEX, tienen una potencia de fuego analítica o servicios de estudios que generaría hoy en día esa valiosa información sobre los lejanos mercados emergentes.

Si la implicación es relativamente baja en un continente con el que nos une la historia, la cultura y migraciones de ida y vuelta, qué decir de la política exterior en el Norte de África, aún sin referencias claras pero urgente por necesidad. El conflicto del Sahara es, quizá, la encrucijada más significativa. Allí donde el Gobierno tiene que decantarse entre crear un conflicto con Marruecos o exponerse a la estrategia Gazpron de Argelia (estratégicos cortes de gas) muere la inacción exterior, bautizada por el Psoe como Alianza de Civilizaciones. ¿Tendrá la capacidad este Ejecutivo de definir una línea política exterior clara, sólida y de consenso en torno al Sahara? ¿O a cualquier otro conflicto exterior?

 También en Doce Doce

ActualidadMarch 8, 2007 6:10 pm

1

Una película reciente, titulada “El último rey de Escocia”, rescata del pozo de la historia las atrocidades que Idi Amin Dada cometió en Uganda entre 1971 y 1979. La película narra la ficticia amistad que el carismático dictador fraguó con un joven médico escocés y cómo éste sólo reconoce las barbaries de Amin cuando ya es demasiado tarde. La emocionante personalidad del sátrapa había eclipsado por completo sus actos, la empatía sustituyó al criterio y la fe a la conciencia. El escocés, creyendo que Uganda había encontrado su mesías, se integró en la maquinaria del terror y alimentó ciegamente al monstruo.

Testimonio histórico mucho más preciso y demoledor que la película es el autorretrato que Barbet Schroeder facilitó al dictador ugandés para venderse al mundo. El documental Idi Amin: autoportrait, accesible a través de Google Video, fue concebido por el dictador como un arma de propaganda pero su fuerza no se diluye en consignas y apologías de la política al uso. La insistencia de Amin en resaltar su persona lleva a situaciones disparatadas y surrealistas, pero igualmente aberrantes, como cuando celebra una reunión de ministros con un único punto en la orden del día: la necesidad de educar al pueblo en el amor a su lider.

2

Otro dictador que se ganó el favor de numerosos intelectuales, y aún lo hace hoy, con el prestigio de su personalidad y la magia de su carisma fue Fidel Castro. Estos días se publica en Estados Unidos un libro (The man who invented Fidel Castro) que recoge la historia del primer periodista norteamericano que entrevistó a Fidel: Herbert L. Matthews. Al igual que el médico de Amin, Matthews intuía claroscuros en la figura de Fidel Castro, pero se dejó seducir por su magia e hizo de sus crónicas sobre la guerrilla que derrocó a Batista una rendida hagiografía al héroe barbudo.

El propio Castro reconoció más tarde que había manipulado deliberadamente a Matthews con fines propagandísticos, pero el caso no previno errores similares en el futuro. Oliver Stone demostró que Castro es el tirano favorito de Hollywood en Comandante, cuyo patetismo cuesta creer que no sea deliberado y similar al del documental de Schroeder, mientras que Ignacio Ramonet le regaló una biografía a cuatro manos, en la que el dictador se autoplagió páginas enteras, dejando en evidencia el curioso sentido del rigor metodológico del director de Le Monde Diplomatique.

Continúa en Doce Doce.