Identidad y multiculturalismo. El gran debate europeo (II) Tariq Ramadan, el extremista moderado
Como decíamos en el anterior post, y antes en otro, Tariq Ramadan provoca reacciones apasionadas en los intelectuales europeos. Recientemente, Ian Buruma le ha dedicado un artículo elogioso en el IHT. Buruma se maravilla de la trayectoria de este exótico pensador musulmán: nieto del fundador de la Hermandad Musulmana, nacido en Suiza, apasionado lector de Nietschze y Dostoievski, consejero de Tony Blair en asuntos de extremismo islámico y referente básico para muchos musulmanes europeos. Con esta trayectoria, ya hay quien lo califica de Lutero del Islam.
Famoso es su “discurso de la dignidad”, destinado a jóvenes inmigrantes de segunda o tercera generación, con el que trataría de canalizar el descontento social y el sentimiento de marginación racial hacia un movimiento de autoafirmación en los principios de un Islam –eso sí- convenientemente matizado. Porque, según Ramadán, el Islam europeo debe buscar su propia tradición, no solo en los textos religiosos de su herencia árabe, sino también a la luz de los valores culturales europeos.
La esperanza de muchos es que este Euroislam propuesto por Ramadán frene la espiral fanática que amenaza el Viejo Continente. Que el choque cultural entre los inmigrantes y la sociedad que los recibe se suavice convenientemente permitiendo a los que llegan participar de un diálogo en el que se puedan cuestionar todos aquellos temas que les inquietan. Ramadán se dirige, pues, a los inmigrantes para que acepten las instituciones europeas y respeten la legalidad vigente, a la vez que insta a los nativos a aceptar el Islam como un elemento europeo más, legitimado para proponer cambios en las leyes.
¿Lutero del Islam o agente doble?
Nos corresponde a nosotros decidir qué significan [refiriéndose a los valores islámicos]. Yo cumpliré las leyes, pero solo si ellas no me obligan a hacer algo contra mi religión. Un musulmán debería poder ejercer, enseñar y actuar en nombre de su fe. Si una determinada sociedad me arrebata este derecho, yo resistiré y lucharé contra esa sociedad.En su última respuesta a la polémica sobre Hirsi Ali, Pascal Bruckner alerta del peligro de este tipo de razonamientos de los que se nutre el modelo de sociedad multicultural:
El derecho a la diferencia se transforma rápidamente en la diferencia de derechos, con la cual los creyentes pueden ser resguardados de la contaminación de impías –y por lo tanto impuras- ideas y comportamientos.Es muy común la idea de que Europa necesita replantearse sus principios a la baja y flexibilizar la vocación humanista de sus instituciones para lograr, si no una convivencia, al menos una coexistencia pacífica y más o menos civilizada con los inmigrantes o nativos musulmanes. Una representante socialdemócrata en un debate del Foro de Davos sostenía que "los derechos humanos son universales pero no absolutos". Bruckner carga contra la insensatez de quienes creen que esta estrategia templará los ánimos de los extremistas. "Después de todo, el régimen oscurantista de Arabia Saudí no impidió el surgimiento de Al Qaeda". Y va más allá:
No basta con condenar el terrorismo. La religión que lo engendra y en la cual se basa, acertadamente o no, debe también reformarse. ¿Podría entenderse la Inquisición, la quema de brujas, las cruzadas y la condenación de herejes sin referirse a los dogmas del catolicismo romano? Ha llegado la hora en que el Islam haga lo mismo que el Catolicismo en el siglo XV: doblegarse a la modernidad y adaptarse a las mentalidades contemporáneas.


