Actualidad, EconomíaFebruary 13, 2007 5:46 pm
Izquierda hardcore y capitalismo
"La moral representa el modo en que a las personas nos gustaría que funcionase el mundo, mientras que la economía representa cómo funciona éste en realidad". Lo repiten Levitt y Dubner varias veces a lo largo de su best seller Freakonomics, una colección de disparatadas verdades estadísticas que chocan de lleno con lo comúnmente aceptado. Y es que resulta poco vendible la idea de que la legalización del aborto genere una caída en picado de la tasa de delincuencia o que los narcotraficantes ganen en su mayoría muy poco dinero (razón por la que viven con sus madres). Aunque ninguna idea de las que plantean es más políticamente incorrecta que la que propuso Adam Smith como piedra fundacional del capitalismo: que dos personas motivadas por intereses personales opuestos logren el equilibrio del sistema.
Es indudable que cierto sector de la izquierda se ha resignado a aceptar el capitalismo como único sistema viable, operando ya sólo sobre "defectos" y "excesos" y acentuando el presupuesto social en las partidas públicas. Incluso se dan casos como el de Miguel Sebastián, candidato del Psoe a la alcaldía de Madrid, que llegó a decir que su partido es el más liberal del sistema político español (ahora, en precampaña, evita el término liberal y prefiere definirse como "abierto") y defiende una notable bajada de impuestos. Que el candidato del Psoe a la capital de España sea un experimentado economista, a veces más liberal que Rodrigo Rato (propuso el tipo único en el reforma del Irpf), habla bien de la evolución del pensamiento económico del partido de referencia de la izquierda española. Y no es este el único caso. La transformación de Lula (con las canas llegó la sensatez) o la apertura de la socialdemocracia chilena con Lagos y Bachelet dan fe de una izquierda moderna que busca la eficacia por encima de resesias quimeras retóricas.
Sin embargo, el soporte intelectual de la izquierda no se ha movido un centímetro de las posiciones antiliberales que la caracterizaron históricamente. La semana pasada, un grupo de intelectuales franceses lo pusieron de manifiesto con una nota en Liberation en la que decían sentirse orgullosos de pagar impuestos y reclamaban a los candidatos electorales que no hiciesen demagogia con las promesas de rebajas fiscales. Por interés, ignorancia o pura ceguera, esta izquierda se agarra al Estado Papá como única referencia válida en las turbias aguas de la globalización. Anclados en la idea de que la coacción del Estado es más dulce que los imperativos del mercado, estos intelectuales creen que se puede suplir la generación de nueva riqueza con la distribución de la existente.
Quizá el mantra antiliberal ("más regulación", "más Estado") y los tópicos globofóbicos (el miedo al fontanero polaco) sirvan de anestesia y placebo moral (ah, la superioridad de la izquierda) con el que entretenerse mientras China e India realizan el camino inverso, pero dudosamente se puede sostener que un Estado hostil a la iniciativa privada vaya a poder hacerse cargo de la utopía social que promete a los ciudadanos. Ante esta ecuación imposible, una parte de la izquierda se plantea nuevas fórmulas operativas que incentiven la creación de riqueza y mecanismos que limen el exceso de desigualdades; la otra chapotea en la vieja retórica socialista, cada vez más acartonada y delirante, heredera de los logros del edén cubano (v.g. el brillante programa de cambio de bombillas). Que Alcaraz nos guíe hacia él.


Yo no creo que la izquierda se caractice históricamente por su oposición al liberalismo, por lo menos no más que la derecha. En la Grecia antigua, por ejemplo, la oposición al imperio comercial ateniense procedía más bien de la “derecha”, del partido oligárquico. Platón o Aristóteles, también partidarios de la aristocracia, y difícilmente coordinables con la idea de izquierda, también fueron “enemigos del comercio”. Otro contraejemplo: nadie diría que los liberales españoles de 1812 representaban la derecha política.
Lo de los mantras es un problema. Pero es que también hay mantras en el liberalismo. De hecho últimamente abundan: “Menos intervención”, “Menos estado”. Lo que ocurre en la “realidad”, al contrario, es que los estados ausentes o fracasados no son capaces de generar economías dinámicas.
Es muy difícil dar una definición “científica” de la economía. Es evidente que la ciencia económica debe estar en conexión con la “realidad”, pero la realidad económica está compuesta por términos que no son neutros, los agentes económicos son también personas o tienen una relación directa con ellas -razón por la que es muy difícil separar completamente los temas morales. Esta dificultad no es solo moral, sino epistemológica. Por lo que llevo estudiado, la verdad de la economía debe estar en algún lugar entre el moralismo económico y la economía neutralista.
Comment by Eduardo — February 13, 2007 @ 9:17 pm
Estoy de acuerdo en que los mantras afectan igualmente al liberalismo. Quería dedicarle un post a uno de ellos que me parece especialmente peligroso: la privatización de la enseñanza primaria y secundaria como vía para acabar con los conflictos religiosos. Recuerdo a Vargas Llosa defendiendo las bondades del modelo británico frente a la prohibición del velo en Francia, pero he perdido la referencia del artículo.
Y luego hay casos sangrantes, como lo de Somalia, del que tú mismo has dado cuenta.
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Con respecto a la economía y la moral, lo chocante es que se sacralicen ciertas ideas independientemente de si su plasmación en la realidad supondría acabar con el sistema democrático. Es curioso el caso de Cuba. Ya pueden nadar en la miseria a expensas del Partido que, por el hecho de tratarse de un régimen socialista no contaminado por el capitalismo, la mierda parece oro a ojos de ciertos pensadores.
La democracia liberal está desamparada intelectualmente. Será todo lo eficiente que queramos pero no suscita esa atracción colectiva de los sistemas totalitarios. El interés de la gente se difumina en un consumismo compulsivo y acrítico en algunos casos. En otros se muta en resentimiento, en nostalgia de tribu. Y en la mayoría persiste un poso de sentimiento de culpabilidad inducida y fácilmente maleable, dada la cultura antieconómica de periodistas, escritores, académicos y políticos (algunos).
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Es una chorrada, pero el otro día leí en El País un artículo (hagiográfico) sobre Oleguer y, como no, le caía el adjetivo de marras: un chico comprometido. ¿Se lo pondrían también a Salva Ballesta o a aquél jugador italiano que hizo el saludo fascista a la grada? ¿Por qué se concede a la izquierda paleolítica ese plus moral? ¿Por qué cuando es roja, la utopía colectiva resulta más tolerable? ¿Porque nunca la padecimos?
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Quizá China y su comunismo de mercado guste más. En Shangai, el principal monumento es una estatua al consumidor. Una chorrada como otra, pero como marketing político está muy bien. Aunque eso de que American Express promocione estatuas de Mao puede herir sensibilidades.
Comment by Whitard — February 14, 2007 @ 11:50 am
Estoy de acuerdo. Solo matizar que cuando critico la economía “inmoral” no me refiero a que cualquier moralismo económico sea correcto, pues es evidente que las mejores intenciones no conducirán, necesariamente, a un mundo mejor. A lo que me refiero es a que la economía política, en un cierto sentido amplio, trata de personas; pero no sólo por razones “éticas”, sino epistemológicas, gnoseológicas; las sociedades de personas son partes del campo económico.
Comment by Eduardo — February 14, 2007 @ 3:47 pm
Me apunto como lector de esta tu casa. Blog añadido a mis enlaces.
Un saludo,
Luis I. Gómez
Comment by Luis I. Gomez — February 17, 2007 @ 11:03 pm