El último Premio Nobel de Economía, Edmund Phelps, ha pasado por España para pronunciar una conferencia en la Fundación Rafael del Pino. El eco de su visita ha sido muy reducido en los medios (también en la blogosfera), pero algunos periódicos especializados han aprovechado para entrevistarlo. En Expansión, preguntado por las causas del crecimiento desigual de Europa y Estados Unidos (algo de lo que hablaba en un artículo reciente), dice:

… Me refiero a la limitada apreciación del esfuerzo individual que se hace en Europa. Los empresarios son fundamentalmente para la prosperidad económica, y aquí se habla de ellos como de alguien que trata injustamente a los trabajadores.  (…) En Alemania, la gente que tiene dinero prefiere decir que lo ha heredado antes que afirmar que ha hecho esfuerzos extenuantes para conseguirlo. La sociedad estadounidense aprecia el esfuerzo de los emprendedores, y lo agradece.

Phelps no descubre nada nuevo, pero su desconcierto apunta en la dirección correcta. Al igual que Keynes en su visita a España en 1930, que se sorprendió al saber que en nuestro país ni siquiera existía una facultad de Ciencias Económicas, Phelps se da cuenta de la debilidad filosófica de un sistema acomplejado por prejuicios y moralismos anticapitalistas.

Como resultado tenemos algo que adviertía Sala-i-Martín, también en una entrevista reciente:

 -Cuando me preguntan sobre competitividad, explico que los españoles se comportarían bien en el caso de que fueran árboles. Uno crece en Olot, se educa en Olot, a lo sumo va a Barcelona a la universidad, se casa con una chica de la pandilla de Olot, propietaria de una farmacia en Olot y tienen niños olotinos que siguen la tradición. Es el programa perfecto para un árbol: produce un nuevo fruto que madura y cae y nace la nueva planta al lado. Pero es un problema cultural en un mundo global y competitivo, porque este chico podría ser un gran petroquímico en Tarragona en vez de acabar aburrido en un banco de Olot. Esta tara la multiplicas por 40 millones de españoles o 450 millones de europeos y ves que hay un grave problema. En el sur de Europa hay un problema de legislación laboral pero también de mentalidad. Hay una falta de flexibilidad para cambiar de lugar, pero incluso para cambiar de sector: muchos se quedan en el paro antes de irse a otro sector. La gente todavía cree que la universidad es una formación profesional y eso no pasa en Estados Unidos; una cosa es tener cultura y otra es el trabajo.

En resumen: «Mis alumnos en Nueva York se preparan para salir, crear su empresa y triunfar; los de Barcelona, para trabajar en la Caixa»

Quizá sea políticamente incorrecto reivindicar la filosofía empresarial de los USA en el país más antiamericano de Europa. Tampoco es necesario hacerlo. Si no nos gustan los yanquis, quizá podríamos aprender de los jóvenes indios, que consideran a Bill Gates como modelo a imitar (¡por encima de Gandhi!).