En Diario de fin de siglo, las anotaciones diarias de Jean-François Revel a lo largo del año 2000, surge de forma recurrente el tema de la obsesión impositiva del Estado francés y la alegría con la que los responsables de la aún por entonces vigente Cohabitación (Lionel Jospin y Jacques Chirac) despilfarran el dinero público bajo pretextos culturales y sociales. Del mismo modo, ataca a unos políticos tibios, incapaces y dispuestos a renunciar a reformas urgentes cuando surge contestación en la calle, y desgrana un repertorio variado de quejas y frustraciones personales motivadas por la desidia de funcionarios y representantes públicos.
Sería fácil alegar que Revel se contradice pidiendo menos impuestos y mejores prestaciones y que lo lógico sería sumarse a la letanía socialista de cierta izquierda (¡más Estado!) si se quieren unos servicios públicos apropiados. Idéntica reacción a la de cierta derecha que ve en la ausencia de Estado una situación siempre deseable, incluso en casos extremos. Sin embargo, lo que Revel plantea es una doble crítica que parte de la izquierda no termina de digerir:
1. Pese a su proclamada superioridad moral, un modelo de redistribución de la riqueza destinado a eliminar grandes desigualdades no garantiza mejores condiciones de vida para los ciudadanos. El hecho de que aún se elogie el monstruoso modelo castrista como ideal humanitario “a pesar de sus defectos” es sintomático de una militancia ideológica que atiende más a la recreación de viejos mitos de la izquierda que a la apuesta por modelos sólidos de desarrollo.
2. Un Estado engordado por miles de funcionarios no garantiza su eficacia. Las virtudes del empleo público (seguridad laboral, contratos fijos) se convierten en defectos cuando no se incorporan mecanismos de evaluación de competencia profesional. Quien haya pasado por la Universidad pública y sufrido a ciertos funcionarios o conocido la competencia profesional de algunos veteranos trabajadores de la televisión pública lo entenderán.
Los defensores del Estado de Bienestar fuerte suelen reaccionar a estas críticas con una huida hacia adelante. El ¡más Estado! es su fórmula para todo y ay de quien sugiera andar el camino del “darwinista” modelo anglosajón, paradigma de las desigualdades socia y la injusticia donde los haya.
(…)
A propósito de impuestos en Francia. Si hace unos días conocíamos a través de la prensa el exilio fiscal de Johnny Hallyday (el mismo camino tomó Bergman hace años, alejándose de Suecia), hoy nos llega el otro lado de la moneda en forma de autobiografía. Thierry F. cuenta en Chomeur professionnel cómo ha pasado los últimos 22 años de su vida alimentado por el Estado de bienestar:
¿Qué culpa tengo yo si mi país acepta desembolsar 10.000 millones de euros cada año para acompañar a sus parados, dos veces más que el resto de países de la OCDE?
(…)


Féliz Navidad..
Q.-
Comment by JPQ — December 21, 2006 @ 4:46 pm
Encantado de saludarle, Mr. Q.
Comment by Whitard — December 22, 2006 @ 1:12 am
Pues sí señor, me sumo a tu análisis.
Así, ‘por lo bajini’, a que sabemos quienes están ahí de tapadillo? ¡Premio¡:¡Los sindicatos¡
Comment by avanti — December 23, 2006 @ 3:37 am