ConspiracionesDecember 10, 2006 1:34 am
Hace 10 años, en noviembre de 1996, conocimos el primer gran hoax de la nueva era digital. Pierre Salinger, secretario de prensa durante el Gobierno de Kennedy, saltó a la primera plana de los periódicos cuando afirmó que el vuelo T.W.A. 800 que se estrelló en Long Island había sido abatido por fuego norteamericano. Se trataba de una invención que llevaba meses pululando en la red pero que fue crédulamente asumida por Salinger y difundido a los medios de comunicación.
A partir de entonces, el número de bulos que circulan por la red ha crecido exponencialmente. ¿Quién no recibió en 2001 un e-mail que alertaba de un atentado masivo a través de la Coca Cola o una de esas cadenas inmensas que se reenvían en la creencia de que si se reúnen x remitentes Microsoft donará x dinero a x causa? El 11-S multiplicó los rumores de hechos supuestamente silenciados a la prensa que nutrieron las teorías alternativas de algunos escépticos conspirativos (como ya hemos visto: I,II y III). A nivel español, el 11-M aún resulta más grave si se tiene en cuenta que la teoría de la conspiración la comandan medios de comunicación con cierta solvencia.
La capacidad crítica de muchos internautas ha puesto en entredicho la mayoría de las grandes invenciones que circulan en la red. Fenómenos como el de Hoaxbuster son una respuesta sensata a la calumnia gratuita y a la fabricación de teorías de la conspiración a la medida ideológica de cada consumidor. Pero la web 2.0 también sirve como plataforma de difusión de los bulos. Hoy mismo, entre las noticias más meneadas se encontraba un panfleto de la agencia Red Voltaire -dirigida por Thierry Meyssan, el conspirador más famoso del 11-S e íntimo amigo de nuestro Bruno-.
Después de todo, quizá Finkielkraut tenga razón.

