Han pasado más de diez años desde su publicación, pero el diagnóstico que presentaba Pascal Bruckner en "La tentación de la inocencia" permanece vigente. El infantilismo y la victimización son las dos enfermedades que más comunmente anulan la responsabilidad del individuo contemporáneo pero también que imprimen unos tics particularmente curiosos en la estrategia defensiva.
Bruno Cardeñosa se tira de los pelos en La Rosa de los Vientos porque Bilbao Pundit lo pone a caer de un burro en un post. Incapaz de asumir una crítica sensata y de rebatirla con argumentos, habla de negatividad, de falta de especialización (él, que es un experto en todo), pero no le basta. En el apogeo de la pataleta suelta una perla que Juan Varela, Enrique Dans o alguno de los que realmente entiende de qué va esto de los blogs debería tener como material de estudio: "el sistema de blogs está capitalizado por intereses absolutamente concretos".
Lamentablemente para Cardeñosa, no ha habido ningún linchamiento que le permita ponerse la medalla de mártir. Algunos bloggers contamos entre nuestras (estrafalarias) aficiones escuchar disparates en la tertulia de La Rosa de los Vientos o leer las chorradas de Thierry Meyssan en Red Voltaire y luego comentarlos, pero los delirios de grandeza del misteriólogo son infundados: su eco en los blogs (positivo o negativo) es mucho más limitado de lo que presume, pero la estrategia de sobredimensionar las críticas, estereotiparlas e integrarlas en un sistema teledirigido por una entidad superior (el Mossad, si se puede) es perfectamente lógica:
Demonologías de todo tipo, por Pascal Bruckner
El ocaso de las ideologías nos ha privado de un cómodo recurso: imputar nuestro infortunio al imperialismo, al capitalismo, al comunismo El reflejo de "la culpa la tiene" se ha vuelto más difícil. No obstante, sería un error pensar que la desaparición de estos espantajos necesariamente lleva a nuestras sociedades hacia una mayor sabiduría. Al contrario: ahora, cuando se han desvanecido los grandes chivos expiatorios, resulta tentador resucitarlos de forma soterrada y remitir el propio cansancio, el malestar a las malas artes de alguna oscura entidad que nos impone su lógica secreta Este tipo de razonamiento no es nada nuevo. ¿Que la sexualidad parece libre? será que una censura más solapada todavía pesa sobre nuestras pulsiones y penaliza a los verdaderos libertinos. ¿Que creemos gozar de una libertad total de movimiento? Estratagema maquiavélica del poder para controlarnos mejor. Y hasta nuestra propia riqueza puede ser una buena muestra de una especie de fascismo disimulado, de descerebramiento totalitario.
El homo democraticus mantiene con el despotismo una relación ambigua: lo aborrece pero lamenta su desaparición. Llevado al extremo, parecería casi inconsolable por no estar ya oprimido: entonces, a falta de enemigos reales, se los crea imaginarios; se complace con la idea de que tal vez esté viviendo realmente bajo una dictadura, de que el fascismo va a caerle del cielo, una perspectiva que tanto llena de temor como de esperanza. Así, para William Burroughs como para Allen Ginsberg, la primera de las drogas alucinógenas en América no es el yaga o la mescalina sino el semanario Time seguido de la televisión. Hay efectivamente un "complot", pero es el del poder, monstruo que se apodera de nosotros, cáncer cuya metástasis nos roen hasta los huesos. (…) Se está tanto más sometido al verdugo cuento se le está agradecido por no haber recurrido a la violencia." Un Estado bien rodado no necesita la policía. "La conspiración es todo lo que se filtra bajo nuestro cráneo y se insinúa sin saberlo nosotros a través de las imágenes, bajo los códigos y mensajes del lenguaje. Mi cuerpo es una máquina blanda infestada de parásitos" (-> Pierres Yves Petillon)
El éxito de un discurso de esta índole procede de su carácter incomprobable: nada lo confirma puesto que tampoco lo desmiente. Instala a aquel que lo sostiene en la doble función de vigilante y guerrero A él no hay quien le engañe: contra todos los ingenuos, combina los prestigios de lalucidez y de la intransigencia. Sabe que el sistema es tanto más satánico cuanto que parece más tolerante. Pero su grito de guerra: Sois todos esclavos aunque no lo sepáis, nos tranquiliza. Cree descubrirnos el apocalipsis, y nos señala una cábala difusa, tan maléfica como inasible y que aúna todo lo negativo, lo incomprensible. La invocación de estas fuerzas de la oscuridad nos alivia: puesto que una casualidad diabólica modela nuestros destinos a nuestro pesar, ya no tenemos por qué responder de nuestros actos: estamos exculpados, nuestras penas tienen un origen que no es nosotros. Más vale invocar estravagante conjuras a base de imágenes subliminales y de sistemas invisibles que aceptar la triste, la banal verdad: que moldeamos nuestra historia aun cuando, según la fórmula consagrada, no sabemos qué historia estamos moldeando. Y henos aquí, a través de una fantástica elucubración, devueltos a la candidez del serafín.
Glosa de Rafael Sánchez Ferlosio:
Uno de los rasgos característicos de la españolez es el de que los españoles nunca oyen nada que les merezca decir: "Es falso", sino tan sólo cosas de las que decir "Es total, absoluta y rotundamente falso"

