La historia del periodismo reserva un lugar privilegido a Diego A. Manrique, tanto por sus crónicas, críticas y entrevistas para El País como por su labor de locutor en El Ambigú de Radio 3. Incluso se le perdonan algunas excentricidades ocasionales (como iniciar una entrevista a Bjork preguntando si le gusta el sexo oral) con tal de disfrutar de una prosa muy poco cultivada en los ambientes más indies.
Hace unos días, vía Periodistas21, me enteraba de que tenía algún problema de salud y ahora descubro un artículo donde el propio Manrique lo explica:
Resumiendo: unos días solito en la UCI, otros compartiendo habitación con –pura casualidad- un enterado del flamenco que me contaba correrías con Morente o Mercé. Y dos visitas al quirófano, una de exploración y la segunda para una angioplastia. Fue menos aterrador de lo previsible: dos de los médicos me conocían de Radio 3 y me ofrecieron poner música ambiental –“¿te apetece Van Morrison?”- mientras hurgaban en mi interior a través de la arteria femoral. Deformación profesional: notaba que la sangre brotaba literalmente a chorros y yo preguntándome de qué disco de Morrison se trataba, dado que alternaba temas swingueantes con rudas grabaciones de Them; era una selección particular, me enteré luego
El artículo es de Octubre, ayer ya firmaba en El País una noticia que destilaba admiración por Tom Waits. Siempre he creido que Manrique era la versión periodística de esta rara avis musical:
(…)Casado y con tres hijos, reside en la zona vinícola situada al norte de San Francisco, integrado en una pequeña comunidad. Goza de la confianza de los padres del colegio al que van sus chavales. Como disfruta de más tiempo libre que ellos, le encomiendan llevar a los escolares en excursiones educativas. Un día, les acompañó en una visita a una fábrica de guitarras; ninguno de los artesanos le reconoció. Al poco, llevó a los críos al vertedero municipal y allí sí, los trabajadores le pidieron autógrafos.
(…)Waits ignora las reglas de la industria, desde las apariciones en televisión a las giras exhaustivas para vender el nuevo producto. Raciona las actuaciones, asegura que así evita que se asfixien sus canciones con la repetición del ritual. No siempre visita las capitales mediáticas; en agosto, dio ocho recitales en ciudades como Memphis y Louisville. Su explicación: "Teníamos que pasar por Tennessee para pillar fuegos artificiales y en Kentucky alguien me debía dinero". Parece inmune a los halagos: ignora los eventos en su honor, como Waitin’ for Waits, en Palma de Mallorca, y Waistock, en el Estado de Nueva York. Por el contrario, montó un concierto para ayudar a los gastos legales de un antiguo amigo, acusado de tráfico de drogas.
Vaya en honor de Diego Manrique y como celebreación anticipada de su seguro regreso a las ondas:


Me alegro de que vuelva y de este post. Te contaré una anécdota. En 1979 tuve que entrevistar a alguien escogido por mí para un trabajo de la Facultad. Como me encanta la música elegí a Diego. Entonces producía un programa en Radio España, en una calle a la izquierda de Sagasta que ahora no recuerdo. En aquella época llevaba el pelo algo desgalichado (el mío iba a lo Michael Jackson pero a lo grande, como el del 11888) y en un bar cercano me dijo:”Todo tiene una carga subversiva”. Cuando he leído la pregunta a Bjork he comprendido cómo era.Tras su apariencia más bien ‘burguesa’ afloraba una mente despierta, además de un hombre muy culto y de gran memoria musical.me afecta que le haya pasado eso.Entonces ya era una figura de la crítica musical y, sin embargo, em atendió, a un casi imberbe estudiante.Le recuerdo con cariño.Y se me pasan por la mente, muy rápidas, imágenes de cuando estuvo en la tele, de sus crónicas en ciertas revistas y de algún que otro libro. Ah¡ Y tiene muy buen gusto.Me alegro de que mejore y de que también a tí te guste.
Saludos
Comment by avanti — November 14, 2006 @ 11:35 pm
Gracias por contar la anécdota, estoy seguro que este buen hombre merece un libro de memorias en condiciones. En la misma entrevista a Bjork comenta un encuentro semanas después con la cantante islandesa: la vio por casualidad en un hotel de Londres y se fue a saludarla como si fuese una amiga de toda la vida. Si no recuerdo mal, un par de miembros de la seguridad le invitaron a irse.
Ahora que lo pienso, Manrique es el equivalente radiofónico de Antonio Gasset en la tele.
Me encanta la música pero tengo la impresión de que ciertos periodistas se las dan mucho de divos y en cuanto publican tres críticas en el Rockdelux se suben a la parra y pobre de ti como no rindas pleitesía al último subfenómeno de importación. Manrique no es de esos, es un heterodoxo con sus gustos particulares pero que sabe reconocer el interés de propuestas comerciales que le atraen menos. Y, sobre todo, es un gran divulgador, poco dado al snobismo de ciertos medios. O eso me parece.
Me alegro de coincidir contigo, aunque yo lo haya seguido menos tiempo. A ver si me busco uno de esos libros y sintonizo más a menudo Radio 3 para saldar la deuda pendiente.
Comment by Whitard — November 15, 2006 @ 12:18 am
No te equivocas. Es poco dado al esnobismo, en definitiva, un profundo profesional. Supongo que te imaginarás en qué ‘empresa’ trabajo. Nó en Madrid, aunque cerca y, la verdad, desde que Diego Manrique no está en R3,-que a mi juicio ha perdido bastante en audacia-,algo falta en esta emisora seña de identidad de la ‘inteligentsia’ musical hispana, aunque tampoco voy a exagerar porque, dentro de lo convencial, hay, naturalmente también, buenos músicos.
En fin, es un placer que coincidamos.
Comment by avanti — November 15, 2006 @ 4:20 pm
Me estreno contando una anécdota, que nunca he contado por escrito, y que hace referencia tangencialmente a Manrique, del que también soy fan declarado.
Iba yo de gira con un grupo americano contemporáneo de Granada a Sevilla, en la furgoneta sonaba el Ambigú de Radio 3. El programa fue maravilloso, lleno de canciones italianas de los cincuentas y sesentas, cuando sonó un grupo que yo no conocía, la canción tampoco. Uno de los miembros del grupo nos manda callar y me pide que suba el volumen. Acabado el tema, este hombre nos cuenta que la canción que acababamos de oir era una versión en italiano de una composición de su padre. Me contó que su progenitor fue compositor en los años cincuenta de standars para orquestas y crooners, nos quedamos todos de piedra por la tremenda casualidad, él hacía más de veinte años que no oía el original y yo acabé sintonizando Radio 3 porque era imposible encontrar una emisora que diera flamenco, que era lo que le apetecía a esta gente. La historia no acabó bien, ya que el padre de, desde entonces, mi amigo, se había suicidado hace siete años.
Espero que, aunque no viniera mucho a cuento, os haya gustado la historia.
Hasta otra, nos leemos.
Comment by opuesto — November 16, 2006 @ 11:57 am
Gracias por contar la anécdota, me encantan esas historias y siempre vienen a cuento. Por cierto: bienvenido y encantado de volver a “verte”. También te leo por donde antes, aunque sea sin feedback
Avanti: creo que estamos en el mismo sector, aunque yo apenas estoy iniciándome. En cuanto a R3… Entre los cambios de horarios de los programas y algunos vicios anticomerciales (como poner un programa de la UNED seis horas seguidas las tardes de los fines de semana) acaban saturando al personal. Creo.
Comment by Whitard — November 16, 2006 @ 5:47 pm
Pues si os contara la mía. Mejor que no. Fue en el Bikini de Barcelona hace muchos años y me lo encontré en un estado lamentable, como todos sin excepción, dándose el lote por el aquel entonces una estrella de la televisión. Y no digo más no sea que esté metiendo la pata. La verdad que le saludé con mi pedo a la distancia y el me respondió con esa risa tan cautivadora que tiene. Lo recuerdo como si hubiera sido ayer.
Un saldo
Comment by Blackdecker — November 18, 2006 @ 3:44 pm