Al final tendremos que dar la razón al presidente Rodríguez y validar una de sus reflexiones más hondas, que ha dejado para la historia de la ciencia política como manifiesto fundacional del pensamiento Alicia: "las palabras deben estar al servicio de la política y no la política al servicio de las palabras".
 
Eso mismo debe creer el insigne autor de un famoso blog, que hoy no se lo piensa dos veces y habla de apartheid en Israel, con su mordacidad y gracia características. Resulta curioso que alguien sea tan dado a explotar esta comparación histórica (que parece, cuando menos, arriesgada) y que sin embargo se rompa heroicamente la camisa cuando alguien osa hablar de islamofascismo. Quienes lo hacen, para el autor, utilizan una etiqueta propagandísta (todos los que no quieren que bebamos Coca-Cola deben ser eliminados). Fadela Amara también, por supuesto.
 
¿Tiene algún sentido incidir en las coincidencias entre islamismo y fascismo más allá del juego propagandístico? Por una vez, puede que describir con trazo grueso resulte menos inquietante que hacerlo detalladamente. El islamismo, caricaturizado, se vuelve un cliché conocido y, por tanto, combatible, mientras que en su crueldad desnuda sigue siendo una realidad que se nos escapa y a la que, básicamente, no podemos dar respuestas efectiva.
 
A propósito, en Google Video ya se puede ver el documental Obsession.