“Ahora estoy en una situación personal catastrófica. Me han enviado varias amenazas de muerte, y he sido sentenciado a muerte por organizaciones del movimiento al-Qaeda. […] En las páginas webs condenándome a muerte hay un mapa mostrando cómo llegar a mi casa para matarme, tienen mi foto, los lugares donde trabajo, los números de teléfono, y la fatwa de muerte. […] No hay lugar seguro para mí, tengo que suplicar, dos noches aquí, dos noches allá. […] Estoy bajo constante protección policial. Debo cancelar todas las conferencias planeadas. Y las autoridades me urgen a seguir desplazándome. […] Todos los costes corren a mi cargo, incluyendo alquileres con un mes o dos de adelanto, los costes de desplazarme dos veces, gastos legales, etc.
Es bastante trsite. He ejercido mis derechos constitucionales, y me castigan por ello, incluso en el territorio de la República. Este asunto es también un ataque contra la soberanía nacional -reglas extranjeras, decididas por fanáticos con mentes criminales, me castigan por haber ejercido un derecho constitucional, y soy sujeto, incluso en Francia, de grandes daños.”
Esta es parte de la carta que el filósofo Robert Redeker escribió a su amigo Andre Glucksman después de publicar un artículo en Le Figaro criticando la violencia patrocinada por el Islam. No bastó con la censura de Egipto al diario, ni con la retirada del artículo de la web, ni con las excusas de Le Figaro, ni con que su editor pidiese perdón y lamentase haber publicado el texto. Nunca es suficiente. Siempre quedará habrá alguna coartada que sirva de paraguas al chantaje totalitario, alguna noble causa legitimadora que motivará el compromiso de grandes intelectuales, esos de los que despotricaba Redeker.
En un gesto de dignidad democrática, Villepin ha salido en defensa de Robert Redeker. Es bueno que los políticos no se desentiendan y apoyen públicamente la libertad de crítica de los periodistas, pero también es un síntoma de anormalidad nada esperanzador que la solidaridad venga más desde los representantes públicos que de colegas y compañeros.
(Vía Disculpen las molestias)

