P. ¿Adónde va Internet?

R. Lo ignoro. Aunque Internet haya cambiado nuestras vidas, este progreso tecnológico podría conducirnos a una regresión cultural. Borges nos contaba en Ficciones la historia de Funes o la memoria, este hombre que se acordaba de todo, de cada hoja que había visto en cada árbol, de cada palabra que había oído durante su vida y que, debido a su memoria total, era un perfecto idiota. La función de la memoria no es sólo conservar, sino también filtrar. La cultura es también un proceso de conservación y de filtración, por medio del cual sabemos quién era Hitler, pero no de qué color eran sus calcetines el día en que se suicidó en su búnker. Ahora bien, para un navegante ingenuo, Internet es Funes. Internet le dice todo sin decirle si tal o cual información es fiable. Si no se es un experto es muy difícil decir si un sitio dedicado, por ejemplo, a los platillos volantes es serio o delirante. Toda cultura está regida por los filtros de las enciclopedias (en el sentido del Larousse, pero también de repertorio de saber virtual compartido por una comunidad). Pero la enciclopedia puede decirnos cosas falsas, como las de principios del siglo XX, que nos hablaban del éter cósmico. ¡Si no se educa a los internautas para la navegación, acabaremos por tener 6.000 millones de enciclopedias, una por cada habitante del planeta!

Estas palabras de Umberto Eco en una entrevista a El País no parecen los lamentos de un tecnófobo desorientado ante la proliferación de contenidos digitales en la red, sino una seria reflexión sobre los peligros de la sobreabundancia de contenidos en la red. Este marco de enciclopedismo desatado es el caldo de cultivo de otras tendencias aún más inquietantes. Y es que al amparo de San Google no solo florece cultura y conocimiento, sino que también se expanden rumores y leyendas urbanas que obtienen el estatus de hecho o teoría a base de cliks y links, sin más criterio de mediación que la excentricidad o el carácter insólito de lo que se difunde. Hoy cualquiera puede convertirse en la estación repetidora de tesis disparatadas cortadas a medida ideológica y hacer que estas figuren en internet al mismo nivel que informaciones sólidas y probadas. Como decía Finkielkraut en una entrevista que cita Félix de Azúa:

 “El futuro de la cultura no es el desierto del silencio total bajo un poder aplastante, sino, más bien, la glosolalia, la exuberante volubilidad de una blogosfera planetaria. (…) La información, internet, ahogan las obras en un flujo textual informe, sin contenido. Y eso satisface cierta forma de igualitarismo. (…) No acabo de ver cómo podemos resistirnos a este fenómeno, ya que tiene para sí una doble legitimidad: la del progreso técnico y la de la democracia triunfante”

Y más Finkielkraut

 

P. Usted es muy escéptico respecto a los beneficios de los progresos tecnológicos.

R. Mire, yo comparto la idea de Hannah Arendt de que no existe libertad de opinión si no se sabe mantener la diferencia entre hechos y opiniones. Internet es el manicomio planetario, todo el mundo habla, todo el mundo expone su discurso pero no se cruza con el de los demás. La libertad de opinión son discursos distintos sobre un mismo relato, no una infinidad de relatos sobre un mismo hecho.

 

Este es el punto crítico, la distinción de hechos y opiniones desaparece en cierta medida en Internet. Como los alemanes que le respondían a Arendt que eso de que en su país estaban masacrando a los judíos era una opinión, hoy encontramos la red atrofiada por versiones fraudulentas de hechos probados. Que uno de los documentales más vistos en Internet sea Loose change (una pobre mezcla de rumores y desinformación que trata de probar que el 11-s es obra de la CIA) da una idea del potencial (y el éxito) de Internet para difundir el disparate.

En cualquier caso, no hay motivo para ser catastrofista. La red es un arma poderosa para la conspiranoia pero también facilita su refutación. Por cada Red Voltaire, hay un Malaprensa, Hoaxbuster o Snopes. Todo depende, como siempre, de la capacidad crítica del lector.

¿Que a cuento de qué viene todo esto? De una buena noticia:

…Aunque en la sentencia (…) dice expresamente que "no es objeto de este proceso ni de esta juzgadora pronunciarse sobre la realidad del fenómeno", para llegar a la absolución hubo que desmontar todos los informes con los que la SEIP pretendía validar sus conclusiones. Uno de ellos incluía párrafos copiados literalmente de la web ‘El Rincón del Vago’

(Entre esto y lo otro, a Bruno Cardeñosa le va a dar una taquicardia.)