ActualidadSeptember 27, 2006 11:19 pm
La firme crítica de Angela Merkel (secundada por democristianos y socialdemócratas en Alemania) ante la censura de una ópera en la que Jesucristo y Mahoma aparecían decapitados, es un gesto de firmeza democrática que debe reconocerse y aplaudirse. Muy al contrario del discurso que Zapatero, Erdogan, George W. Bush o el Papa mantuvieron durante la polémica de las caricaturas de Mahoma, Merkel entiende que la libertad de expresión no debe atender a criterios de oportunidad, que prescindir de la crítica a la religión por la amenaza del terrorismo supone aceptar el chantaje y seguir el juego a los extremistas. En definitiva, algo tan simple como que los derechos y libertades de una democracia no son negociables.

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Hoy, Tariq Ramadan, el portavoz más famoso de la comunidad musulmana en Francia y el resto de Europa, mantenía un chat en Le Monde en el que comentaba los tabúes y el temor que existe actualmente en el seno de Europa a las reacciones de los islamistas a raíz de las polémicas de las caricaturas y de las palabras del Papa. Ramadan pretende ejercer de puente entre ambas comunidades: insiste en la necesidad del diálogo, critica abiertamente la intolerancia de una gran parte de los musulmanes y llama a aquellos asentados en Europa a aceptar las leyes del país.

Pero muy frecuentemente su discurso adopta una retórica propia del islamismo más recalcitrante y antisemita. En un artículo de 2003 (rechazado por Le Monde y Liberation) Ramadan cargaba contra Finkielkraut, Henri-Levy y Glucksman (entre otros) porque consideraba que su compromiso con causas justas en conflictos como el de Ruanda o la ex Yugoslavia se diluía ante el conflicto israelo-palestino en forma de comunitarismo acrítico por su condición de judíos. La respuesta de Finkielkraut nos lleva a pensar que más que un paladín del islamismo, Ramadan es el síntoma de una sociedad viciada intelectualmente por prejuicios seculares.

Hoy dí con una interesante secuela a este affaire: un debate (vía Youtube) en France 2 entre Ramadan y Sarkozy que parte de la comentada polémica y acaba dejando en evidencia al escritor suizo en muchos otros frentes. Ramadan no soporta los embistes del Ministro de Interior de Francia y acaba dando muestras de una concepción inquietantemente débil de la democracia. Sobre la lapidación, llega a proponer una moratoria para establecer un debate de sabios y académicos islámicos para decidir qué hacer con ella. Y cuando Sarkocy insiste en preguntarle varias veces si los musulmanes deben aceptar las leyes de la República en materia de laicismo, sobre todo en lo que se refiere al uso de velo en las escuelas, lo único que es capaz de balbucear es un "bueno, se puede dialogar".

Sin embargo, de cara al gran público su discurso -aunque frágil- suele ser relativamente moderado. Fadela Amara, la presidenta de la asociación feminista Ni putas ni sumisas –que al igual que Ramadan, dice ser creyente musulmana- cargaba contra el intelectual en una muy recomendable entrevista a El País por su lamentable trabajo con los musulmanes de a pie:

R. La gente como Ramadán ha contribuido a la desintegración de la república y a la implantación del proceso comunitarista. Mucha gente de los barrios, discriminada, sin trabajo, piensa que Francia no les quiere. Mi generación se rebeló y salió a la calle. Pero Tariq Ramadán capitaliza nuestra frustración y nos lleva a otro discurso: en nombre del islam, reencontrad vuestra dignidad, afirmaos primero como musulmanes y después, eventualmente, como franceses. Lo paradójico es que a Ramadán, como va todo atildado y es un intelectual, lo invitan en todas partes y ha podido propagar su doble discurso: “limpio”, delante de los periodistas, pero otro muy distinto en los suburbios, y sabemos de lo que hablamos porque estábamos allí: las chicas a un lado, los chicos a otro. Su propuesta de una moratoria en la cuestión de la lapidación de la mujer es inadmisible. En Suiza, que jamás ha vivido en un país musulmán y que, como hijo de burgués, nunca padeció los problemas que tuvimos los hijos de obreros y tuvo acceso a todos los conocimientos. Su “islam moderno es para mí un islam fundamentalista.

¿Es Tariq Ramadan un farsante? ¿un impostor? ¿un posibilista? ¿un moderado? En cualquier caso, el mero hecho de que muchos lo consideren un interlocutor necesario, da fe de los escasos y débiles portavoces que la democracia tiene en ciertos sectores religiosos.

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PD (a modo de curiosidad)

La figura de Ramadan provoca fenómenos bastante curiosos, como por ejemplo poner de acuerdo a izquierda radical y derecha moderada. Bernard Cassen, líder de Attac, notable portavoz de la antiglobalización y colaborador habitual de Le Monde Diplomatique también se ceba con el intelectual suizo:

En Francia hay una situación específica, que, sin embargo, también existe en otros lugares: es la mala conciencia del colonizador, que provoca que su culpa no termine nunca de ser expiada. Es como un pecado original, que asume incluso quien ha luchado contra la colonización, hasta arriesgando. Yo, que participé en esta lucha cuando era estudiante, por ejemplo en la manifestación en Charonne donde hubo ocho muertos, no tengo nada que reprocharme personalmente, pero debería asumirme la responsabilidad de las desgracias de la colonización del XIX. Esta actitud está presente en la extrema izquierda y entre los Verdes: invitan a recordar, justamente, las derivaciones y los crímenes de este o aquel gobierno, endosando la responsabilidad al país entero, mientras muchos ciudadanos estaban en contra. Es decir, se opera una focalización sobre una parte de la historia colonial y postcolonial que determina el resto de los comportamientos.

(Salvando la famosa petición de disculpas, casi casi como Aznar.)
Periodismo, Cultura 1:47 am

P. ¿Adónde va Internet?

R. Lo ignoro. Aunque Internet haya cambiado nuestras vidas, este progreso tecnológico podría conducirnos a una regresión cultural. Borges nos contaba en Ficciones la historia de Funes o la memoria, este hombre que se acordaba de todo, de cada hoja que había visto en cada árbol, de cada palabra que había oído durante su vida y que, debido a su memoria total, era un perfecto idiota. La función de la memoria no es sólo conservar, sino también filtrar. La cultura es también un proceso de conservación y de filtración, por medio del cual sabemos quién era Hitler, pero no de qué color eran sus calcetines el día en que se suicidó en su búnker. Ahora bien, para un navegante ingenuo, Internet es Funes. Internet le dice todo sin decirle si tal o cual información es fiable. Si no se es un experto es muy difícil decir si un sitio dedicado, por ejemplo, a los platillos volantes es serio o delirante. Toda cultura está regida por los filtros de las enciclopedias (en el sentido del Larousse, pero también de repertorio de saber virtual compartido por una comunidad). Pero la enciclopedia puede decirnos cosas falsas, como las de principios del siglo XX, que nos hablaban del éter cósmico. ¡Si no se educa a los internautas para la navegación, acabaremos por tener 6.000 millones de enciclopedias, una por cada habitante del planeta!

Estas palabras de Umberto Eco en una entrevista a El País no parecen los lamentos de un tecnófobo desorientado ante la proliferación de contenidos digitales en la red, sino una seria reflexión sobre los peligros de la sobreabundancia de contenidos en la red. Este marco de enciclopedismo desatado es el caldo de cultivo de otras tendencias aún más inquietantes. Y es que al amparo de San Google no solo florece cultura y conocimiento, sino que también se expanden rumores y leyendas urbanas que obtienen el estatus de hecho o teoría a base de cliks y links, sin más criterio de mediación que la excentricidad o el carácter insólito de lo que se difunde. Hoy cualquiera puede convertirse en la estación repetidora de tesis disparatadas cortadas a medida ideológica y hacer que estas figuren en internet al mismo nivel que informaciones sólidas y probadas. Como decía Finkielkraut en una entrevista que cita Félix de Azúa:

 “El futuro de la cultura no es el desierto del silencio total bajo un poder aplastante, sino, más bien, la glosolalia, la exuberante volubilidad de una blogosfera planetaria. (…) La información, internet, ahogan las obras en un flujo textual informe, sin contenido. Y eso satisface cierta forma de igualitarismo. (…) No acabo de ver cómo podemos resistirnos a este fenómeno, ya que tiene para sí una doble legitimidad: la del progreso técnico y la de la democracia triunfante”

Y más Finkielkraut

 

P. Usted es muy escéptico respecto a los beneficios de los progresos tecnológicos.

R. Mire, yo comparto la idea de Hannah Arendt de que no existe libertad de opinión si no se sabe mantener la diferencia entre hechos y opiniones. Internet es el manicomio planetario, todo el mundo habla, todo el mundo expone su discurso pero no se cruza con el de los demás. La libertad de opinión son discursos distintos sobre un mismo relato, no una infinidad de relatos sobre un mismo hecho.

 

Este es el punto crítico, la distinción de hechos y opiniones desaparece en cierta medida en Internet. Como los alemanes que le respondían a Arendt que eso de que en su país estaban masacrando a los judíos era una opinión, hoy encontramos la red atrofiada por versiones fraudulentas de hechos probados. Que uno de los documentales más vistos en Internet sea Loose change (una pobre mezcla de rumores y desinformación que trata de probar que el 11-s es obra de la CIA) da una idea del potencial (y el éxito) de Internet para difundir el disparate.

En cualquier caso, no hay motivo para ser catastrofista. La red es un arma poderosa para la conspiranoia pero también facilita su refutación. Por cada Red Voltaire, hay un Malaprensa, Hoaxbuster o Snopes. Todo depende, como siempre, de la capacidad crítica del lector.

¿Que a cuento de qué viene todo esto? De una buena noticia:

…Aunque en la sentencia (…) dice expresamente que "no es objeto de este proceso ni de esta juzgadora pronunciarse sobre la realidad del fenómeno", para llegar a la absolución hubo que desmontar todos los informes con los que la SEIP pretendía validar sus conclusiones. Uno de ellos incluía párrafos copiados literalmente de la web ‘El Rincón del Vago’

(Entre esto y lo otro, a Bruno Cardeñosa le va a dar una taquicardia.)