ActualidadSeptember 23, 2006 8:40 pm
Michael Crichton y el ecologista escéptico
Hace poco leí un libro bastante polémico de Mr. best seller Michael Crichton titulado Estado de miedo. Desde el punto de vista literario la obra no tiene ningún interés, o eso me pareció a mí. Como en casi todos los libros de su estilo, lo único que atrapa al lector es una trama increíble de agentes secretos con vidas disolutas y macroconspiraciones terroristas para acabar con el mundo a base de tsunamis y avalanchas. Sin embargo, los no pocos trazos de ensayo que contiene la novela de Crichton sí resultan interesantes y nos ponen ante los mismos interrogantes que dejó abiertos Bjorn Lomborg en El ecologista escéptico. ¿Se está produciendo realmente el calentamiento global? En el caso de que así sea, ¿qué responsabilidad tiene el ser humano y qué puede hacer para atenuarlo?
Crichton hace un retrato pintoresco de los portavoces del ecologismo en Hollywood, presentándolos como divos analfabetos, simpatizantes de la izquierda que se adhieren a la causa ecologista sin más premisa que su amor por los árboles y la fascinación por la vida al aire libre. No hace falta caer en la caricaturización. El propio Lomborg perteneció a Greenpeace, simpatiza con las causas de izquierda y se inició en el estudio del cambio climático a raíz de un artículo que leyó en la revista Wired y que quiso destrozar -sin éxito- porque negaba la evidencia del cambio climático. El tiempo y el estudio han hecho que este economista y experto en estadística se haya convertido en la bestia negra del ecologismo. Tras la publicación de su célebre ensayo se sucedieron los actos de chantaje por parte de los verdes, con lanzamiento de huevos, boicots y campaña de desprestigio personal.Resultan curiosos los paralelismos entre lo que nos cuenta Estado de miedo y la vida de Lomborg. Sin ir más lejos, la novela termina con una conversación entre un científico escéptico y un abogado ex-simpatizante ecologista; en ella sientan las bases de un verdadero estudio sobre el cambio climático que determine cuál es la verdadera incidencia y qué prioridad tiene frente a otras amenazas globales. Hoy, la web de la BBC publica un artículo en el que Lomborg nos informa de su último proyecto: el Consenso de Copenague. Al parecer, se trata de una organización formada por economistas (entre ellos varios Premio Nobel) que se dedican a analizar cuál es el costo de hacer frente a las grandes amenazas globales y determinar cuál de ella es más urgente detener.
El Protocolo de Kyoto costaría US$152 millones al año por el resto del siglo, pero sólo lograría posponer el calentamiento global por seis años en el 2100. Por cada US$1,9 invertidos en Kyoto, sólo se generarían US$3,8 centavos de beneficios.
A la luz de estos datos, resulta disparatado que las autoridades apelen a nuestra responsabilidad medioambiental con eslóganes como este:

PD: Me entero vía Cine y Política, que el malvado DDT, que iba a envenenarnos a todos y provocar cáncer a todo el que estuviese expuesto a él, se va a reintroducir por consejo de la OMS para combatir la malaria en el Tercer Mundo. ¿Pedirá perdón Greenpeace por apoyar el descomunal error de prohibirla hace décadas? ¿Hasta cuando las buenas intenciones de una organización van a servir para disculpar sus errores?

