Vaclav Havel tenía que ir al dentista pero en la cárcel en la que estaba reluido no tenían alicates a mano. La policía lo llevó al dentista civil y, mientras esperaban su turno, Havel observó a su alrededor, buscando alguna mirada de complicidad en el rostro de los pacientes. No la encontró .
En estos días en los que el parte médico del abuelete copa las portadas de la mayoría de medios de comunicación, la salud de otro tristemente célebre cubano no merece tanta atención y ha pasado un tanto desapercibido. Gustavo Fariñas, el periodista que inició una huelga de hambre hace siete meses para reclamar el acceso libre a Internet desde Cuba, ha finalizado su protesta, muy debilitado y sin conseguir nada. Ni internet, ni parabólicas, ni teléfono. Ya se sabe, a la burguesía hay que ponerla a raya, que estos empiezan pidiendo línea y acaban reclamando elecciones libres.

