ActualidadAugust 4, 2006 11:37 pm
Pocos meses después de anunciar su abandono de la literatura, García Márquez reaparece en la escena político-cultural con una hagiografía pestilente del dictador cubano. Duele leer la colección de elogios que brinda al patriarca, muy al estilo de Oliver Stone, y comprobar que su fascinación personal por Castro ha atrofiado hasta tal punto sus sentidos que considera que las virtudes que cree en el dictador (firmeza, persuasión, refinamiento cultural) compensan sus atrocidades. Como si valiese la pena dejar arrasar una isla a este prodigio de la historia con tal de ver realizada plenamente su -oh, eso sí- fascinante personalidad.
 
Pero el endiosamiento de Fidel no nada nuevo en Gabo. En un artículo de Claves titulado Los intelectuales de la antilibertad, José J. Sanmartín ya diseccionó el envilecimiento de sus escritos sobre Fidel (a propósito de un prólogo del colombiano a un libro de Fidel):
 
Por encima del bien y el mal, Castro aparece ajeno a las miserias del régimen y las servidumbres dela doctrina, pues garcía Márquez le sitúa -le singulariza, le eleva- en otro ámbito que, por supuesto, asigna una posición única en la Historia de Castro. De alguna manera, las cualidades personales del dictador -límpido reflejo de virtudes políticas y humanas- suplen las deficiencias orgánicas del sistema político; ello en el marco de un rentable y calculado halo de rebeldía. Mediante este ocultador silogismo, en el imaginario público perfeccionaría la dictadura que depende del dinamismo, determinación y liderazgo del tirano para debloquear la parálisis burocrática creada por su propio régimen político. 
 
Lo obsceno del caso es que García Márquez está más informado que nadie de las miserias del régimen castrista. Cuando en 2003 Susan Sontag le acusó de connivencia con la dictadura, en plena polémica por el encarcelamiento de 75 disidentes cubanos, el Nobel colombiano se reivindicó como una figura mediadora :
 
Yo mismo no podría calcular la cantidad de presos, de disidentes y de conspiradores que he ayudado, en absoluto silencio, a salir de la cárcel o a emigrar de Cuba en no menos de veinte años
Es triste que personajes con talento para las letras y que poseen cierta autoridad moral sobre millones de personas den voz a causas tan nefastas como el castrismo. Que se desvivan por poner almohadillas a la barbarie y que luego las justifiquen con ensalzamientos de la personalidad del verdugo. Sí, ya sabemos que Neruda ensalzó a Stalin, Peter Handke a Milosevic y la lista de fraudes intelectuales es extensa, pero ello no atenúa la bajeza de Gabo. Genio de la literatura, trilero de la política.
 
El contrapunto al envilecimiento de Gabo lo pone Jon Lee Anderson, que vivió un tiempo en Cuba y conoce de primera mano las penurias de la sociedad (prueba de ello son los reportajes que saca estos días El País):
Un día mi hija llegó a casa de la escuela y me preguntó si sabía qué era el amor. Yo le contesté intrigado que no, que no sabía qué era el amor. Y ella me respondió: Amor es lo que siente Fidel por el pueblo cubano. Ése día, decidí que, por el bien de mi familia, tenía que abandonar Cuba.
(vía Escolar)
ActualidadAugust 3, 2006 10:49 pm
Olivier Jobard es un fotógrafo francés que, junto a otro periodista galo, cruzó en una patera desde África hasta las Islas Canarias. Su trabajo es  conocido en España, ya que tras esta experiencia publicó sus fotos en un reportaje de la revista dominical de El País que relataba las vicisutudes del trayecto, en el que por cierto casi se dejan la vida. Sin embargo, lo que allí se nos cuenta es una mínima parte de la odisea que Jobard retrató en su seguimiento de Kingsley, un chaval de 23 años que viaja desde su Camerún natal hasta Francia. La versión extendida se puede encontrar en este excelente especial multimedia.
 
La verdad es que cuando leí la reseña me temí lo peor: otra estafa de pseudodocumental a la Winterbottom. Pero no, esto no es falso documental, es periodismo gonzo de toda la vida.
 
 
Periodismo, ActualidadAugust 2, 2006 11:07 pm

P. ¿Tienes libertad para escribir lo que consideres oportuno o existe autocensura en tus crónicas? ¿Qué grado de afinidad con el régimen tienes?

R. Tengo libertad para escribir lo que considere oportuno, siempre ateniendome a los hechos concretos y sin abusar de los adjetivos. Autocensura si, desde luego, pero recuerdo un libro de Kapucinsky en el que dice que siemprte que ha estado en un pais en que se vive una situacion apasionante o de interes para el mundo, cuando ha tenido que elegir entre moderarse para poder seguir viendo con sus ojos, o hacerse el heroe, el gran defensor de los principios, como hacen muchos corresponsales, ha elegido lo primero, pues lo importante es estar y ver. De lejos no sirve. Grado de afinidad? Como dice Sabina, ni una Co ni la O a palabrser expulsado
 
Mauricio Vicent  
 

No quiero hacer demagogia barata con las razones autoexculpatorias del corresponsal de El País en Cuba. Sería ingenuo pensar que en un país que Reporteros Sin Fronteros ha definido como “la mayor cárcel de periodistas del mundo”, un corresponsal pueda realizar su trabajo con libertad, sin aplicarse ciertas consignas del régimen y una buena dosis de moderación crítica. Bien, es una opción. Quedarse y tratar de extraer de la realidad algo más que la letanía habitual de consignas caducas del régimen comunista.

La alternativa sería comportarse con libertad e informar como si de una democracia se tratase. Eso que él despectivamente considera “hacerse el heroe”. Por cierto, muy considerada actitud en un país en el que el heroísmo vende tan pocas camisetas. Me recuerda a cuando Jomeni decretó la fatua contra Salman Rushdie y el bueno de John LeCarre le echó la culpa al indio, por no contenerse. En cualquier caso, esta opción sí puede resultar contraproducente al desarmar cualquier mediación periodística y dar barra libre a la propaganda cubana.

Ahora bien, las palabras de Mauricio Vicent en este encuentro digital son también una sacudida al periódico. De todos es sabido que cada medio fija una línea editorial y, en base a ella, aplica filtros informativos, jerarquiza los datos y prima cierto nivel interpretativo, sin negar los otros. Ahora bien, cuando son personas ajenas al medio las que marcan las pautas e imponen una lectura unívoca de la realidad, la obligación es hacérselo saber al lector. No basta con equilibrar la balanza mediante editoriales críticos, debe hacerse saber al lector que la información que se le provee de Cuba debe superar un proceso de censura o autocensura política.

 ¿Por qué no aprenden de Wikipedia? Si están dispuestos a autocensurarse, también lo estarán a autocriticarse.

 mensaje de advertencia de Wikipedia

O de Frikipedia

mensaje de advertencia de Frikipedia

 
Hablando de Kapuscinsky, ¿habrá leído el señor Vicent “Los cínicos no sirven para este oficio”?

 
ActualidadAugust 1, 2006 10:59 pm

Resolvere los problemas sin derramar una gota de sangre – Fidel Castro Ruiz, 9 de enero de 1959

Esta es una de las citas del patriarca cubano que, a tenor de los hechos, resulta más tronchante y surrealista. Sin embargo, su antología de disparates es extensa (esperemos que no haya de conocer ningún anexo más) y basta con recordar el título de uno de sus libros: “La historia me absolverá”. En “The Fog of War”, Robert McNamara relataba un episodio poco conocido del conflicto de los misiles de 1962. Según el exsecretario de Defensa norteamericano, Castro era plenamente consciente de que si Estados Unidos y la URSS entraban en un conflicto abierto, lo único asegurado era la destrucción de Cuba. Años después, en una visita a Cuba, el propio Castro se lo confirmó, asegurando que volvería a actuar como lo hizo llegado el caso.

Así pues, cuando Castro repite la letanía de “patria o muerte” al final de sus discursos, hace algo más que retórica. Eso sí, hay que matizar que el dictador tiene un concepto muy particular de la ciudadanía que conforma esa patria. A saber: cubano no se nace, se hace. Y es el grado de adhesión al régimen la fórmula secreta para saber si estamos ante un cubano de verdad o ante un impostor a sueldo de Washington. Para estar a la altura de sus proclamas, el propio Castro predicó con el ejemplo en uno de sus últimos actos públicos en la pasada conferencia de MERCOSUR en Argentina y desenmascaró a un periodista cubano. No se pierdan el vídeo.

Así es (¿era?) Castro. Lo importante ahora es conocer el calado social de la dictadura, esclarecer hasta qué punto se ha comprometido la sociedad cubana con el discurso de la servidumbre voluntaria y saber si existe más interés en perpetuar el mito de David contra Goliat o sentar las bases del progreso y la libertad. Pase lo que pase con Castro, las reacciones populares durante las próximas semanas (en lo que algunos analistas llaman “simulacro de transición”) supondrán una referencia importante. En el mejor e improbable de los casos, asistiremos a tibias manifestaciones de reformistas. En el peor, la desidia confirmará el entumecimiento social que 47 años de soflamas castristas han provocado.

Alguien dijo que “pocos prefieren la libertad, la mayoría se conforma con un amo justo”. En Cuba, ni siquiera uno justo. Con que el señor sea antiyanqui, es suficiente.