Euronews ha entrevistado a Arnaldo Otegi. No entiendo por qué los medios no recurren a este prohombre de la democracia con más frecuencia. Y no entiendo por qué el periodismo no asume la responsabilidad de enfrentar la barbarie en su sintaxis, su retórica y sus lugares comunes, frente a frente. Hay que tener cuidado con la apología del terrorismo, claro. Y dado que la entrevista es un género dominado por la pereza, y que la tentación de la hagiografía es más poderosa (y agradecida, que se lo digan a Ramonet) que la precisión de los hechos, se entiende que rehúsen ciertas responsabilidades.
 
 
La periodista pone el dedo en la llaga pero la pregunta no es precisa. Los terroristas no asesinan por el País Vasco, lo hacen para imponer una única idea del País Vasco, pretenden invertir la legalidad de la democracia por la fuerza del tiro en la nuca. En cualquier caso, Otegi está entrenado y el topicazo del pueblo más antiguo de Europa tanto sirve para un roto como para un descosido. Así que yo optaría por subir un grado en la escala de barbarie y llevar al imaginario público al bueno de "Txapote".
 
Es arriesgado dar voz a la barbarie. Se corre el peligro de colaborar involuntariamente con la propaganda abertzale y de favorecer su causa indirectamente. Ahora bien, la responsabilidad ética y el criterio profesional pueden ayudar a desmitificar esa zona oscura del terrorismo, desarmar la teoría de las causas y arrojar luz sobre la verdadera naturaleza del terror.
 
 

-¿Conocías a la persona?

-Sí.

-¿Sabías que él te había salvado la vida en otro momento?

-Mi padre nunca me lo dijo, nadie me lo dijo.

-¿Y si lo hubieras sabido?

-¿Qué quieres? Si lo hubiera sabido… Tuvo que ser así.

-¿Por qué?

-Ese hombre formaba parte del aparato opresor, era conocido de Marcelino Oreja, el entonces ministro de Asuntos Exteriores del Estado español.

-¿Y eso bastaba?

-La decisión vino de arriba.

-Era un vasco como tú.

Durante un mes entero, cada mañana, cada tarde, Kandido Azpiazu y dos ayudantes más estuvieron observando los movimientos de Ramón Baglietto, en otro tiempo teniente de alcalde y entonces miembro de UCD.

-¿Cómo le mataste?

El hombre mira sus mangrandes y se sube los calcetines. Calla, tiembla. Se pone la mano en la cara.

-Una acción armada no se hace con globos. Lo que ocurrió fue la acción de un miembro consecuente… Nada más.

-¿Te arrepientes?

-Tuvo que ser así -dice Kandido Azpiazu bajo y claro-. Uno no se sentía orgulloso de ello, no se sentía ni odio ni alegría.

 

Es un extracto de la entrevista que el periodista alemán Erwin Koch hizo al etarra Kandido Azpiazu (que asesinó a Ramón Baglietto, quien le salvó la vida cuando aún era bebé), luego la publicaría también El País. Dudo que pocas cosas arrojen más luz sobre la barbarie terrorista que las palabras de sus protagonistas. La retórica abertzale puede aguantar un ring, pero cuando va más allá del victimismo… Se desmonta por sí sola. Ya lo decía Mallarmé, la precisión destroza los mitos.