Recuerdo que en uno de los documentales de la serie COSMOS, Carl Sagan planteaba una pregunta que, sin éxito, me hago cada día: ¿Por qué hasta el periódico más serio y respetado contiene una columna diaria con un Horóscopo y, en cambio, son muy pocas publicaciones las que dedican un espacio similar a la ciencia? Existen revistas especializadas, sí, pero qué será de quienes no llegamos a tanto? ¿Dónde está el trabajo de divulgación? A juzgar por la imagen que de ella proyectan los medios, la ciencia parece más un surtidor de anécdotas, metáforas y recursos de conversación de ascensor que una disciplina del conocimiento humano.

El procesamiento de las teorías y descubrimientos científicos se hace cada día más complicado para la gente de a pie. La pobre base formativa en materia científica que provee la educación española y la negligencia mediática (que condena a la madrugada a un Punset y aúpa al prime time a Iker Jimenez) acrecientan la brecha. Y ante el desconocimiento es fácil atravesar crédulamente el primer puente que tiende el iluminado de turno.

El estupendo post de Bilbao Pundit comenta la última mamarrachada de De Prada sobre la teoría de la evolución:

"Para Prada, la prueba irrefutable que niega el “continuum” del hombre con los animales es el “impulso artístico”. Prada, por supuesto, no desarrolla ninguna teoría coherente sobre el “arte”. No nos dice en qué consiste, cómo surge, cuáles son sus mecanismos. El “arte” es, al parecer, no sólo un “propium” de la especia humana, sino la mismísima antesala del misterio. Y con eso basta. "

 

Prada se parece a aquel petulante abogado creacionista de Inherit the wind, que todo lo inflaba con grandilocuente retórica de la nada.

En Estados Unidos, la cuestión de la enseñanza de la evolución en las escuelas públicas ha provocado polémicas desde siempre (en cierto sentido, la película sigue vigente). En 1987, el Tribunal Supremo decretó que el creacionismo era una creencia religiosa y que por tanto su enseñanza debía quedar excluida de los colegios. Pero eso no zanjó la polémica. El creacionismo se hizo un lifting y ahora se presenta como "teoría del diseño inteligente" y sus partidarios defienden que debe darse a conocer en igualdad de condiciones a los alumnos. Al parecer, el lobby ultracristiano ha abandonado posiciones maximalistas y opta ahora por cuotas que le den acceso al discurso público .

El problema surge de la imposibilidad del diálogo. Científicos y religiosos hablan lenguajes opuestos y practican metodologías contrapuestas. Lo comenta Richard Dawkins en una entrevista a Bill Moyers (PBS):

"Why should you believe in something for which there is no reason to believe. Where it becomes positively dangerous is if you start fighting with somebody else who has a different faith from yours.

And each of you is equally convinced that you are right and the other one is wrong. And because, precisely because it appeals only to faith, and not evidence, there is no way you could settle the argument other than killing each other. Whereas, if you disagree, as two scientists disagree, two scientists can sit down together, look at the evidence, and say, "Oh, I was wrong. I overlooked that bit of evidence."

Or, "Here’s a new bit of evidence just come in which shows that my previous theory was wrong." Scientists, at least in principle, will come to an agreement when all of the evidence is in. But that’s not what faith-based people do. They say, "I know I’m right. End of story." That’s dangerous."

Hoy hablamos de creacionismo, pero el desconocimiento y el analfabetismo científico es una tierra fértil en la que prenden ovnis y conspiraciones de toda clase (en las que unos malvados señores de bata blanca suelen llevar la batuta). Y no hablo solo de materia científica, sino de metodología y criterio.

La deliberada confusión de hechos y opiniones. Aterrorizaba a Hanna Arendt cuando viajaba por la Alemania nazi (y se encontraba con gente que le decía que el holocausto era una opinión) y me aterroriza a mí (y creo que no soy el único) ante el panorama que ofrece esta democrática pero científicamente analfabeta sociedad.