Leyendo "La tierra es plana", de Thomas Friedman. Se trata de un ensayo económico, pero divulgativo y que nos resulta muy llevadero a los no iniciados en esta materia, en el que se plantean numerosos casos de empresas y administraciones que lideran la liberalización y marcan las pautas de la globalización en el siglo XXI. Desde el Google que hace operativo el ideal del acceso universal al conocimiento hasta una UPS que ha posibilitado la competitividad de empresas medianas gracias a un servicio a medida que funciona con la puntualidad de un reloj. Y sin olvidarse de Wikipedia o Napster (sí se deja You Tube, pero porque cuando se editó el libro aún no había despeuntado).
 
Compré el libro porque tenía interés en conocer algo más sobre el auge económico de la región india de Bangalore y la verdad es que no me ha decepcionado. Aunque se echa en falta un análisis más sistemático, el repertorio de anécdotas y casos curiosos da una idea del grado de integración económica y capacidad de respuesta a los nuevos retos globales. India se ha insertado hasta tal punto en la globalización que muchas empresas norteamericanas delegan en departamentos indios procesos que hasta hace poco se creían indeslocalizables, como los trámites más engorrosos para gestorías o incluso servicios de atención al cliente (previa etapa de aprendizaje un acento inglés norteamericano).
Bangalore  
Lo más curioso del despegue tecnológico de India es que se debe en buena medida a la explosión de la burbuja de las puntocom, ya que una vez realizada la instalación de infraestructura telefónica a cargo de empresas que luego se arruinarían, India estaba plenamente capacitada para integrarse en el mercado global. Así que abrieron fronteras al capital extranjero, pusieron colchones a las multinacionales, alentaron la subcontratación por parte de empresas que sobrevivieron a trancas y barrancas a la crisis y, lo más importante, se preocuparon por aportar valor añadido a los productos. Se crearon escuelas superiores de un nivel estratosférico y el Gobierno potenció la educación tecnológica hasta tal punto que hoy en día India produce más ingenieros que Estados Unidos.
 
El milagro indio tiene su lado oscuro, no a consecuencia de, sino paralelamente a él. La bolsa de pobreza sigue siendo brutal y cuestiones como las infraestructuras siguen siendo tercermundistas. India domina las autopistas de la era digital pero se ha saltado las terrestres. Curiosamente, un fenómeno europeo que se le puede comparar -el despegue irlandés- padece también este último defecto (ninguna ciudad cuenta con metro y la red viaria es muy pobre), sin embargo el horizonte es prometedor para dos países que, en un momento delicado y cuando partían con desventaja frente a otros vecinos, apostaron por invertir en I+D. En España poco nos queda ya por asfaltar, cuando terminemos de hacerlo, cuando explote la burbuja inmobiliaria, cuando se deslocalicen Braun, o Seat o Citroen, ¿de qué viviremos?