La rancia Biblioteca Nacional II
Tratábamos ayer el caso de la Biblioteca Nacional y las escasas miras de sus responsables en la proyección de la institución en la red. A juzgar por esta y otras webs de museos, bibliotecas o asociaciones de historia –por lo general muy descuidadas- uno podría pensar que la cultura clásica choca con las nuevas fórmulas narrativas que pululan por la red (flash, video, audio, contenidos interactivos…) . Nada más lejos de la realidad. Si los contenidos son insulsos y la presentación visual resulta apática es únicamente por la desgana y la dejadez de los directores y responsables, aunque también por una serie de factores transversales en la educación superior. A saber:
- Conservadurismo y endogamia académica: he cursado recientemente la carrera de Periodismo y debo reconocer que existen profesores muy voluntariosos que se esfuerzan por introducir nuevos contenidos, renovar el temario y ampliar las miras del periodismo hacia ámbitos casi inexplorados. Pero son una minoría. Lo que más abunda es la figura del profesor funcionario que repite como una gramola, curso tras curso, el mismo material. Eso sí, se preocupan por aderezar su desgana con paparruchadas apocalípticas del ideólogo de turno (Ramonet, Chomsky…).
- Terror a la empresa privada: otra característica transversal a las instituciones públicas. Vale más tener un churro de página que subcontratarla a una compañía dedicada al diseño web.
- Elitismo: intelectualismo impostado, falsa erudición. Como ha dicho más de una vez Vicente Verdú, los adultos suelen alegrarse al ver a sus hijos leer un libro (aunque este sea una completa tontería, nada educativa) pero se asustan cuando prefieren los videojuegos. Si reaccionan así como padres, ya puede uno prever su resistencia como científicos o expertos en ciertas áreas a la divulgación del conocimiento en fórmulas menos rígidas que el libro o el artículo periodístico.
En Estados Unidos parece que la cosa funciona mejor y abundan los museos y bibliotecas que se preocupan por ir más allá de la agenda, el catálogo y la dirección de e-mail a la hora de plantear su web. Un ejemplo lo tenemos en el site del Smithsonian, que cuenta con una amplia galería de exposiciones virtuales (aunque creo que durante el verano cierran algunas por reformas) exquisitas desde el plano artístico, pero sin descuidar lo más mínimo los contenidos. Si no me equivoco, el diseño es obra de Second Story.
Otras páginas interesantes con las que he dado hace poco son las de la Biblioteca Nacional de Medicina y la Biblioteca del Congreso
En España contamos con una historia dilatada y una tradición cultural envidiable, pero de poco sirve contar con un almacén bien nutrido si no situamos en el escaparate ganchos que atrapen el interés del consumidor. Hoy por hoy, la única institución cultural de peso que cuenta con un servicio muy interesante en Internet -que yo conozca- es el Instituto Cervantes.
El colmo de las paradojas –y aprovechando que se cumplen 70 años del inicio de la Guerra Civil española lo saco a colación- lo encontré explorando una web de la Universidad de Columbia: un proyecto que recoge los dibujos de cientos de niños españoles -curiosamente se encuentran repartidos por varias bibliotecas norteamericanas- y en los que plasman su visión del conflicto.
No. 22. Comellas Ricart, Mercedes. Age 13. Colony: Centro Español, Cerbère Esta escena representa el día de la evacuación cuando al ir a subir al tren vimos a un avión que ya tiraba y tubimos de ir a un refugio de alli cerca.
¿Sería esto posible en una Universidad española? Sí, pero poco probable.
La próxima vez que escuches a alguien una versión de ese tópico de “los americanos no tienen historia”, ponle un ordenador delante y paséalo un rato por las webs que he comentado. A ver qué opina luego.

